LOS VIEJOS SEÑUELOS NUNCA MUEREN
Peces artificiales con diseños holográficos, con bolas de tungsteno en su interior que emiten atrayentes sonidos, cucharillas con ojos móviles, vinilos que huelen a pescado, saben a pescado y tienen la misma consistencia que un pez-presa, minows que permanecen inmóviles a medias aguas al detener la recogida, muestras que en el agua nos cuesta diferenciar de los auténticos peces...
La industria de los señuelos crea cada día artilugios más complejos, realistas y... caros, como no. Sin embargo ¿pescan más? ¿Han dejado de pescar otros artificiales pasados de moda?
La respuesta a estos interrogantes podría originar controvertidas disputas entre pescadores. Yo os expongo mi opinión que, por supuesto, puede estar más o menos equivocada porque se basa en mi experiencia personal, y no en sesudas reflexiones extraídas de alguna enciclopedia, pero si os aseguro que algo de verdad encierra.
Sí, muchos modelos de antiguos señuelos se parecen tanto a un pez como yo a Ben Affleck. Pero si nos fijamos bien en el agua su comportamiento, la forma en que navegan hace que se vean de manera muy distinta. Podemos compararlos con esas modernas cucharillas color trucha: su pala al girar desdibuja la librea truchil haciendo que ésta sólo sirva para “pescar” al pescador en la tienda y si nos entra algún pez será por las vibraciones, los destellos, la territorialidad o mil cosas más pero no porque el pez la haya confundido con un alevín de fario. Asimismo, la natación de muchos artificiales que, lamentablemente ya casi no encontramos, como el legendario HI-LO de Abu Garcia, era tremendamente pescadora. Es un claro ejemplo de señuelo pensado para pescar no para vender.

Las formas de muchas muestras que hace años dejaron de venderse, a causa de no ser visualmente atractivas para el pescador, pueden parecernos inverosímiles pero producen vibraciones –fundamental con la trucha y el lucio- terriblemente irritantes para los depredadores como es el caso de los viejos señuelos Bete de la casa Finlandia Uistin predecesores del archiconocido minow spin de Rapala pero con varias ventajas sobre el mismo. Se lanzaban como un cohete, nueve gramos para tres centímetros y medio, además de la cucharilla el pez tenía una llamativa acción natatoria y podía manejarse a velocidades bastante bajas, imprescindible con aguas embalsadas y frías o pescando lucios.
Una interesante cucharilla que, a simple vista, parece un engendro incapaz de pescar un renacuajo es la Li’l Jake de la casa norteamericana Jake’s. A caballo entre una ondulante y una giratoria se lanza tan bien como la primera y se parece más, en su acción, a la segunda. Aparentemente es un trozo de metal muy similar a un cortaúñas pero en realidad resulta ser una maquina de sacar truchas. Solamente tiene un fallo: carece de argolla o emerillón al que atar la línea y si lo hacemos directamente en la sencilla perforación que trae a tal efecto, no sólo retorcerá el sedal con su vibrante girar, sino que además el roce del nylon con los escasamente pulidos bordes del agujero terminará por cortarlo si la tensión es mucha. Cómo solucionarlo, muy sencillo, con atar un quitavueltas con llaverito al extremo de la línea mataremos dos pájaros de un tiro: ni retorcimiento ni rotura del sedal.

Son sólo unos pocos ejemplos de señuelos que probablemente pesquen, por lo menos, tan bien como los modernos e innovadores artificiales fabricados en Japón o EE.UU con las últimas técnicas... en atrapar pescadores. La próxima vez que paséis por un comercio de pesca, de esos de toda la vida, y veáis un par de señuelos polvorientos, de aspecto tosco y extraño, dadles una oportunidad. Seguramente os salgan muy baratos –puede que hasta os regalen alguno si compráis varios- y es probable que os sorprendan.
Buena pesca.
Fotos: Luis de la Rica y Juan Urrutia
Texto: Juan Urrutia













Luis dijo
Que pasada de articulo las fotos estupendas y el Barbudo un fanatico de la pesca.
19 Enero 2007 | 09:32 PM