CAPTURA Y SUELTA EN EL MAR
Dos amigos de mi padre me enseñaron a pescar hace ya unos cuantos años. Uno de ellos, marino de profesión, fue mi instructor en lo que a ética del pescador se refiere. Me dijo que debía guardar una distancia prudencial respecto a otros compañeros de afición, respetar el pesquil de los demás aunque ellos estuvieran sacando peces y yo zapatos viejos —cosa que muchos deberían aprender— y también devolver al agua a los peces pequeños. Entonces eso del captura y suelta no era muy popular. Hoy día sigo haciendo caso de los consejos de mi maestro con una salvedad: casi siempre libero, además de a los peces pequeños, a los grandes.
Es cierto que practico la pesca sin muerte con mayor seriedad en el río —me he llevado a casa cuatro truchas contadas en diez años— que en el mar, aquí tengo establecida mi propia talla mínima que es de medio kilo y todo lo que sea inferior vuelve a nadar. Sin embargo cuando pesco en mi querido Cantábrico vuelvo a hacer uso de las sabias enseñanzas de quien fue mi mentor y utilizo ciertos trucos para evitar dañar a los pezqueñines.
Lo primero que hago es usar anzuelos que por su tamaño no puedan ser ingeridos por peces de menos de cierta talla —aunque algunas lubinetas pueden sorprendernos con lo que son capaces de tragar— y lo segundo, siempre que pesco con gusanos, sean del tipo que sean, es ensartarlos en anzuelos de tipo aberdeen. Estos, por la largura de su tija, son mucho más sencillos y rápidos de desanzuelar, aumentando las posibilidades de supervivencia del animal si vamos a devolverlo al agua.
Otra posibilidad, muy adecuada para cebos varios como el jibión, la sardina y demás carnadas no gusaniles, es la de pescar con anzuelos de relativamente gran anchura. Me refiero a que la separación entre la tija y el arponcillo sea considerable. Con este procedimiento evitamos que el pez trague el engaño hasta el estómago —fundamental con la lubina y con sargos de talla— lo cual causaría con total seguridad la muerte a nuestra captura al cabo de horas o días de ser devuelta a su medio.
Aunque los pescadores de mar estamos cada vez más mentalizados de que no hay que llevarse todo a casa, especialmente si ese todo son juveniles de sargo, lubina o erla de quince centímetros, muchos desaprensivos salen exclusivamente a por ellos. Es evidente que son más sencillos de capturar:
Se encuentran en aguas someras, no recelan del aparejo por tosco que este sea y se alimentan frenéticamente, necesitan crecer rápido para no ser devorados y además están desarrollándose. Quien se aproveche de las circunstancias descritas para llenar la cesta de alevines usando artes destinadas sólo a capturar peces pequeños, personalmente, no creo que pueda llamarse a si mismo pescador.
Es fundamental, si queremos seguir pescando en el futuro, que devolvamos al mar todo lo que no vayamos a consumir y, por supuesto, lo que no de la talla. Para qué queremos quince sargos de medio kilo. A no ser que tengamos otros tantos hijos, dos o tres nos sobrarán y los vecinos, amigos, el primo Paco etc… si quieren pescado fresco que aprendan a pescarlo.













Jorge Omar Santo Scorpino dijo
Juan: Me Encantó este artículo ya que por su contenido Altamente Técnico/Ecológico nos refresca el como debemos cuidar a la fauna marina ( que tanto lo necesita ! ) y del uso adecuado de cada tipo de anzuelo de acuerdo al tamaño del pez. Muy Bueno y estas son cosas que merecen ser leidas Por Muchos !!! que descuidan la vida silvestre.
Saludos !
Jorge Omar Santo Scorpino
ARGENTINA
3 Marzo 2010 | 03:39 AM