SEÑUELOS QUE PESCARON Y PESCAN PERO CON LOS QUE YA NO PESCAMOS
Los pescadores somos caprichosos, nos atraen las formas extrañas y los colores brillantes. Los fabricantes de señuelos artificiales lo saben y se aprovechan de ello para llenarse los bolsillos a nuestra costa.
El súper realismo de algunos reclamos solamente es útil en contadas ocasiones. La forma de “nadar”, la semejanza del color con la librea de los peces presa, la habilidad del pescador para dar vida al señuelo e incluso utilizarlo a la hora o en la época apropiada es mil veces más importante. De hecho hay señuelos que siguen siendo efectivos aún cuando por el uso se les han borrado los ojos, agallas e incluso parecen simples pedazos de madera con trazas de pintura. A continuación una pequeña enumeración de artificiales a los que la moda ha dejado injustamente en nuestros trasteros.

Muy sencillo, un pez de madera de balsa unido a una cucharilla. Pesca truchas, basses, lucios y quien sabe que más. Sólo hay que variar el tamaño según la especie que deseemos capturar.
Hace más de diez años que pesqué mi primer lucio con un minnow spin. Por aquel entonces era lo último, llenaba las estanterías de todo comercio del ramo y una revista promocionaba cierto concurso —el premio era un viaje para pescar en Finlandia— que ganaba el que enviase la foto del bass o la trucha más grande pescada con el señuelo en cuestión. Aún conservo unos cuantos que cuido con mimo porque son difíciles de encontrar y tienen buenas cualidades. Se lanzan bien, su manejo es simple, cómodo y lo más importante: pesca. No hace falta ser un experto, recogiéndolo a la velocidad adecuada de forma lineal saca buenas truchas y dando tirones junto con brevísimas paradas los basses se vuelven locos.
En los EEUU se sigue vendiendo, aquí se “pasó de moda”.

Las cucharas ondulantes nunca han sido muy populares en nuestro país, salvo para la pesca de la lubina. La minnow spoon, ya casi no se encuentra en los comercios del ramo y francamente su escasa popularidad debe tener origen en el desconocimiento, porque aquel que la pruebe no podrá vivir sin ella.
Manejada como un vinilo, concretamente haciéndole dar saltos sobre el fondo (jigging), es verdaderamente mortífera. Lentamente, tan lentamente que otros señuelos perderían su efectividad, la spoon produce un bamboleo, similar al de un pez moribundo, que desencadenará el ataque del lucio más remiso. Desde luego cuando voy a por lucios no falta en mi caja. A gran velocidad se comporta como un pez artificial con una natación muy acusada y recogiendo un poco más despacio girará sobre si misma. Tiene un comportamiento diferente para cada situación, por tanto da igual si los peces están activos o no, siempre acertaremos con este artificial.
A pesar de mi entusiasta descripción de esta cuchara ondulante, para mí la ondulante perfecta, os aseguro que no trabajo para Rapala ni recibo pago alguno por hacerles publicidad.

Otro as para pescar basses y lucios. Con su babero metálico se podía manejar a cualquier profundidad.
Es feo, de aspecto poco natural, brilla escasamente o nada… y sin embargo pesca, saca basses como ninguno de los modernos señuelos norteamericanos o japoneses. La marca finlandesa le dio una natación particular e irresistible para los depredadores.
Tenía un fallo, todo hay que decirlo. A pesar de su elevado gramaje se lanzaba fatal. El peso, localizado en la parte delantera, le hacía girar en el aire y muchas veces se enredaba en el hilo con nefastos resultados. Sin embargo ese fallo, terriblemente molesto, lo compensaba siendo mortal de necesidad las veces que nadaba bien.

Cuando comenzaron a llegar a España los primeros vinilos, recuerdo bien que en las pocas tiendas donde se vendían los presentaban como la octava maravilla del mundo. “Los americanos” los llamaban. Yo era un crío y me quedé maravillado con aquellos twister verdes que sacaban basses como por arte de magia.
Los vinilos de hoy, tienen ojos holográficos, sabor a sopa de champiñones, compartimentos para introducir pastillitas que echan burbujas… pero los viejos twister, sencillos, baratos, y desterrados de las cajas de casi todos los pescadores, siguen pescando. Para mi suponían la salvación, mi maltrecha economía juvenil no podía permitirse otros señuelos más caros. Además eran mágicos, los peces entraban sin pensárselo dos veces a aquellos vibrantes trozos de goma que nunca antes habían visto











Javier García-Egocheaga dijo
Está francamente interesante, sobre todo por la presencia constante de mi querida Ría.
24 Abril 2007 | 12:33 AM