LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO Y LOS INTENSIVOS PARA EL INVIERNO.
Imaginad la escena:
Un experto pescador llega por primera vez en su vida a un coto intensivo. Mira al cielo, brilla el sol, así que ata al extremo de la línea una cucharilla color bronce del dos. Después examina el cauce, observa varias posturas interesantes… sí, detrás de aquella piedra tiene que haber trucha. Al de dos horas sin más resultado que una arco iris chuchurría y birriosa se sienta a descansar. Piensa, “se supone que en estos sitios entran como tontas, pues no veo yo…” Cinco minutos después pasa un tipo ataviado con unos bermudas color naranja, una camisa estampada a palmeritas y la caña más cochambrosa que podáis imaginar. El sedal que usa es por lo menos un 0,25 y como señuelo utiliza una enorme cucharilla amarilla con pelos naranjas y blancos adornando la ancoreta. El experto pescador piensa, “no pescaré, pero al menos me voy a reír un rato”. Contempla el extraño proceder del recién llegado con una picara sonrisa que pronto se transforma en adusto gesto de envidia cochina al ver la montaña de truchas que saca aquel del que “se iba a reír”. Y es que los intensivos también tienen su truquillo. A continuación intentaré dar unas pautas para triunfar en estos escenarios que nos salvan de pasar el invierno sin tocar escama.
Normalmente encontraremos trucha arco iris (Oncorhynchus mykiss), agresiva, luchadora si encuentra alimento en el lugar y lleva tiempo en el río. Activa incluso a temperaturas muy bajas.

Lo normal es que se encuentre en el fondo de grandes pozas (ríos) o a varios metros de profundidad (pantanos) si la temperatura es excesiva. De lo contrario Estará allí donde encuentre comida: cebándose en superficie, comiendo ninfas y pececillos a medias aguas o cerca del fondo. No olvidéis rastrear bien este último, que siempre da sorpresas.
Para el spinning, a no ser que sepamos de la presencia habitual de truchones, una caña sencilla de un metro ochenta de longitud con un peso de lance de cinco a veinte gramos nos sobrará. El carrete, ligero, con capacidad para cien metros de hilo del 0,22 y una caja con cucharillas plateadas, color trucha arco iris, alguna de fantasía (amarilla, fire tiger, etc…) de los números dos y tres y algunos peces artificiales de cinco a siete centímetros, flotantes y hundidos en colores similares a los de las cucharillas completarán el equipo perfecto. Con ellos escudriñaremos todo lugar susceptible de albergar truchas, no recogiendo demasiado rápido el señuelo, pues no hay que olvidar que no nos enfrentamos a peces demasiado ágiles.

Si lo que nos va es la mosca, una caña de línea cuatro o cinco de nueve pies de longitud acompañada de un carrete con dos bobinas (una cargada con una DT flotante y la otra con una cola de rata de punta hundida para las ninfas y streamers) nos darán buenos resultados si las acompañamos de un buen surtido de ninfas, zonquers, wolly bugers y secas de conjunto. Quizás esta no sea una pesca para puristas, pero los que empiezan o simplemente desean sacar algún pez durante los largos meses de veda, disfrutarán como el que más.

Qué decir del cebo. Éxito asegurado.
Caña ligera de tres a cuatro metros y acción de pulso (5-20 gramos más o menos) carrete similar al descrito para el spinning, cuatro plomillos, una hijuela con un anzuelo del seis y un puñado de lombrices o algo de masilla (si está permitida) y a explorar el fondo de las pozas sacando truchas como cosacos. Este procedimiento es ideal para iniciar a los niños en la pesca por su sencillez y productividad.
Unos los adoran, otros tirarían la bomba atómica sobre ellos. Mi postura al respecto pasa por un punto intermedio. No son —salvo excepciones— lugares idílicos y la pesca es demasiado facilona, pero a buen hambre no hay pan duro y fuera de temporada quienes no tienen la suerte de vivir cerca de la costa tienen que recurrir a ellos o al cada vez más escaso lucio, pues en cuanto se enfrían las aguas hay que tener mucha moral para dedicarse a los ciprínidos.
Además, a quien le disgusta medirse con un truchón de cerca del kilo de peso cuando el respeto a la freza de la trucha nos impide perseguirla. A mí por lo menos no.













Jorge Omar Santo Scorpino dijo
Sr. Juan : Para no perder la costumbre este es otro relato muy descriptivo y ameno que ayuda a todo pescador a interpretar mejor el arte pesqueril de la trucha arco iris.
Nuevamente te felicito y sigue exponiendo tus experiencias que tanto nos enriquecen.
Gracias por publicarlo !
Saludos !
Jorge Omar Santo Scorpino
ARGENTINA
1 Julio 2010 | 04:04 AM