ANJOVAS Y PALOMETONES EN EL DELTA DEL EBRO
Hoy tengo el honor de ofreceros de mano de tres grandes pescadores el relato de unas magníficas jornadas de pesca tras anjovas y palometones en el delta del Ebro. El buen hacer, la emoción que sienten por este deporte y el compañerismo quedan patentes en este fenomenal relato por el que, desde esta página, no puedo hacer otra cosa que mostrar mi admiración. Gracias a los tres por compartir vuestras experiencias con nosotros de forma totalmente desinteresada.
Juan Urrutia

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Antonio Benito: ocho años miembro del Equipo Nacional de Pesca a Mosca. Le veréis más abajo cobrando un estupendo palometón.
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Rafael Balaguer: compañero de Jordi Cabrera con el que comparte galardones y excelente fotógrafo del siguiente reportaje.
Tengo que deciros que este año ha sido el peor de cuantos llevamos en esta decreciente zona, el mal llamado "paraíso de la pesca", el delta del Ebro.
Muchos habéis venido con grandes esperanzas de encontrar el pez de vuestra vida y os habéis ido con gran decepción al no hallar tan dichosa recompensa. Sé lo duras que son las jornadas aquí, la tan peligrosa desembocadura y los vientos siempre constantes. Muchos días sin poder salir al mar aguantando olas vertiginosas quehacen necesariobuen equilibrio de piernas para vencerlas. Pocos habéis tenido la fortuna de sacar un buen palometón o tallhams sin tener buen conocimiento de la zona. Muchos han dejado de venir vencidos por los bolos a que tan acostumbradosestamos los habitantes de la zona. A todos vosotros quiero deciros que la constancia tiene recompensa.
Este puente había decidido que nada ni nadie me podría quitar el gusto de poder salir sin problemas a pescar, me equivoque, el tan afamado viento del norte ha hecho que nuestras salidas se redujeran a tres. Aprovechamos esta tregua y salimos a combatir con olas de mar de fondo, no sin peligro para la tripulación y mi embarcación, quien ha estado por la zona sabe a lo que me refiero.
A primera hora de la mañana del jueves, decididos a todo, desistimos al ver que no existía salida al mar, todo era espuma y olas que rompían, relegadas a custodiar la salida, nos toco bailar con la mas fea. Nada que comentar salvo la tímida persecución de una anjova. Por la tarde calmó y deseosos de capturas salimos con dificultad.
En alguna zona el mar estaba alborotado y buscando refugio de una persistente mar de fondo nos fuimos en dirección sur, a resguardo de la tramontana. Allí encontramos algunos peces que querían jugar, persecuciones varias y a la hora que Dios quiso bendecir....zaaaaaaaas silba el hilo por las anillas y un carrete que suena a todo trapo.Tras una carrera para y nos brinda unos bonitos saltos, es una anjova y la caña se abate para poder vencerla.


Aún no nos habíamos recompuesto de la última captura y suena otro carrete, esta vez el de un compañero, la carrera no es muy larga pero si esperanzadora, vemos el lomo de un palometón aunque no es de los que buscamos, sin dejar de pescar siento un fuerte tirón y me agarro fuertemente a mi HM para no perderla, mientras mi compañero cobra la pieza yo presento batalla a mi rival, abajo, en la foto, podéis ver mi caña doblada.



El viernes más de lo mismo, la mañana transcurre en un embravecido río y no hablemos de la desembocadura, imposible hasta con el marino mas osado, nos retiramos hasta una milla arriba y allí vemos un espectáculo de lisas huyendo y saltando, pienso..."a lo mejor se han escapado los leones del circo".No les faltaba razón parahuir, les iba la vida en ello, varios palometones entre ellos uno de pronostico reservado estaban acechándolas y cuando los depredadores están ciegos en algo se acabo lo que se daba, nada quieren de nosotros. Esperando a que amainase desembarcamos hasta las cuatro de la tarde, momento en que salimos por la desembocadura con poca dificultad, solo podíamos esperar que nos saliera como la jornada anterior. En pocos minutos muchas persecuciones y mi compañero clava uno, la arrancada es espectacular y en su expresión queda patente la fuerza que ejerce, sin lugar a dudas es un palometón.
No tenemos mas opción que batirnos en retirada al carecer de sol, ya que la oscuridad no es buena compañera para la travesía que nos espera. Cierto, un mar de espantose nos avecina.Sin ver la entrada al ríopor ninguna parte nos aventuramos en un viaje no apto para cardiacos. La dificultad con que entramos al río es para no olvidar que, aunque somos apasionados de este deporte, LA VIDA es más importante. Jamás olvidare la lección que aprendí en tan interminables minutos. Los asistentes al evento nos miran atónitos, mi embarcación es una leal compañera y nos trae de vuelta a casa sanos y salvos.

tardamos interminables minutos en hacerle cambiar de parecer y convencerle deatendiera a nuestra invitación. El cansancio es patente en el bicho, me refiero al palometón, claro. Yo mismo recuperé del mar a tan esplendido contrincante















