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La Coctelera

¡ POR ALLÍ RESOPLA!

25 Mayo 2007

LANCE LIGERO

LA TRUCHA DE LAGO

Solos al atardecer. Una inmensa sensación de

libertad nos embarga, y también hacienda si no

pagamos.

Todo el norte de España está salpicado de pequeños embalses de montaña que abastecen de agua a pueblos cercanos. Lo normal es que sus poblaciones ictícolas sean las mismas de los ríos que los proveen del líquido elemento. Es decir, piscardos, bermejuelas, barbos, trucha común –muy poca- y, finalmente, arco iris de repoblación. La dificultad de la pesca en estos lugares no radica, por tanto, en engañar a peces recelosos sino en localizarlos. Una vez hecho esto tenemos el 80% del trabajo hecho. Los alicientes de esta pesca son, básicamente, el disfrutar de un entorno privilegiado rodeados de robledales, hayedos y peñas desde las que nos vigilarán un buen número de rapaces —ojo, en cierta ocasión un águila real se lanzó contrauna ondulante plateada que surcaba el aire arrepintiéndose en el último instante y a tal velocidad que no me dio tiempo a reaccionar— y la posibilidad de medirnos con truchas de buena talla que, si llevan mucho en libertad, pueden sorprendernos con una pelea propia de peces de mucho mayor porte. Vamos, esta es una pesca sin excesivas complicaciones pero divertida y dinámica.

¿DÓNDE ESTÁN?



Teniendo en cuenta que en la mayoría de nuestras aguas no se reproduce, el captura y suelta es una buena medida si queremos que, con el tiempo, podamos enfrentarnos a ejemplares crecidos que pongan a prueba nuestros nervios y experiencia.

En primavera recorrerán las orillas, a no más de veinte metros de distancia, en busca de comida y podremos pescarlas a cualquier hora. Si ya ha llegado el verano la cosa se complica, sólo se comportarán así al amanecer y, en menor medida, al anochecer. Tendremos entonces que buscarlas con señuelos que profundicen rápido -los peces estarán cerca del fondo-y se manejen despacio, inmejorables para esto las ondulantes o, en su defecto, giratorias de pala ancha -tipo colorado-de al menos ocho gramos de peso. Esto es muy general y, sabiendo que estamos a la hora adecuada y con el señuelo correcto, las buscaremos de forma activa a base de patearnos todo el pantano si hace falta.

SEÑUELOS

Peces nadadores para truchas recelosas y con

antigüedad en el embalse. Ideales para aguas

someras al amanecer.

Cucharillas aptas para cualquier situación

y con capacidad para profundizar bastante.

Cucharillas con “ornamentos” que atraerán

a las recién repobladas.

No es necesario complicarse la vida. Si sabemos que fueron repobladas hace tiempo unas imitaciones de los pequeños ciprínidos del lugar nos irán bien. De no ser así peces artificiales que les llamen la atención color naranja o fire tiger en tamaños de cinco a ocho centímetros darán con alguna trucha en tierra. Lo más cómodo y económico, sin embargo, son las clásicas y siempre efectivas cucharillas. Serán del número tres, plateadas, plata con puntos rojos, librea trucha arco iris y algún color tipo amarillo o con pequeños faldones de pelo rojo. Siempre, eso sí, de pala ancha pues, al tiempo que emite más vibraciones que otros modelos, podremos recogerla con la suficiente lentitud para que las vagas y panzonas iris no fallen ni un ataque.

LA PELEA Y EL EQUIPO

Un ejemplar como este, que pasa holgadamente el kilo, nos hará disfrutar de lo lindo. Todo un lujo si el entorno acompaña.

En cierta ocasión, hace ya bastantes años, enganché una ondulante de treinta gramos color caballa, destinada al lucio, en un tronco. Cuando tiré del hilo para partir el nudo el “tronco” se empezó a mover lentamente y, tras un buen rato de incertidumbre durante el cual no sabía si ganaría el pez o yo, asomó una arco iris de poco más de un kilo. Quedé asombrado, un pez de kilo a punto de doblegar mi caña luciera de 15-40 gramos de peso de lance y sacando hilo de tal forma que me costó lo suyo ganarle terreno. Era preciosa. El lomo verde oscuro punteado, los flancos irisados como si fuera un ejemplar salvaje del río Yukón y qué bravura... Obviamente llevaba mucho en el pantano. Si tenemos la suerte de atrapar una de esas feroces truchas no olvidaremos fácilmente la lucha con tan noble y brioso animal. Lo habitual, todo hay que decirlo, es que las capturas no den tanta guerra, salvo que sean grandes y hagan “cantar” al carrete sacando unos cuantos metros de hilo, sin embargo, se les cansa con relativa sencillez pues les falta la inteligencia instintiva y el conocimiento de su entorno necesarios para ponernos las cosas difíciles escapando hacia aquellas raíces sumergidas o rozando el hilo con esa roca que no vemos. A pesar de ello es una pesca entretenida.

Elequipo apropiado nos ayudará a cansarnos
menos y a disfrutar más de cada captura. Un detalle, la costera, aunque practiquemos el captura y suelta al 100%, nos será muy útil. Yo la he reconvertido en medio de transporte para cámara de fotos, bocadillo, un pequeño termo o botellín de agua y el imprescindible botiquín.

Respecto al equipo, nada más sencillo, caña de lance ligero de 5 a 20 gramos de peso de lance o de 10 a 30, si sabemos de la presencia de truchones, que tenga una longitud de dos metros diez. Más larga nos cansará durante una jornada en la que realizaremos cientos de lances y más corta nos restará capacidad de maniobra y metros en el lance pero tampoco pasa nada por usar una de metro ochenta, según gustos.

El carrete, ligero, con un ratio de entre 4,5-1 y 5-1, mejor no demasiado rápido pues nos haría incómodo el manejo relativamente lento del señuelo necesario en esta pesca. Por lo demás un buen freno, delantero o trasero pero progresivo, que no usaremos sedales muy gruesos, completa los requerimientos del carrete apropiado. Cargaremos la bobina, que tendrá capacidad de unos cien, ciento cincuenta metros de hilo, con monofilamento de entre el 0,18, si necesitamos hacer largos lances y las truchas son recelosas, y un buen 0,22 en caso contrario.

No es frecuente que en las pequeñas poblaciones cercanas, a veces deshabitadas, encontremos bares y restaurantes, en ocasiones ni siquiera una fuente, así que llevad de todo: agua, comida, móvil y cámara de fotos para recordar la jornada y presumir con los amigos si hay capturas. No está demás ir acompañado pues debido a la

altitud y presencia montañosa en ocasiones no tendremos cobertura y si ocurriera algún percance...

Hasta aquí unas ideas generales sobre una pesca entretenida y que nos hará bajar esos kilos de más recorriendo el perímetro de estos pequeños embalses rodeados, normalmente, de una naturaleza exuberante y autóctona que procuraremos siga así evitando dejar huella de nuestro paso en forma de basura, sedal usado —muy peligroso para las aves— y otras sorpresas desagradables que a veces nos encontramos hasta en los lugares más paradisíacos.

Buena pesca.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Luis de la Rica y autor

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