RAYAS DEL CANTÁBRICO
Texto: Juan Urrutia
Fotos: Luis de la Rica y autor
Son numerosas las especies deraya, pez cartilaginoso y pariente cercano de los tiburones, que habitan el Atlántico Norte, incluyendo el mar Cantábrico. Sin embargo su captura suele ser accidental, caen en engaños destinados a otros peces y son responsables de muchas picadas de infarto, pues algunas alcanzan grandes tallas, que no llegan a buen término, saldándose con un aparejo roto y un pescador que se preguntará siempre qué fue lo que partió el sedal.
Cómo pescarlas de forma habitual
No es sencillo encontrarlas con frecuencia, más bien todo lo contrario.
Sencillamente, no se puede, no resultaría productivo, por muy apetecible que sea su carne, dedicar nuestras jornadas a la pesca de la raya. Sin embargo hay lugares donde su captura esporádica puede darnos emoción a raudales y, si conocemos uno de esos sitios, podremos adecuar nuestros aparejos y equipos para que, en caso de engañar algún ejemplar, podamos llevarlo a tierra.
Dónde encontrarlas
La curiosa ubicación de este escenario permite lances hacia la playa, descansarán los aparejos en zonas poco profundas.
En el fondo del mar, matarile, matarile… Nunca mejor dicho pues se trata de un animal claramente ligado al lecho marino donde, lógicamente, encuentra alimento. Prefiere zonas arenosas y es durante la noche cuando se acerca a la costa hasta lugares de muy escaso calado. Es posible que pensemos que en un metro y medio de agua y a escasos diez o veinte de la orilla resulte imposible hacerse con un pez de cinco o diez kilos de peso, pero ahí está la raya para demostrarnos lo contrario. Será en estos lugares, durante las primeras horas de la pleamar, cuando nuestra protagonista se acercará
a la orilla en busca de gusanos, moluscos bivalvos, pequeños peces e incluso carroña.
Los cebos
Qué decir de la sardina, lo mismo vale para una mojarra mediokilera que para una raya de seis kilos, como es el caso.
Así como la raya no destaca por su gran vista si lo hace por un extraordinario sentido del olfato y se sentirá atraída por cualquier cebo de origen cárnico. Entre estos destacan las grandes gusanas como el cordel y el americano. También moluscos sin valvas como la navaja y los mejillones nos darán resultado así como la universal sardina. Utilizando estos cebos, mientras esperamos a la raya, nos entretendrán sargos, congrios, lubinas y otros peces.
Equipo y aparejos
Los nervios templados de Luis, consumado pescador de congrios, jugaron a su favor, peleó la pieza con calma, sin precipitarse, hasta que vencida enseñó lapanza
Resulta habitual el uso de equipos muy potentes cuando pescamos desde playa o espigón, más por la necesidad de lanzar grandes pesos que por las posibles capturas de talla. A consecuencia de esto nuestra caña habitual de surfcasting y su correspondiente carrete nos servirán a la perfección, el cambio más importante estará en las gametas y en la línea madre. Respecto a las primeras, debido a los dientes de la raya, planos y altamente abrasivos, aumentaremos su grosor llegando al 0,35 o 0,40 para evitar roturas. Si compaginamos esta pesca con la del congrio –posible en playas mixtas o con roquedos cercanos- el terminal de acero nos vendrá de perlas y podrá caer cualquiera de las dos especies indistintamente. En cuanto a la línea madre, al no vernos obligados a realizar grandes lances para alcanzar nuestro objetivo, prescindiremos del puente de línea y usaremos los mismos grosores que los aconsejados para las gametas. Los aparejos casi no hace falta ni describirlos, os he hablado de ellos cientos de veces: el clásico plomo corredizo o, si lo preferimos, el paternóster con gameta larga para que el cebo repose cerca del fondo, cosa imprescindible en esta pesca.
Precauciones
A la hora de cobrar una pieza deberemos tener varias cosas en cuenta:
Si tritura, almejas, berberechos y navajas da miedo imaginar lo que haría con un dedo, no os fiéis de su apariencia, es extremadamente dura.
-Las diferentes especies de raya se alimentan, entre otras cosas, de almejas que trituran con su potente dentición. Mantened las manos lejos de su boca si no queréis perder un dedo.
Mucho ojo con estas espinas, inoculan una neurotoxina paralizante, tened en cuenta que, una vez fuera del agua, sacudirá la cola con idea de heriros.
-Además de la pastinaca (raya aguijón), que puede incluso causarnos la muerte (si pescáis una raya con un único y largo aguijón en la cola cortad el hilo), casi todas las demás especies poseen aguijones venenosos desde el final del cuerpo hasta la punta de la cola. NUNCA las cojáis por la zona caudal. Su veneno es neurotóxico –ataca al sistema nervioso- y paralizante. En caso de picadura aplicad todo el calor que podáis soportar en la zona afectada el máximo tiempo posible. Esto inactiva la toxina, luego acudid al hospital más cercano sin demora. Los efectos son similares a los de un anestésico local, durmiendo y privando de capacidad sensorial a la zona afectada. Durante la realización de este reportaje yo mismo pude experimentar lo antes descrito pues en el momento de sacarla del agua –lo cual las olas hicieron complicado al tiempo que me ahorraron la necesidad de ducharme- una de sus espinas me rozó el dedo de forma casi imperceptible y, a pesar de notar mucha mejoría tras aplicar calor, tuve el dedo corazón de la mano derecha dormido durante dos días.
Esta es la forma correcta de sujetar una raya, como de costumbre, el pez ha salido más favorecido que yo…
Visto que no se la puede coger por ningún lado y que sus aletas, única zona libre de peligro y comestible del animal, están cubiertas de un moco extraordinariamente resbaladizo… ¿cómo cobramos la pieza? Tras los ojos, frente a las hendiduras branquiales, tiene dos orificios, introduciremos por ellos los dedos y la izaremos de esta manera manteniéndola lejos de nuestro cuerpo. Esta tarea es mejor realizarla con guantes pues algunas especies también disponen de aguijones cercanos a esta zona. Sin embargo una sacadera de generosas proporciones –similar a las usadas por los carpistas- o un bichero serán las opciones más seguras.
Para terminar os diré que, a pesar de ser un manjar, no merece la pena llevarla a casa salvo que dispongamos de un lugar adecuado para limpiar el pez sin poner la cocina perdida de moco y arena, además de un afiladísimo arsenal de cuchillos para cortar la, más que dura, piel de la raya y despellejar los filetes. Si decidimos quedárnosla, sazonada, pasada por harina y bien fritita disfrutaremos del inconfundible sabor de sus carnes suaves y ligeramente dulzonas. Existen varias recetas muy populares según regiones, como la raya al ajoarriero en Asturias, pero eso ya es otra historia.
Por otra parte, la escasez de determinadas especies hace muy recomendable el captura y suelta.











Carlos barberá - cbstres dijo
Enhorabuena por esta maravillosa e inusual captura, que será lo próximo que pescarán estos maestros de la pesca?
Un saludo.;););)
9 Febrero 2008 | 02:02 AM