TRUCHAS DE INVIERNO
Si en estos meses polares pretendemos pescar truchas no tenemos más remedio que recurrir a los intensivos. Ya hemos hablado de ellos de una forma general, y ahora voy a intentar dar unas pautas para que, especialmente los amantes del lance ligero, disfrutéis al máximo de estos lugares. Para eso habréis pagado y qué mal sabe pagar por nada.
Es cierto, en ocasiones no hace falta más, la cuestión es con qué y por qué.
Si las truchas llevan poco tiempo en el lugar —no olvidéis preguntar al guarda— mal asunto amigo cucharillero. No reconocerán el alimento natural que pueda haber en la zona como larvas, alevines, insectos, cangrejos… y para colmo no nos enfrentaremos a peces ágiles que cacen hábilmente nuestro señuelo. Incluso puede que las cucharillas giratorias de toda la vida vayan algo rápidas para las arco iris recién llegadas. Una vez hayan pasado cierto tiempo en el río —si éste dispone de fauna que pueda alimentar a las truchas— serán más briosas, e incluso algunas, selectivas. Pero vamos al meollo del asunto. Qué señuelo nos conviene. Sin dudarlo la cucharilla ondulante. Por una parte se puede manejar muy despacio y por otra excita como ningún otro señuelo el instinto depredador de la arco iris aunque la misma no haya aprendido aún lo que es una presa.
Aunque prestigiosas marcas de señuelos han sacado al mercado pequeñas ondulantes para trucha tienen dos fallos:
El primero es que son algo caras, alrededor de cinco euros.
Y el segundo, de vital importancia, no es otro que la dificultad para encontrarlas. He recorrido infinidad de comercios sin resultado.
Como la idea de éste artículo es facilitar las cosas al pescador, os recomiendo las Evy de toda la vida, distribuidas por Evia. Sí, esas que tan bien van para pescar chicharros y lubinas, pero, en sus tamaños inferiores, es decir, de tres a seis gramos. Todo depende de la profundidad a la que debamos pescar y del tamaño medio de las truchas.
Deberemos hacerlas “bucear” muy cerca del fondo y lentamente, a la mitad de velocidad de recogida de una cucharilla clásica. Así de sencillo, con este proceder no dejaremos zona susceptible de albergar una trucha sin inspeccionar. Si vemos que los peces están en buenas condiciones físicas y muestran gran actividad podremos acelerar la recogida gracias a que la ondulante es un señuelo que, varía, pero no pierde acción si alteramos el ritmo al que la recogemos. Podemos clasificar su comportamiento bajo el agua —puede usarse en superficie, pero eso requeriría otro artículo— de la siguiente manera:
Recogida muy lenta: Si es un buen producto se bamboleará ligeramente provocando al pez más apático.
Recogida lenta: gira sobre si misma.
Recogida media: imita la natación de un pez.
Recogida rápida: igual a la anterior pero muy exagerada. (Con la trucha de repoblación suele ser poco productiva.)
Respecto al equipo nos servirá cualquiera de lance ligero o mejor ultraligero con las siguientes características:
La caña no ha de ser demasiado blanda ni el carrete excesivamente rápido.
El peso de lance ideal depende del señuelo que nos convenga usar e irá desde los dos-diez a los cinco-veinte gramos. Cierta rigidez en la caña nos ayudará a realizar lances impensables con las cucharillas convencionales y el carrete con un ratio de cuatro con cinco o como mucho cinco vueltas del pick up por cada giro completo de la manivela nos facilitará las recogidas lentas.

En lo que al lance ligero se refiere sólo me queda recomendaros cambiar las poteras originales de las Evy por anzuelos simples de carbono y un poco más grandes. Si estáis en un intensivo y queréis llevaros un par de truchas notaréis que se escapan bastante menos incluso cuando salten fuera del agua cabeceando con las fauces abiertas. Si por el contrario deseáis liberarlas os será mucho más fácil el desanzuelado.
Aquí el tema se complica, las moscas no emiten vibraciones, ni —normalmente— destellos. Son más complicadas de localizar por las truchas vagas y excesivamente acostumbradas a alimentarse como si fueran peces de acuario.
Para solucionar los problemas anteriores y el añadido de que deberemos pasear nuestras imitaciones cerca del fondo, nos valdremos principalmente de streamers de materiales vistosos y con mucha movilidad como el marabou, el cristal flash o las tiras de conejo. Las cabezas de epoxi serán una buena opción para un lastrado eficaz a la vez que atractivo si mezclamos la resina con purpurina de diferentes colores para simular el brillo de las escamas de un alevín.
Manejaremos las imitaciones dando cortos tirones no demasiado rápidos, pues cuanto más esté el señuelo en el agua mayores serán sus posibilidades de que alguna trucha lo detecte y se vea encandilada por sus atractivos colores y movimientos.

Si acudís a uno de estos lugares de esparcimiento piscatorio con equipo de cola de rata no olvidéis unas secas de conjunto pues antes de que el frío acabe con la presencia de insectos las podremos ver cebarse al mediodía haciendo las delicias -si el entorno acompaña- de cualquier adicto a la pesca en superficie.
Fotos: Luis de la Rica y Juan Urrutia.
Texto: Juan Urrutia.











Gabriel Garate dijo
Me ha encantado tu reportaje, y tu página web, es fabulosa.
No dudaré en recomendarla.
Ánimo.
15 Noviembre 2006 | 08:37 PM