BARBOS CON VELETA
Existen infinidad de maneras de pescar barbos: a fondo, a mosca, con aparejo de tiento e incluso haciendo uso de señuelos artificiales en caso de los comizos y, en lugares muy concretos donde abunda la minitalla y los barbos tienen una talla media muy alta, también podremos capturar así algún común. Pero si hay una modalidad apasionante y tradicional para capturar a éste bravo ciprínido endémico de la Península Ibérica, esa es la pesca con veleta o flotador en corrientes.
Casi todos los ríos donde el barbo está presente cuentan con buenos ejemplares. Lo complicado es encontrarlos. Los barbitos juveniles de no más de doscientos gramos se encuentran por todas partes pero si queremos disfrutar de emociones no aptas para corazones delicados lógicamente buscaremos piezas que, por lo menos, superen el kilo. Dado que el protagonista del presente reportaje tiene buenas tragaderas desde joven y la técnica en cuestión no es demasiado selectiva resulta fundamental que en la zona haya ejemplares de cierta talla. Afortunadamente juega a nuestro favor el hecho de que nuestro objetivo se mueve en grupos de ejemplares de más o menos el mismo tamaño facilitándonos la tarea de capturar varios peces de buena medida en un mismo tramo del río. Ojo, si nos dejamos ver, aunque aparentemente no se asusten y sigan comiendo con normalidad, lo más probable es que nos desesperemos viendo como hermosos barbos nadan cerca de nuestro cebo sin hacerle caso. Lo dicho, sigilo, movimientos poco aparatosos y ropa discreta de colores que se confundan con el entorno.
Aunque es cierto que hasta conocer bien el río no daremos con esos lugares que pronto se convertirán en “nuestros santuarios secretos” por el tamaño y abundancia de las piezas que albergan, si seguimos unas sencillas pautas tendremos más posibilidades de éxito. Buscaremos zonas de cierta profundidad y bastante corriente donde el agua forme remolinos –allá donde confluyan dos corrientes debemos probar sin dudarlo- y arrastre buena cantidad de alimento. Es importante que en el lugar abunden rocas, a veces no visibles pero que se intuyen por la forma que toma el agua al pasar por ellas, de tamaño y características adecuadas para que puedan servir de escondrijo a nuestro desconfiado amigo. Por supuesto, en el fondo de las grandes y profundas pozas pueden esconderse animales de esos que te hacen temblar las piernas con sólo verlos.
El equipo es sencillo y económico. No requeriremos de mucho más que una caña, mejor telescópica para llevar el aparejo montado y por su facilidad para plegarla sin desmontarlo en caso de querer trasladarnos a otra zona de pesca, de entre 2’70 y 4 m, la menor para ríos pequeños y viceversa.
La caña ideal tendrá entre 10-30 y 15-40 gramos de peso de lance, aquí valoraremos la talla media de los barbos, y será de acción media o media punta. Es decir, lo suficientemente rígida para dominar bien al pez pero que tenga cierta elasticidad que absorba los últimos tirones cuando ya lo tengamos cerca. Respecto al carrete, mejor si es rápido 5-1 de ratio aproximadamente, con capacidad para 150 metros de monofilamento del 0´30 y un freno muy progresivo. Si además es ligerito, mejor, podemos pasar muchas horas caña en mano.

Utilizaremos un sencillo aparejo de flotador fijo. En la mayoría de las ocasiones, es raro que pesquemos en lugares más profundos que nuestra caña y lo habitual es que no superen el metro y medio o los dos metros de profundidad.
La gameta tendrá un grosor aproximado de 0,25 centésimas. El fluorocarbono va muy bien pues, a parte de ser muy discreto bajo el agua, su resistencia a la abrasión nos vendrá fenomenal cuando el barbo en su potente lucha roce el bajo contra los cantos del fondo.
Resultará imprescindible para ver bien la picada que las veletas o flotadores vayan provistas de una antena fácilmente localizable en la corriente por su longitud y color. El gramaje de éstas variará en función de la fuerza del agua estando los más adecuados entre cinco y diez gramos.
Aquí está el meollo de la cuestión. Lanzamos el aparejo, cebado con lombriz, río arriba, tensamos el hilo ligeramente, observamos con atención como baja y de repente ¡zas! La veleta se sumerge con brusquedad y nuestra caña se flexiona peligrosamente, el carrete comienza a cantar... sí, es un barbo de casi dos kilos. Nos regala una primera carrera absolutamente frenética que nos deja temblando. Si conseguimos controlar los primeros embates el trabajo está hecho, casi es seguro que nos haremos con él. Luego lo reanimamos, al agua y a por el siguiente. Es esta una pesca divertida, dinámica y emocionante. Si la probáis una vez os engancharéis para siempre.
Con el barbo el captura y suelta es una obligación porque es uno de los pocos endemismos ibéricos que aún son bastante abundantes en algunas zonas y debemos velar porque siga siendo así. Por otra parte, aunque su carne es rica, contiene tal cantidad de espinas que comerlo, si no eres una nutria, puede resultar un auténtico suplicio.
Fotos: Vanesa Romero y Juan Urrutia
Texto e ilustración: Juan Urrutia
Qué mejor para ponernos los dientes largos después de un reportaje de pesca que unos videos sobr nuestro protagonista: el barbo y su pesca.
En el primero podremos contemplar el bello espectáculo que representa la freza de este bravo ciprínido.
Para los aficionados a la cola de rata va este video de final un poco escatológico sobre la pesca del barbo extremeño.
Por último veremos la captura de varias especies, entre ellas buenos barbos, pescados con un aparejo similar al descrito en el reportaje.











domingo manuel benitez guerrero dijo
ola soy un pescador de carp fishing de talavera la real
4 Marzo 2008 | 08:17 PM