PESCANDO ANGUILAS
Como prometí, hoy regreso con nuevos contenidos. En esta ocasión quiero hablaros de la anguila, tan denostada por unos como apreciada por otros. Es este un pez de hábitos nocturnos que se alimenta de casi cualquier cosa: gusanos, crustáceos, peces, carroña y nosotros debemos adecuarnos a esas costumbres si queremos pescarlo con éxito, lo cual no es demasiado difícil.

Podemos localizar a nuestra escurridiza amiga en ríos, rías y estuarios fundamentalmente. Por lo tanto más que del pez —normalmente no alcanza tallas desorbitadas— elegiremos nuestro equipo en función del lugar de pesca, y por tanto, la corriente, presencia de obstáculos etc.
Lo único que cabe destacar es que al ser la anguila un animal que se guía sobre todo por el olfato y poco dado a recelar, poseedor además de una dentición que desgasta pronto el sedal, podemos subir el diámetro de las gametas hasta un 0,35 o 0,40 sin miedo a que rechace nuestro cebo.

A la izquierda Josu, el rey de la anguila, con un buen ejemplar.
Los cebos que utilicemos para la anguila han de poseer una característica fundamental: un exquisito aroma que resulte irresistible para nuestro objetivo. Entre los clásicos están el hígado de pollo (imprescindible lanzar con suavidad y usar hilo elástico), la lombriz de tierra, el gusano de fango, y en aguas salobres cualquier políqueto de la zona.
Podemos utilizar el aparejo de plomo corredizo de toda la vida o un pater noster un poco modificado, con la gameta anudada a un quitavueltas con perlita por cuyo interior pasará la línea madre. Esta se sujetará con dos topes semifijos de silicona. Con este montaje se reducen mucho los enredos que causa tan vivaracho animal al sentirse prendido en el anzuelo, sobre todo si estamos charlando con un compañero y nos olvidamos un poco de las cañas.

Poco queda por decir, salvo que la picada de la anguila puede ir de una leve y repentina tensión de la línea a unos toquecitos cortos y repetidos (si es pequeña) pasando por un golpe seco de la caña para no moverse más. Por eso hemos de estar especialmente atentos durante esta pesca. No es conveniente que transcurra mucho tiempo desde la picada hasta que recojamos el aparejo, pues aunque es raro que se suelten —tragan el cebo hasta el estómago, lo que una vez más me hace recomendar anzuelos no demasiado pequeños para no herir sin remedio a los juveniles— pueden rozar la gameta hasta romperla, cosa más frecuente de lo que se cree y que muchas veces achacamos a un enganche o a los cangrejos.
Por último, si vamos a consumirla es imprescindible sacrificarla de un golpe seco en la nuca o cortando rápida y precisamente el cogote del animal con una navaja bien afilada cizallando la espina dorsal justo por detrás de la cabeza. Tal acción es mucho más humana que dejarla morir de asfixia, en lo que tarda realmente mucho, y además evitamos el altísimo riesgo de fuga. De hecho este animal puede desplazarse por tierra casi tan bien como una serpiente.












Jorge Omar Santo Scorpino dijo
Otra Muy Buena nota sobre el tema de pesca deportiva de anguilas !
Los Felicito y me gustaria ver mas notas sobre anguilas !
Muchas Gracias por publicarlo !
Saludos !
Jorge Omar Santo Scorpino
Avellaneda - Pcia. de Buenos Aires
ARGENTINA
21 Noviembre 2009 | 06:23 PM