PESCA FONDAL (El barbo)
BARBOS PRIMAVERALES
Rollizos barbos del río Nela
No sólo de trucha vive el hombre, multitud de aficionados de toda nuestra geografía ponen su ilusión y esperanza en un ciprínido excepcionalmente deportivo: el barbo. Hoy hablaré de su pesca con aparejos fondales que, por su sencillez y efectividad, atrae a buena parte de los adictos a este majestuoso animal.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Dónde encontrarlos
Excepcional paraje burgalés para la pesca del barbo
Si sabemos de la presencia de barbos en un río pero no lo conocemos bien, tendremos que buscar zonas donde varias corrientes se unan formando pequeñas cascadas alternadas con remansos. Es bajo estas cascadas dónde come el barbo todo aquello que le regala la corriente. Como lanzar allí nuestros aparejos resultará complicado, lo haremos algo más abajo, no mucho, donde el agua esté más calma. Por allí se darán paseos regularmente nuestros protagonistas.
A fondo
Pescando barbos a tiento, la forma más tradicional de hacerlo, pero hay muchas otras tan apasionantes como ésta.
La pesca tradicional del barbo, la que han practicado tantas generaciones de pescadores, es bien sencilla, en realidad idéntica a la de la trucha a cebo y tan apasionante como ésta. Sin embargo, hoy quiero hablaros de una modalidad también muy practicada y francamente aconsejable por su eficacia y por lo que nos aportará en forma de calma y relax, que de eso nos falta a todos, junto a la orilla del río. Me refiero a la clásica pesca fondal.
El aparejo
Sencillos pero eficaces
Hemos de adecuar aquí los montajes a la forma de comer del barbo, rápida, fugaz, como un relámpago. Dejaremos los aparejos corredizos para peces más calmados y pescaremos con paternóster o plomo de corrido semi-fijo. De esta forma el pez prácticamente se clavará sólo al llevarse el cebo a gran velocidad. Cametas cortas, no más de 40 centímetros, tal vez 50, y anzuelos del 2 afianzarán las capturas. No penséis que exagero con la numeración del anzuelo, el barbo tiene buenas tragaderas.
El cebo
La lombriz no tiene rival en primavera (Foto: Carlos Barberà Sánchez)
La boca y los barbillones del barbo, cubiertos de papilas gustativas, detectan el alimento incluso en aguas turbias sólo con rozarlo.
Primavera, caudales altos, lluvias frecuentes y lombrices arrastradas por los torrentes hacia su fatal destino, la barriga de un barbo. Por eso, en esta época, aunque podemos probar el maíz, queso y otros cebos típicos para el ciprínido, la lombriz de tierra resultará ser un cebo estrella. Además es el único que nos permitirá la ley en muchos ríos por considerarse aguas trucheras. Aunque podemos conseguirlas baratas nada como las recolectadas en la zona, los peces notan la diferencia.
Caña y carrete
Un equipo tradicional y robusto será nuestra elección para esta modalidad.
Dependiendo de nuestro escenario de pesca el equipo ideal podrá variar en muchos aspectos, por eso sólo daré unas nociones generales, cada pescador sabrá si los barbos de su zona requieren cañas más o menos potentes etc.
La caña
El barbo es un pez que tiene una arrancada tremenda, la primera carrera resulta espectacular a pocos kilos que pese el animal, sin embargo, se cansa pronto y solamente los mayores ejemplares nos darán una lucha prolongada. Precisamente por esto nuestra caña ha de ser capaz de dominar al pez y, al tiempo, absorber los embates de tan duro rival. Una acción media, media punta, nos prestará buen servicio siempre que no sea demasiado blanda. El peso de lance rondará los 15-40, barbos pequeños-medianos, o los 40-80, buenos ejemplares y zonas de corriente. La longitud media de estas cañas de pesca a fondo tradicional ronda los tres metros, algo más si precisamos lanzar mucho.
El carrete
Robusto, nuestro carrete tiene que ser robusto y con un freno a toda prueba, a poder ser delantero. Aparte de esto una velocidad de recogida rondando las cuatro vueltas y media de pick up por una de manivela nos dará una buena relación entre capacidad de tracción y velocidad. La línea madre rondará el 0,25 o 0,30 y con que nuestro carrete albergue 150 metros de ésta nos sobra, ningún barbo fluvial va a sacarnos 100 metros de hilo del carrete.
Para terminar
Las horas disfrutando junto a nuestro río favorito no tienen precio.
Como veis es esta una pesca sencilla y relajada, hasta que pica el barbo, claro, entonces la emoción nos hace descargar adrenalina a raudales y regresar a casa completamente relajados. Esto último, y creo que cualquier cardiólogo estará de acuerdo conmigo, previene todo tipo de enfermedades coronarias, salvo el mal de amores, claro está.











cbstres, Carlos para los amigos. dijo
Muy buen articulo Juan, está muy bien explicado y el montaje muy bien ilustrado, resumiendo, muy buen artículo.
Un saludo.;););)
29 Abril 2008 | 02:03 PM