Hacia lo desconocido
No lo sabíamos, pero la noche nos tenía reservadas estupendas sorpresas.
En esta ocasión el equipo Mareas Vivas-Por Allí Resopla se desplazó hasta un pesquero que ninguno de sus integrantes había pisado jamás, lo cual siempre aumenta las posibilidades de regresar a casa sin haber tocado escama.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Cada captura, como este bonito sargo que muestra Manolo, es fruto de mucho esfuerzo, en el pesquil y fuera de él...
La idea romántica del pescador playero que permanece inmóvil durante horas frente a su caña no es en absoluto acertada cuando hablamos del Cantábrico, que obliga al pescador a retirarse o avanzar con relativa rapidez en función de las mareas. En esta época de veloces subidas y bajadas del mar, lo dicho resulta aún más evidente. Además, cuando la morralla fuerza la pronta sustitución de los cebos, las idas y venidas del aficionado son constantes, cebando, lanzando y volviendo a cebar. Me gustaría ver en esta tesitura a todos aquellos que se atreven a decir que la pesca no es un deporte.
Cebos y aparejos
La presentación del cebo es la responsable de capturas como ésta...
Con arenícola y tubo, en especial con éste último, fueron realizadas todas las capturas de la jornada. Los aparejos, sencillos, que se enredan menos, con una única y larga gameta. El grosor de ésta es importante, pero no por el recelo que puedan mostrar los peces, y menos de noche, sino porque si utilizamos ramalillos excesivamente finos la corriente nos los devolverá convertidos en un lío inextricable. Pesca más una gameta del 0,35 que presente bien el cebo que una del 0,24 que a cada lance se transforme en un ovillo.
La pesca
Esta preciosa herrera dio a Joseba una magnífica pelea...
Un salmonete de ochocientos gramos es una estupenda captura.
Las herreras hicieron acto de presencia en poco tiempo, entrando la primera al tubo con que Joseba había cebado una de sus cañas. Era un animal precioso, de buen porte y majestuosa librea que, según palabras de su hábil captor, dio una pelea que le hizo pensar en un pez más grande. Una estupenda captura. La primera pieza de Manolo fue un sargo picudo, si no recuerdo mal. Después, ambos pescadores capturaron sargos y herreras que fueron devueltos al mar por ser de escasa talla. Yo clave un presunto sargo, presunto, pues antes de poder verlo escapó dejándome con dos palmos de narices, aunque hay quien sostiene que mi nariz ya medía dos palmos antes. Para que aquella pesca fuera típica de invierno, digna del frío que hacía, faltaba la aparición de unos rojos y bigotudos invitados: los salmonetes. No faltaron a la cita, salieron tres, capturados por Joseba. Dos eran de buena talla, el tercero, sobre los ochocientos gramos, una captura superior dentro de esta especie.
Caliente, caliente…
Finalizada la jornada y habiendo disfrutado de una pesca tan entretenida como tranquila, pues sólo las olas y una preciosa luna llena, nos acompañaban en el pesquil, emprendimos el viaje de regreso a casa, no sin antes recuperar la temperatura corporal perdida llevándonos al gaznate abundante caldo de gallina.
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Jorge Omar Santo Scorpino dijo
Excelente relato amigo Juan !!! Como nos tienes acostumbrado a estos relatos de andanzas de pesca entre amigos sin otro interés que el de pasar gratos momentos entre camaradas !
Gracias por compartirlo !
Saludos desde ARGENTINA.
Jorge Omar Santo Scorpino
20 Febrero 2010 | 12:54 AM