Hace dos fines de semana, Joseba, uno de los promotores de nuestro blog hermano, Mareas Vivas, realizó su primera incursión en la pesca fluvial. Fuimos juntos hasta un pequeño pantano de montaña donde esperábamos capturar algún lucio.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Había comenzado a adquirir su librea natural, llevaba tiempo en el pantano.
Nada más llegar a una de las mejores zonas para la pesca del esócido, me percaté de que se nos iba a complicar el día, las carpas estaban demasiado contentas, cebándose sin parar, signo de que no había depredadores activos en las cercanías. A pesar de ello, probamos fortuna tras alejarnos de los juguetones ciprínidos. Indiqué a mi amigo que lanzase paralelo a la orilla, hacia una zona donde, aunque no se percibe a simple vista, sé de buena tinta que el fondo cambia bruscamente proporcionando buenos apostaderos a los lucios. A pesar de no haber utilizado nunca equipos tan livianos (su técnica habitual es el surfcasting), lanzó con sorprendente precisión y, al poco de comenzar a recoger gritó “¡ya tengo uno”, le miré incrédulo, me extrañaba que hubiera algún lucio decente por las cercanías en actitud de caza. Pronto pudimos ver de qué se trataba, una trucha arco iris de más de un kilo era llevada a la orilla tras una breve pero bonita pelea. Estas truchas repobladas ni siquiera recelan del cable de acero.
Esta vez no dieron la cara, otra vez será...
Tras dar un paseo por los alrededores, probando con los señuelos que más capturas me han dado en los últimos catorce años y en las zonas más fructíferas del embalse, la jornada se saldó con dos picadas más en la caña de Joseba, presumiblemente de trucha, que lograron huir. Una de ellas, cercana a los dos kilos, se soltó tras saltar frente a él casi un metro fuera del agua, momento que quedó grabado en nuestras retinas como una preciosa estampa de pesca.
Una vez más, nos dirigiremos a nuestro río favorito en busca de la ansiada primera trucha del año.
En algunas cuencas fluviales ya se ha abierto la veda, en otras, lo hará pronto. Legiones de aficionados, que llevan meses esperando este momento, acudirán a ríos y pantanos en busca de pintonas y arco-iris pertrechados de caña, aparejos y mucha ilusión.
Juan Urrutia
Cucharillas de cierto peso para las aguas frías y profundas.
Tras las numerosas nevadas de este invierno, las aguas bajarán crecidas y muy frías, condiciones que complican la captura de algún salmónido. Se impone el uso de cucharillas, pequeños peces artificiales hundidos para las pozas y, cómo no, del cebo natural. En esta época las aguas bajan con fuerza arrastrando lombrices y otros invertebrados que serán, sin ninguna duda, cebos muy a tener en cuenta en la apertura. Los amantes de la cola de rata se verán obligados al uso de ninfas más o menos plomadas, para la espectacularidad de la mosca seca serán más propicios los siguientes meses. Sea cual sea nuestra técnica, el principio de temporada se presenta complicado pero, por otra parte, es posible que las condiciones que nos son adversas a nosotros sean a la vez beneficiosas para la reproducción de la trucha, lo cual se notará en el aumento de ejemplares en los años venideros.
Las sensaciones de la primera vez que nuestro puntal cimbrea buscando el fondo, son inolvidables.
Todos los aficionados, por diferentes que sean nuestras modalidades y maneras de vivir la pesca de la trucha, compartimos una ilusión, una pasión desmedida por la captura del salmónido que nos hace regresar a la niñez y volver a contemplar nuestra afición con un cierto brillo infantil en la mirada ante la primera trucha del año, como el de aquel chiquillo que abre por primera vez los regalos que le han traído los Reyes Magos. Disfrutemos de ello sanamente mientras dure la temporada.
Os dejo con un documental fracés sobre la pesca de la trucha, salvo la pesca con piscardo, que aquí está prohíbida en casi todas las cuencas, sus consejos son perfectamente aplicables a nuestras aguas.
Vuelve la trucha Cinco víctimas de las ondulantes…
Texto: Juan Urrutia
Fotos: Luis de la Rica y autor
La apertura de la veda truchera está al caer. Aguas frías, ríos crecidos, truchas hambrientas… Persigamos fario o arco-iris existe un señuelo efectivo donde los haya con ambas especies, me refiero a la tan injustamente despreciada cuchara ondulante.
El señuelo
Versátiles, efectivas y económicas…
La crecida de los ríos nos obliga a utilizar, si es que nos deja utilizar algo, señuelos de cierto peso, que profundicen lo suficiente. Por otra parte, las truchas, hambrientas pero no en su mejor momento físicamente hablando, pues acaban de desovar o bien están recién repobladas y con escasa capacidad de respuesta, se ubicarán en pozas o tablas donde la corriente no les obligue a gastar una energía de la cual carecen. Esto nos lleva al segundo motivo para incluir unas cuantas ondulantes en nuestra caja: se pueden manejar lentamente, mucho, aumentando nuestras posibilidades de éxito en este difícil momento del año. Otra de las cualidades de este señuelo, tan popular en el resto de Europa, es su versatilidad. Si bien antes decía que admite recogidas lentas también puede recogerse rápido y utilizarse en las corrientes sin perder efectividad, así que nos será igual de útil cuando la trucha haya recuperado sus fuerzas más avanzada la temporada.
El equipo
No es necesario un equipo específico, el nuestro de toda la vida será perfecto.
Nuestra caña de cucharilla y nuestro carrete habitual en esta modalidad nos servirán perfectamente. Si además la caña es de acción de punta podremos realizar lances estratosféricos con nuestro artificial dado su alto peso en proporción a su volumen. En resumidas cuentas cualquier caña de 1,80, 2,10 de longitud (para río la primera y para pantano la segunda) y 5-15 o 5-20 de peso de lance nos irá de perlas con pequeñas ondulantes no más pesadas de siete gramos, normalmente menos. El carrete, vale cualquiera tamaño 1500, irá cargado de monofilamento del 0,18 o 0,20 y más incluso si pescamos arco-iris. El quitavueltas es imprescindible con este señuelo para evitar que retuerza la línea.
La pesca
En este caso nuestra técnica de pesca no cambiará sustancialmente, pescaremos igual que con una cucharilla giratoria.
Pescaremos de forma similar que si usáramos la clásica cucharilla de siempre. La única diferencia radica en la posibilidad de poder pescar más lento. Buscaremos apostaderos, rocas y otros obstáculos tras los que pensemos pueda esconderse la trucha para acechar a sus presas, lanzaremos algo más lejos de donde intuyamos pueda estar el pez y recogeremos de forma constante. La cuchara ondulante nos permite una considerable variedad de recogidas pero dejaremos eso para cuando persigamos al black bass, con la trucha resulta más efectivo traer el señuelo de manera uniforme, sin virguerías. Así, no dejaremos escondrijo sin explorar hasta conseguir resultados,
La primera de la temporada, la más esperada...
Esperemos que este año sea mejor que el anterior y podamos tocar escama con más frecuencia. La situación de la trucha en nuestros ríos no es como para tirar cohetes lo cual hace recomendable la práctica del captura y suelta para poder seguir pescando en el futuro.
Las opiniones sobre los cotos intensivos son tan variadas como pescadores hay, pero no cabe duda de que nos sirven para desfogarnos durante esos meses de asueto que, para bien de las fario, nos impone la legislación. En este caso pretendo dar unas pautas generales para capturar unas cuantas arco iris a lance ligero. No es difícil, pero hay que saber hacerlo pues si las truchas no perciben nuestro engaño dificilmente lo atacarán y estas no son precisamente avispadas.
No son lo mismo que un río salvaje pero para pasar un par de horillas charlando y lanzando van de maravilla.
Hace poco que terminó la temporada. Pasarán varios meses hasta que podamos acercarnos a nuestros pesqueros favoritos en busca de la reina del río y eso desespera a cualquier aficionado. Muchos persiguen otras especies como lucios y lubinas pero quien no tiene la oportunidad de hacerlo siempre puede eliminar el síndrome de abstinencia y mantener el brazo entrenado echando unos lances en un intensivo.
LAS TRUCHAS
Arco iris facilonas, sí, pero disfrutaremos cada pelea si llevamos equipos ultraligeros.
No vamos a engañarnos: en su mayoría son arco iris fáciles de pescar y recién soltadas. Nos harán pasar el rato pero para disfrutar de un poco de emoción lo ideal es pelearlas con equipos ultraligeros. Su gran voracidad y una agresividad comparable a la del más fiero de los basses nos pondrán las cosas sencillas a la hora de conseguir picadas.
LOS SEÑUELOS
No será precisamente la discreción nuestra aliada si queremos que las iris se interesen por nuestros señuelos.
Cinco o seis pececillos y algunas cucharillas son todo lo que necesitamos para triunfar en un intensivo.
Dado que los colores brillantes y las vibraciones las irritan y atraen su atención no debemos complicarnos la vida en exceso: una cajita con cucharillas y otra con peces artificiales de tres a siete centímetros cubrirán todas nuestras necesidades. Sólo nos preocuparemos de que sean adecuados a la profundidad del pesquero. Si pueden manejarse despacio, como las cucharillas de pala tipo colorado –ancha y ovalada- o las pequeñas ondulantes, mejor.
LA PESCA
Ojo, si llevan tiempo en el río pueden resultar duras adversarias.
Si no hay demasiados obstáculos en el lecho del río o lago la acción de pesca será tranquila, casi monótona, pues los tirones, dientes de sierra y pausas seguidas de animaciones del señuelo varias resultarán totalmente superfluas, incluso contraproducentes. Cerca del fondo y recogiendode forma lenta –lo más que admita el señuelo- y constante es como incitaremos a picar al salmónido. Si los peces están por la labor no tardaremos en ver los resultados.
EL EQUIPO
Un sencillo, ligero y bien equilibrado equipo nos ayudará a pescar durante horas con menos cansancio y, a la vez, a disfrutar más de la pesca.
Otro punto que sólo requiere sencillez. Cualquier equipo de spinning truchero nos valdrá. Podemos aprovechar para probar qué tal se comporta una nueva caña ante las panzonas arco iris o utilizar material ultraligero para disfrutar al máximo de la pelea. Mi elección personal varía entre cañas con un peso de lance comprendido entre 5-15 y 1-7 gramos. Todo depende del tamaño de las truchas que frecuenten el coto. Un pequeño carrete tamaño 1500 cargado con cien metros de monofilamento del 0,20 o 0,22, si hay riesgo de enganches y no queremos perder señuelos, completarán el equipo básico a falta de quitavueltas, alicates de punta fina para desanzuelar y, como no, un par de cajitas de señuelos.
Todo el norte de España está salpicado de pequeños embalses de montaña que abastecen de agua a pueblos cercanos. Lo normal es que sus poblaciones ictícolas sean las mismas de los ríos que los proveen del líquido elemento. Es decir, piscardos, bermejuelas, barbos, trucha común –muy poca- y, finalmente, arco iris de repoblación. La dificultad de la pesca en estos lugares no radica, por tanto, en engañar a peces recelosos sino en localizarlos. Una vez hecho esto tenemos el 80% del trabajo hecho. Los alicientes de esta pesca son, básicamente, el disfrutar de un entorno privilegiado rodeados de robledales, hayedos y peñas desde las que nos vigilarán un buen número de rapaces —ojo, en cierta ocasión un águila real se lanzó contrauna ondulante plateada que surcaba el aire arrepintiéndose en el último instante y a tal velocidad que no me dio tiempo a reaccionar— y la posibilidad de medirnos con truchas de buena talla que, si llevan mucho en libertad, pueden sorprendernos con una pelea propia de peces de mucho mayor porte. Vamos, esta es una pesca sin excesivas complicaciones pero divertida y dinámica.
¿DÓNDE ESTÁN?
Teniendo en cuenta que en la mayoría de nuestras aguas no se reproduce, el captura y suelta es una buena medida si queremos que, con el tiempo, podamos enfrentarnos a ejemplares crecidos que pongan a prueba nuestros nervios y experiencia.
En primavera recorrerán las orillas, a no más de veinte metros de distancia, en busca de comida y podremos pescarlas a cualquier hora. Si ya ha llegado el verano la cosa se complica, sólo se comportarán así al amanecer y, en menor medida, al anochecer. Tendremos entonces que buscarlas con señuelos que profundicen rápido -los peces estarán cerca del fondo-y se manejen despacio, inmejorables para esto las ondulantes o, en su defecto, giratorias de pala ancha -tipo colorado-de al menos ocho gramos de peso. Esto es muy general y, sabiendo que estamos a la hora adecuada y con el señuelo correcto, las buscaremos de forma activa a base de patearnos todo el pantano si hace falta.
SEÑUELOS
Peces nadadores para truchas recelosas y con
antigüedad en el embalse. Ideales para aguas
someras al amanecer.
Cucharillas aptas para cualquier situación
y con capacidad para profundizar bastante.
Cucharillas con “ornamentos” que atraerán
a las recién repobladas.
No es necesario complicarse la vida. Si sabemos que fueron repobladas hace tiempo unas imitaciones de los pequeños ciprínidos del lugar nos irán bien. De no ser así peces artificiales que les llamen la atención color naranja o fire tiger entamaños de cinco a ocho centímetros darán con alguna trucha en tierra. Lo más cómodo y económico, sin embargo, son las clásicas y siempre efectivas cucharillas. Serán del número tres, plateadas, plata con puntos rojos, librea trucha arco iris y algún color tipo amarillo o con pequeños faldones de pelo rojo. Siempre, eso sí, de pala ancha pues, al tiempo que emite más vibraciones que otros modelos, podremos recogerla con la suficiente lentitud para que las vagas y panzonas iris no fallen ni un ataque.
LA PELEA Y EL EQUIPO
Un ejemplar como este, que pasa holgadamente el kilo, nos hará disfrutar de lo lindo. Todo un lujo si el entorno acompaña.
En cierta ocasión, hace ya bastantes años, enganché una ondulante de treinta gramos color caballa, destinada al lucio, en un tronco. Cuando tiré del hilo para partir el nudo el “tronco” se empezó a mover lentamente y, tras un buen rato de incertidumbre durante el cual no sabía si ganaría el pez o yo, asomó una arco iris de poco más de un kilo. Quedé asombrado, un pez de kilo a punto de doblegar mi caña luciera de 15-40 gramos de peso de lance y sacando hilo de tal forma que me costó lo suyo ganarle terreno. Era preciosa. El lomo verde oscuro punteado, los flancos irisados como si fuera un ejemplar salvaje del río Yukón y qué bravura... Obviamente llevaba mucho en el pantano. Si tenemos la suerte de atrapar una de esas feroces truchas no olvidaremos fácilmente la lucha con tan noble y brioso animal. Lo habitual, todo hay que decirlo, es que las capturas no den tanta guerra, salvo que sean grandes y hagan “cantar” al carrete sacando unos cuantos metros de hilo, sin embargo, se les cansa con relativa sencillez pues les falta la inteligencia instintiva y el conocimiento de su entorno necesarios para ponernos las cosas difíciles escapando hacia aquellas raíces sumergidas o rozando el hilo con esa roca que no vemos. A pesar de ello es una pesca entretenida.
Elequipo apropiado nos ayudará a cansarnos menos y a disfrutar más de cada captura. Un detalle, la costera, aunque practiquemos el captura y suelta al 100%, nos será muy útil. Yo la he reconvertido en medio de transporte para cámara de fotos, bocadillo, un pequeño termo o botellín de agua y el imprescindible botiquín.
Respecto al equipo, nada más sencillo, caña de lance ligero de 5 a 20 gramos de peso de lance o de 10 a 30, si sabemos de la presencia de truchones, que tenga una longitud de dos metros diez. Más larga nos cansará durante una jornada en la que realizaremos cientos de lances y más corta nos restará capacidad de maniobra y metros en el lance pero tampoco pasa nada por usar una de metro ochenta, según gustos.
El carrete, ligero, con un ratio de entre 4,5-1 y 5-1, mejor no demasiado rápido pues nos haría incómodo el manejo relativamente lento del señuelo necesario en esta pesca. Por lo demás un buen freno, delantero o trasero pero progresivo, que no usaremos sedales muy gruesos, completa los requerimientos del carrete apropiado. Cargaremos la bobina, que tendrá capacidad de unos cien, ciento cincuenta metros de hilo, con monofilamento de entre el 0,18, si necesitamos hacer largos lances y las truchas son recelosas, y un buen 0,22 en caso contrario.
No es frecuente que en las pequeñas poblaciones cercanas, a veces deshabitadas, encontremos bares y restaurantes, en ocasiones ni siquiera una fuente, así que llevad de todo: agua, comida, móvil y cámara de fotos para recordar la jornada y presumir con los amigos si hay capturas. No está demás ir acompañado pues debido a la
altitud y presencia montañosa en ocasiones no tendremos cobertura y si ocurriera algún percance...
Hasta aquí unas ideas generales sobre una pesca entretenida y que nos hará bajar esos kilos de más recorriendo el perímetro de estos pequeños embalses rodeados, normalmente, de una naturaleza exuberante y autóctona que procuraremos siga así evitando dejar huella de nuestro paso en forma de basura, sedal usado —muy peligroso para las aves— y otras sorpresas desagradables que a veces nos encontramos hasta en los lugares más paradisíacos.
Se abre la veda, miles de aficionados atestan los ríos en busca de truchas, en unos casos serán fario y en otros arco iris. Si nuestro propósito es pescarlas en esta época de ríos crecidos y aguas frías tendremos que amoldarnos a su comportamiento, estando el mismo condicionado por la abundancia de alimento, entre otros factores.
Cuando no entran a nada y volvemos de vacío muchas veces ponemos la excusa de que el agua estaba demasiado fría. La trucha freza y se alimenta en aguas aún más frías que las que nos vamos a encontrar en estos meses. Por ello tendremos que observar el entorno y las circunstancias de la trucha actuando en consecuencia según nuestra modalidad.
Como cada año nos volvemos a encontrar.
A continuación veremos las modalidades más comunes y emocionantes para hacernos con unas cuantas truchas y disfrutar de este día en que ponemos tantas ilusiones.
CUCHARILLA
Cucharilla plateada si esta nublado y dorada si
hace sol. A las infalibles reglas de la vieja escuela se unen hoy perfectas imitaciones de peces y otras presas habituales de la trucha.
Quien dice cucharilla, dice pez artificial etc. Hoy día son muchos y muy variados los señuelos a utilizar para la captura del salmónido pero en estas fechas además de buscar un artificial que imite a las presas de la pintona o la cucharilla correcta en tamaño, peso y color, deberemos tener en cuenta que tras la freza no estará muy briosa. Habremos de buscarla en aguas relativamente remansadas donde la corriente le lleve el alimento a la boca sin que deba esforzarse mucho, ni por atraparla ni por mantenerse en la postura. Además bajaremos un poco la velocidad a la que recogemos habitualmente nuestros señuelos y escogeremos aquellos que no pierdan su acción al trabajarse lentamente. Un buen ejemplo son las cucharillas de pala ancha —tipo colorado— y los pequeños artificiales fabricados en madera de balsa.
El equipo será de lo más sencillo: caña de uno ochenta a dos diez (según la anchura del río o si pescamos en pantano) con un peso de lance de cinco a veinte gramos, un pequeño carrete cargado con sedal del 0,18 y algunos quitavueltas. Señuelos aparte, por supuesto.
MOSCA
Ninfas y streamers. Zonquers de conejo, wolly
bugguers de marabú... sí, pero no muy grandes y
en colores naturales.
Hace demasiado frío para los insectos, será raro verlos en cantidad suficiente para que las truchas suban regularmente a por ellos. Por este motivo hasta aquellos adictos a la seca deberán pasarse a la ninfa o al streamer. Hay quien no considera esta última modalidad como pesca a mosca, y es cierto que guarda semejanzas con el lance ligero, pero el reto de buscar las posturas y posar la imitación donde corresponde haciendo uso de toda nuestra habilidad en el lance sigue estando ahí.
Lo dicho: ninfas y streamers oscuritos serán nuestros aliados en estas primeras jornadas invernales.
Salvo que preveamos pescar grandes ejemplares, una caña de línea cuatro nos sobrará. Disfrutaremos más las capturas y si entra alguna kilera también podremos vencerla con un poco de tacto. Un sencillo carrete acorde con la caña, bajos, caseros o cónicos, y nuestras ninfas y streamers favoritos completarán el equipo básico.
CEBO
Pocos materiales y mucha experiencia, no necesitamos más...
Denostada, no sé por qué, esta modalidad requiere conocimiento del río y de sus moradores. Tal vez la efectividad de una vara larga bien manejada y con una gusarapa como cebo nos de envidia a los que habitualmente pescamos con otras técnicas pero hay que reconocer que estamos ante una de las artesmás tradicionales y con más solera para la captura del salmónido.
Caña larga, de cuatro a seis metros, un pequeño carrete, unos plomillos y lombriz, canutillo etc. No necesitamos más; bueno, sí, esa sabiduría que sólo da la experiencia.
RESPETO AL HÁBITAT DE LA TRUCHA
Ojo, no los pises, que quedan muy pocos. La afanomicosis los llevó al borde de la extinción y, desgraciadamente, no se puede decir que estén fuera de peligro. Que las prisas propias del primer día no nos hagan cometer un fatal error.
Tanto si es fario como arco iris, éste es un buen final para nuestras capturas.
Tan bonita es la sensación de libertad que se experimenta cuando vemos amanecer junto al río, libres de toda preocupación, como desagradable encontrar basura en la ribera, tropezar con sedal usado o ver como alguien invade nuestro espacio lanzando su caña a escasos centímetros de donde nosotros lo acabamos de hacer. Respetemos las tallas, el entorno —no pisoteemos los frezaderos y si levantamos una piedra para ver qué come la trucha dejémosla como estaba— y a nuestros compañeros de afición. Si es otro el que pesca hoy ya seremos nosotros mañana.