Os muestro aquí un video grabado por el equipo de MAREAS VIVAS, nuestro blog hermano, donde José Antonio, patrón del Patricia, realiza la captura de una maragota de esas que ya casi no quedan. La técnica: "jigging vinilero", es decir, vinilos montados en jigs hábilmente manejados por nuestro protagonista. Si queréis saber más sobre esta apasionante técnica y las estupendas capturas que puede reportar, leed atentamente los contenidos de su web. En los siguientes enlaces veréis unos muy interesantes artículos al respecto.
Esta lubineta no pudo resistirse a los insinuantes coleteos de un jerkbait
El Jerbait de vinilo no es otra cosa que un señuelo, normalmente alargado o con forma de pez, que se maneja con la puntera de la caña, dando tironcitos para dotarlo de “vida”.
Texto y fotos: Juan Urrutia
El señuelo
Hay muchas formas de montarlos pero la más sencilla, y muy efectiva, es en un jig. Éste, concretamente, es un estupendo señuelo pero no por su realismo sino por la acción que tiene en el agua.
Los mejores jerkbaits son aquellos dotados de gran movilidad, no prestéis atención a que sus ojos y aletas sean realistas, algunos de los mejores jerks ni siquiera tienen ojos pintados. Tengamos en cuenta que, a la hora de cazar, la lubina se fija en un par de carácteres distintivos, como el color y la forma de nadar, no en si a su presa le falta alguna escama.
Los colores No todos estos vinilos son jerks, aunque puedan manejarse como tales, pero fijaros en sus colores, son muy lubineros.
Si hay lubinas y están activas puede que nos proporcionen picadas gran variedad de colores en una misma jornada. Personalmente me inclino por los naturales, por los auténticos colores naturales, no por los que lo son a nuestros ojos. El color sardina es muy popular y sin embargo las sardinas sólo se ponen a tiro de la lubina en primavera, cuando se acercan a la costa a desovar. Otros colores, como el naranja, el rojo y el amarillo, los consideramos de fantasía, craso error, nuestros roquedos están poblados por peces multicolores como la maragota, la julia, la cabrilla o el pegarrocas. Todos ellos son, algunos sólo en su etapa de alevín, presa de nuestra querida lubina, así que no despreciéis los colores "no naturales" porque resultan realmente efectivos.
El correcto manejo del artificial
La experiencia nos dirá cuándo estamos haciendo las cosas bien
Aunque modesta, cualquier lubina nos alegrará el día
Jerking, twitching… sí, son dos términos que definen las maneras más comunes de mover este tipo de señuelos pero que confunden al principiante. Como eso es todo lo contrario de lo que pretendo desde estas páginas, los explicaré de forma sencilla. El primero no es otra cosa que dar tirones con la puntera de la caña bastante baja, haciendo alguna pausa. El segundo anglicismo hace referencia a un manejo similar al descrito antes, pero más nervioso, con tironcitos cortos y rápidos, absolutamente letal si están por la labor de picar.
El escenario ideal
Vemos aquí a una lubina cazando junto a las escaleras que bajan desde un espigón, la distinguimos de las lisas por su hocico más afilado y porque, en este caso, se estaba poniendo las botas con los alevines de éstas. Buena ocasión para tentarla con nuestro jerkbait
Podemos encontrar lubinas en puertos, playas y roquedos. En todos ellos podemos pescarlas con jerbaits pero, si lanzamos a boleo, sin un referente, tendremos muchas posibilidades de regresar a casa sin haber tocado escama. Busquemos aquellas rocas, embarcaciones, desniveles y otras estructuras donde el róbalo pueda acechar a sus víctimas, ya que así caza. Permanece oculta, cerca de las zonas donde abundan sus presas, y allí donde éstas se encuentren desprotegidas, o la turbidez del mar oculte sus mortales intenciones. Junto a esa roca que sobresale, paralelo a los pilares de un puente o junto a las rocas del espigón (a veces dentro de ellas) acecha la loba en espera de que algún desvalido “cordero” se cruce en su camino y por esos lugares haremos brincar a nuestro jerk con alegría. Otro comportamiento común en este pez es el de pasearse por las paredes de los espigones esperando que un golpe de mar de regale una buena ración de marisco tirando al agua a algún desdichado cangrejo.
La lubina
Hay que conocer al objeto de nuestros desvelos si queremos conseguirlo
Si pretendemos pescar lubinas comprando y probando miles de señuelos más vale que dispongamos de grandes reservas monetarias. Este sistema, propio de quien empieza, que acude al roquedo engatusado por la promesa de que tal o cual señuelo es mágico y le proporcionará lubinas por doquier, suele terminar en garrafal fracaso. La observación del medio en que se desenvuelve la lubina es fundamental para pescarla con éxito. Debemos acudir al pesquil sin caña, en marea baja, y preguntarnos: ¿qué come nuestra lubina? ¿Cómo son los peces que viven en la zona? ¿Cuál es su forma de moverse y por dónde lo hacen? Imitando su comportamiento pescaremos, quizás no el primer día, puede que tampoco el segundo, pero poco a poco se irá desarrollando en nosotros un instinto de pescador que nos dirá, de forma casi intuitiva, qué debemos hacer en cada momento.
Ha pasado mucho tiempo desde que aquellos recios hombres de mar inventaran el “chivo” en tierras gallegas, sin embargo hoy día sigue estando de actualidad, tanto el original, que es poco más que un plomo con una cola de pelo de cabra –de ahí su nombre-, como sus “parientes”, los modernos peces plomeados de increíbles acabados holográficos.
El señuelo
Estos son comerciales, hechos con pelo sintético, pero muy similares a los de toda la vida.
La variedad dentro de los modelos modernos es casi infinita.
La lubina o el róbalo, como se la llama en Galicia, tan desconfiada y astuta, cae ante el engaño de un sencillo artificial compuesto de un cuerpo de plomo, un cordel de cuyos cabos penden dos anzuelos y pelo de chivo, hoy día también sintético, a modo de sinuosa cola. Su manejo no es complicado: hay quien lo trae rebotandosobre el lecho marino y quien lo recoge dando pequeños tirones pero casi todo el mundo coincide en que la recogida más efectiva es lenta y constante. Algunos chivos tienen forma ondulada lo que añade una acción más viva al señuelo durante la recogida. Los modernos peces plomeados, de similar uso, poseen colores y acabados asombrosamente realistas pero carecen de la “cola” tan característica de sus predecesores. Personalmente creo que resulta positivo añadir algún material tipo cristal flash o similar en la potera y, es más, cambiar esta por un anzuelo simple de numeración algo más alta. Con esto no sólo no bajará su efectividad sino que podremos arriesgar más el señuelo sin temor al enroqueque, dicho sea de paso, tantas maldiciones nos hace soltar a los pescadores.
Cuándo y dónde
La mar picada en el roquedo, la lubina nos espera.
A pesar de parecer un contrasentido el hecho de lanzar y recoger constantemente una plomada en el roquedo, ése es el lugar idóneo para usarlo siempre que las atrevidas olas otoñales no nos permitan el uso de otro señuelo. Playas mixtas e incluso de arena pueden ser otras candidatas para usar a nuestro pesado aliado, siempre que la mar se rebele, claro, y la ola rompa con fiereza escupiendo cualquier pez artificial cual comensal agraviado por una mala comida.
El equipo
Captura algo superior al kilo, engañada por un chivo clásico.
Aquí juega un papel importante el peso de este fenomenal ingenio, que suele oscilar entre los cincuenta y los cien gramos siendo estos los pesos más comunes junto con el de setenta y cinco. Variaremos el peso en función del estado de la mar pero en todo caso nuestro equipo deberá poder lanzar estos gramajes por lo que una caña de entre cincuenta y ciento veinte o ciento cincuenta gramos de peso de lance será lo apropiado. Respecto a la longitud, puede oscilar entre los tres metros sesenta y los cuatro veinte. Todo depende de los riscos que debamos salvar en nuestros pesqueros habituales. Es importante pensar que en esta pesca itinerante portaremos el equipo siempre en la mano y lanzaremos varias decenas de veces cada hora. El cansancio hará mella en nosotros si nuestro equipo es excesivamente pesado. Respecto al carrete, no es importante que sea muy rápido, un ratio de cuatro con cinco a uno nos dará potencia para izar una buena pieza desde el acantilado y velocidad suficiente para no trabar nuestro chivo en el roquedo. Buena capacidad en la bobina se hará necesaria, los lances son largos y el sedal irremediablemente grueso, entre las treinta y cinco y las cuarenta centésimas, pues no lanzaremos peces nadadores de quince gramos precisamente.
La experiencia es un grado
Aquí se aprecia la bocaza del morónido capaz de engullir grandes presas.
Recuerdo como, hace ya bastantes años, un anciano pescador y compañero de pesquero lanzaba su chivo hacia la inmensidad del mar con el fervor de un joven. Cuántas lubinas habría echado a tierra, sólo él lo sabía. Sin embargo, gracias a la polivalencia de un equipo destinado a lanzar pesos cercanos a los cien gramos, cuando los peces no estaban por la labor de morder el engaño o la bajamar hacía difícil seguir con la técnica que nos ocupa, armaba un aparejo de fondo, cogía unos cangrejos, gusanas y hasta lapas para después lanzar su aparejo allá donde sabía de buena tinta que estaban las pozas y, por tanto, los peces. Maragotas, cabrillas, sargos, lubinas, algún pulpo y quién sabe cuantos peces más alegraban los ojos de aquel anciano de lánguida mirada y pesaroso caminar que sólo daba muestras de ilusión y alegría cuando se le hablaba de pesca, especialmente de la lubina.
Para terminar
Ojo con la mar que es traicionera.
No puedo dejar así las cosas, me veo en la obligación de advertir, en especial a quienes empezáis, de que está bonita técnica, tan productiva en días de mar fuerte y tan propia del traicionero Cantábrico, es, por las necesarias condiciones de mar fuerte para su práctica, bastante peligrosa. Nunca deis la espalda al mar y antes de acceder al puesto de pesca observad las olas durante diez minutos. Será tiempo suficiente para ver hasta donde llega la mala, nombre con que conocen los gallegos expertos en este arte a esa ola grande y fuerte que aparece de repente tras varios minutos de aparente calma. Mucho cuidado, que la mar se ha cobrado la vida de más de un incauto o codicioso pescador que ha arriesgado la vida por un par de peces. Ni la mayor captura merece tal sacrificio. Fijaros también en las mareas, aquí en el Norte la diferencia entre la bajamar y la pleamar es de muchos metros, y más en otoño-invierno que es cuando se pesca así la lubina. No sería la primera ni la última vez que presuroso y empapado un pescador sale del agua con un buen susto encima, en el mejor de los casos.
Hoy tengo el honor de ofreceros de mano de tres grandes pescadores el relato de unas magníficas jornadas de pesca tras anjovas y palometones en el delta del Ebro. El buen hacer, la emoción que sienten por este deporte y el compañerismo quedan patentes en este fenomenal relato por el que, desde esta página, no puedo hacer otra cosa que mostrar mi admiración. Gracias a los tres por compartir vuestras experiencias con nosotros de forma totalmente desinteresada.
Juan Urrutia
Jordi Cabrera: patrón de la embarcación Partidalenca, actual campeón de España y Cataluña en la modalidad spinning mar y autor de la siguiente crónica.
Antonio Benito: ocho años miembro del Equipo Nacional de Pesca a Mosca. Le veréis más abajo cobrando un estupendo palometón.
Rafael Balaguer: compañero de Jordi Cabrera con el que comparte galardones y excelente fotógrafo del siguiente reportaje.
TRAS LOS COLOSOS DEL DELTA
Tengo que deciros que este año ha sido el peor de cuantos llevamos en esta decreciente zona, el mal llamado "paraíso de la pesca", el delta del Ebro.
Muchos habéis venido con grandes esperanzas de encontrar el pez de vuestra vida y os habéis ido con gran decepción al no hallar tan dichosa recompensa. Sé lo duras que son las jornadas aquí, la tan peligrosa desembocadura y los vientos siempre constantes. Muchos días sin poder salir al mar aguantando olas vertiginosas quehacen necesariobuen equilibrio de piernas para vencerlas. Pocos habéis tenido la fortuna de sacar un buen palometón o tallhams sin tener buen conocimiento de la zona. Muchos han dejado de venir vencidos por los bolos a que tan acostumbradosestamos los habitantes de la zona. A todos vosotros quiero deciros que la constancia tiene recompensa.
Este puente había decidido que nada ni nadie me podría quitar el gusto de poder salir sin problemas a pescar, me equivoque, el tan afamado viento del norte ha hecho que nuestras salidas se redujeran a tres. Aprovechamos esta tregua y salimos a combatir con olas de mar de fondo, no sin peligro para la tripulación y mi embarcación, quien ha estado por la zona sabe a lo que me refiero.
A primera hora de la mañana del jueves, decididos a todo, desistimos al ver que no existía salida al mar, todo era espuma y olas que rompían, relegadas a custodiar la salida, nos toco bailar con la mas fea. Nada que comentar salvo la tímida persecución de una anjova. Por la tarde calmó y deseosos de capturas salimos con dificultad.
En alguna zona el mar estaba alborotado y buscando refugio de una persistente mar de fondo nos fuimos en dirección sur, a resguardo de la tramontana. Allí encontramos algunos peces que querían jugar, persecuciones varias y a la hora que Dios quiso bendecir....zaaaaaaaas silba el hilo por las anillas y un carrete que suena a todo trapo.Tras una carrera para y nos brinda unos bonitos saltos, es una anjova y la caña se abate para poder vencerla.
Después de algunos interesantes minutos se deja vencer y podemos subirla a bordo.
Aún no nos habíamos recompuesto de la última captura y suena otro carrete, esta vez el de un compañero, la carrera no es muy larga pero si esperanzadora, vemos el lomo de un palometón aunque no es de los que buscamos, sin dejar de pescar siento un fuerte tirón y me agarro fuertemente a mi HM para no perderla, mientras mi compañero cobra la pieza yo presento batalla a mi rival, abajo, en la foto, podéis ver mi caña doblada.
al cabo de agotadores minutos mi compañero me ayuda a subir la pieza, solo sería imposible cobrarla, la compenetración lo es todo en estos momentos. Somos un equipo
ya sin apenas fuerzas alzo mi trofeo.
La tarde se apaga y tenemos que retirarnos, pero con buen sabor de boca.
El viernes más de lo mismo, la mañana transcurre en un embravecido río y no hablemos de la desembocadura, imposible hasta con el marino mas osado, nos retiramos hasta una milla arriba y allí vemos un espectáculo de lisas huyendo y saltando, pienso..."a lo mejor se han escapado los leones del circo".No les faltaba razón parahuir, les iba la vida en ello, varios palometones entre ellos uno de pronostico reservado estaban acechándolas y cuando los depredadores están ciegos en algo se acabo lo que se daba, nada quieren de nosotros. Esperando a que amainase desembarcamos hasta las cuatro de la tarde, momento en que salimos por la desembocadura con poca dificultad, solo podíamos esperar que nos saliera como la jornada anterior. En pocos minutos muchas persecuciones y mi compañero clava uno, la arrancada es espectacular y en su expresión queda patente la fuerza que ejerce, sin lugar a dudas es un palometón.
tardamos interminables minutos en hacerle cambiar de parecer y convencerle deatendiera a nuestra invitación. El cansancio es patente en el bicho, me refiero al palometón, claro. Yo mismo recuperé del mar a tan esplendido contrincante
Mi compañero ejerciendo de digno vencedor.
la fuerza del animal se desvanece y tardamos mas de veinte minutos en recuperarlo. Al fin se decide a pelear por su vida y busca mantenerse en equilibrio en el agua.
No tenemos mas opción que batirnos en retirada al carecer de sol, ya que la oscuridad no es buena compañera para la travesía que nos espera. Cierto, un mar de espantose nos avecina.Sin ver la entrada al ríopor ninguna parte nos aventuramos en un viaje no apto para cardiacos. La dificultad con que entramos al río es para no olvidar que, aunque somos apasionados de este deporte, LA VIDA es más importante. Jamás olvidare la lección que aprendí en tan interminables minutos. Los asistentes al evento nos miran atónitos, mi embarcación es una leal compañera y nos trae de vuelta a casa sanos y salvos.
En esta foto de los pasados días veis a un compañero que es más que un amigo...
A la mañana siguiente salimos dispuestos a comernos el mundo, animados por las ultimas capturas, sólo podemos destacar que fuimos vimos y no vencimos. No todos los días son fiesta.
Carlos Redruello, periodista de la revista Feder Pesca Mar y creador de la estupenda web de pesca SARGOLOCO TEAM, nos enseña en los siguientes videos diferentes tipos de señuelos lubineros, cómo manejarlos y algunas de sus capturas. Atención, coged lapiz y papel, porque las enseñanzas de este maestro lubinero no deben caer en saco roto.
La base del spinning es engañar a un pez haciéndole creer que un objeto artificial, de madera, plástico o metal generalmente, es aquello de lo que se alimenta.
La lisa o mújol no es un pez depredador, no lo son ninguna de sus múltiples especies que habitan nuestras costas. Su boca es pequeña, está poblada por una dentición roma que le sirve para rascar algas de las rocas y para colmo su garganta es demasiado estrecha para que puedan pasar a través de ella alevines de pocos centímetros. Sin embargo, compañeros del estupendo foro de spinning SPININGMANIAme contaron que habían capturado algunas lisas con diferentes artificiales. Esto me animó a realizar una experiencia nueva, una salida experimental en la que la posibilidad de fracasar estrepitosamente era muy alta pero el reto llamativo, sin duda. Elegí pequeños vinilos como señuelo y un puerto donde las lisas saben latín pues son muy perseguidas por los chiquillos que se entrenan para un concurso anual que gana quien pesque el mayor ejemplar. No me interesaba buscar a los tontos y confiados corcones del Nervión, que entrarían a cualquier cosa, pues casi nadie los pesca.
Este bonito corcón (Mugil labrosus) de algo más de trescientos gramos fue la primera captura realizada tras media hora en que los peces se burlaron de mí a placer.
SEÑUELO Y TÉCNICA
Puede apreciarse el anzuelo, que será de pata larga y de escaso grosor, tipo los usados para enfilar delicadas gusanas.
Atraer a las lisas al pesquil es sencillo: se ceba con pan, preferentemente trozos que no puedan tragar pues así el frenesí alimentario es mayor al conseguir sólo pequeñas porciones de comida en cada bocado. Lo complicado es hacerlas entrar a algo que no huele ni sabe a pan. Los rechazos son desesperantes. Una y otra vez los peces atacan nuestro señuelo girando bruscamente en el último segundo. A la hora de elegirlo nos decidiremos por pequeños twister o similares sin cola —tendremos que cortarla— y en color blanco. Para que su comportamiento en el agua sea natural prescindiremos de anzuelos plomeados e incluso cambiaremos los típicos utilizados habitualmente con vinilos por otros de carbono, tipo aberdeen, en numeraciones del cuatro al ocho. Estos anzuelos tan ligeros suelen utilizarse en el surfcasting para evitar que el peso reste naturalidad al cebo, lo mismo que pretendemos nosotros. Una vez realizado el lance en las inmediaciones del cebado los dejaremos flotar y hundirse de forma natural esperando la picada e incluso podemos dar leves tironcitos imitando el movimiento de una miga de pan atacada por alevines. En el momento en que veamos a una lisa tomar nuestro falso pan en la boca la clavada debe ser fulminante, sólo nos dará un instante antes de escupirlo.
EL EQUIPO
¿Puede vencerse una lisa de dos kilos con un equipo de trucha? Aquí está la prueba.
Tan liviano señuelo, salvo que nos ayudemos de un buldó, lo cual restaría naturalidad al engaño y capacidad de maniobra a nosotros, nos obligará a recurrir a cañas trucheras e hilos relativamente finos. Nos enfrentamos a un pez que puede alcanzar buenas tallas así que esto es sinónimo de adrenalina a raudales. Nuestro equipo se compondrá de: caña de dos metros diez y peso de lance de 5 a 20 gramos y carrete tamaño 2000 cargado de monofilamento del 0,22. Nuestro radio de acción con este material se verá reducido a cinco o diez metros. Deberemos pues, lanzar y movernos con cautela para no espantar a nuestra protagonista que posee una vista excepcional. Es más que conveniente llevar una segunda bobina llena de sedal del 0,18 o 0,20 si los peces de la zona sufren mucha presión de pesca pues el diámetro del nylon puede marcar la diferencia, no en ésta sino en cualquier modalidad con la que pretendamos capturar lisas. Estas pueden ser confiadas, hasta la exageración si no se las persigue, las he visto sacar con hilos muy toscos y plomos tremendos, pero también me han rechazado el cebo por pescar con un bajo demasiado grueso, picando sin problemas al bajar a un 0,18.
Si es un buen ejemplar nuestra caña puede doblarse peligrosamente. La de la foto tiene una lisa de cerca de dos kilos al otro extremo del sedal. Su acción media ayudó mucho a absorber los embates del pez aunque restó un poco de control durante las numerosas carreras laterales del mugílido.
LA PELEA
Tras una espectacular picada en aguas someras comienza el combate.
La defensa de la lisa suele basarse en repetidas carreras hacia el fondo y fuertes cabeceos. No busca la roca como el sargo. Su captura es más cosa de paciencia, nervios templados y buen freno que de equipos potentes. Resulta interesante que la caña tenga cierta flexibilidad para absorber los tirones en las distancias cortas. Hay que tener en cuenta que la picada no se producirá muy lejos y que en determinados escenarios dar demasiado hilo puede significar irremediables enredos con maromas y boyas.
Las carreras en todas direcciones serán numerosas.
La que está doblando así la caña no llega a los cuatrocientos gramos. Grandes y potentes nadadoras son las lisas.
Si no las vamos a consumir, cosa poco recomendable si pescamos en puertos, foto y...
...al agua. El bravo animal recobra la libertad seguido con curiosidad por alevines de boga, lisa y algún minúsculo sarguito.
Como veis esta es una pesca apasionante, que no fácil, en la que tendremos que hacer acopio de toda nuestra paciencia y soportar como decenas de peces de imponente tamaño —no han llegado a grandes por ser tontos precisamente— rechazan cuando no obvian nuestros artificiales. Es fundamental el correcto y discreto manejo del engaño para tener algún éxito lo cual, unido a la dificultad de lanzar con precisión tan escaso gramaje, pondrá a prueba nuestras dotes de pescador. Al contrario que cuando hacemos uso del cebo natural, en cuyo caso podemos capturar cinco o seis buenos peces en una hora o menos, será escasa nuestra recompensa pero más satisfactoria por el trabajo que nos habrá costado conseguirla.
Lubina de algo más de un kilo de peso (45 cms aprox.)que, pescada con un equipo mucho más ligero de lo acostumbrado, fue francamente divertida y emocionante de capturar.
Siempre he sido partidario de pescar deportivamente y eso significa no utilizar equipos sobredimensionados para especies que no los requieran. A veces no es el pez, es la técnica, la que nos obliga a lanzar con varas y sedales gruesos. Un ejemplo de esto último sería la pesca con chivo desde el roquedo donde habremos de lanzar pesos cercanos o superiores a los cien gramos e izar a la loba del mar desde alturas en ocasiones considerables. Sin embargo, cada vez es menos frecuente capturar lubinas de porte y para las kileras o mediokileras hasta las clásicas cañas 15-40 de peso de lance, que es lo mínimo que se suele utilizar en spinning marino, resultan ser en exceso potentes privándonos de las sensaciones y buscadas taquicardias que otorga la pelea con tan noble pez.
EL EQUIPO
Ligero a más no poder. Entre caña, carrete y señuelos no pasan de los quinientos gramos. Concretamente esta caña, de 5-20 gramos de peso de lance, es una “híbrida”casera ya que le cambié el puntero por uno de fibra de vidrio, mucho más adecuado para absorber los tirones del pez sin desgarrar su boca. Además la rigidez del carbono unida a la flexibilidad de esta puntera hacen el lance cómodo, preciso y largo aún utilizando señuelos de poco gramaje.
Cabe decir que al hablar de “ultraligero” no me refiero a esas cañitas trucheras de siete gramos de peso de lance sino a varas de entre dos diez y dos cuarenta metros de longitud capaces de lanzar entre 5-20 y 5-25 gramos. Podrían parecer idóneas para pescar truchas de lago, que lo son, pero también tienen muchas ventajas a la hora de salir tras la lubina y pueden sacarse con ellas peces más grandes de lo que los pescadores de mar, acostumbrados a verdaderos cañones, solemos pensar. Son muy ligeras, nos cansan menos y podemos lanzar con una sola mano con una precisión asombrosa, bastante más que lanzando a dos manos, si practicamos un poco y tenemos un buen juego de muñeca.
El carrete será un tamaño dos mil, con un freno progresivo, tirando a rapidito —5-1 de ratio por lo menos— y cargado de un 0,24 o 0,26 de muy buena calidad. Habrá quien diga que en el roquedo con esos grosores no se va a ninguna parte. Os aseguro que un monofilamento de alta estofa resiste bastante más en los diámetros descritos que uno corriente del 0,30, por poner un ejemplo. No es mi intención hacer publicidad pero para que quienes os estéis iniciando no os perdáis en el mar de marcas existente en el mercado, os diré que algunos hilos de la casa Shimano como el Beast Master (no escape) son magníficos para este tipo de pesca y teniendo en cuenta que sólo tendremos que llenar la bobina con poco más de cien metros el gasto no será excesivo. Merece la pena comprar trescientos metros para toda la temporada.
SEÑUELOS
Prueba irrefutable. El twister funciona entre la espuma.
Algunos ya os estaréis preguntando cómo una caña que no lanza correctamente más de ocho o diez gramos va a vencer viento y oleaje. Evidentemente si atamos a nuestro sedal un pez artificial de cinco gramos a poco viento que haga lanzaremos poquísimo, si es que no termina enganchado en algún lugar sensible como... nuestra ceja izquierda. Por eso utilizaremos vinilos, más concretamente twisters y pikies. Por qué esta elección existiendo señuelos de este material tremendamente realistas... Porque son baratos, efectivos, fáciles de encontrar y de lanzar. El tamaño puede variarse pero los utilizados para el black bass, es decir, de unos siete u ocho centímetros, son perfectos. Los acompañaremos de un jig o anzuelo plomado de entre cinco y diez gramos de peso, dependiendo de la profundidad y lo adversas que sean las condiciones meteorológicas.
Más sencillo y económico no puede ser. Por lo que Cuesta un pez artificial de marca reconocida tendremos Cuarenta o más vinilos lubineros.
Elegiremos colores blancos y oscuros en aguas claras —puertos, rías o mar calma— y llamativos como el amarillo y otros de fantasía en las turbias, como en el espumoso roquedo.
DÓNDE, CUÁNDO Y CÓMO
La lubina de la primera foto entró al engaño el día que se tomó esta instantánea. Cerca de la espuma que se forma en la roca de la izquierda ya menos de diez metros de la orilla. Eran las siete y media de la mañana y la marea subía con fuerza. Apuntad los datos de vuestras capturas, os serán de utilidad para aprender más sobre este fabuloso pez y su pesca.
Si buscamos a la lubina cuando entra a comer al roquedo con la subida de la marea nos fijaremos en esas rocas cercanas a la orilla donde la mar rompe con fuerza y el agua se torna blanca. Es imprescindible que no debamos izar el pez a gran altura pues aunque el sedal sí, la caña es posible que no resista si el ejemplar es crecido.
¿El mejor momento? Amaneceres y anocheceres, mejor los primeros, de esos días lluviosos —ni se os ocurra con tormenta— y fríos en los que apetece quedarse en casa con una manta sobre las rodillas y un tazón de chocolate caliente, esos días, saldremos a por ellas. Lanzaremos entre los canales rocosos donde se forman corrientes y turbulencias, recogiendo a la vez que damos pequeños tirones de forma que el señuelo cabecee haciendo algo similar a los conocidísimos dientes de sierra pero a menor escala.
Esta bonita técnica nos hará ver a esas mediokileras que antes despreciábamos con otros ojos. Eso sí, si miden menos de treinta y seis centímetros, de vuelta a nadar. No es el propósito de esta técnica buscar lubinetas, lo que sucede es que, al no abundar las grandes, las capturas más frecuentes son estas. Tampoco es el señuelo propicio para atraer peces pequeños en exclusiva, también lo atacarán los grandes, a no ser que pesquemos con micro twisters lo cual es una cañallada propia de quien se lleva a casa hasta las quisquillas.
PARA TERMINAR
Ronda el kilito. Que hermosa y noble batalla hasta dar con ella en tierra.Si me permitís unconsejo: cuando os sea posible pescad acompañados. Estaréis más seguros ante cualquier percance y tendréisquien os haga las fotos lubina en ristre.
Habrá días en los que será imposible lanzar con equipos tan livianos debido al fuerte viento. Entonces cederemos el turno a chivos y ondulantes o jigs de mayor envergadura, pero llevad siempre en el coche una caña ligerita y unos cuantos vinilos y, si veis que el día es propicio, dejad la artillería pesada en el maletero. Tras la primera picada os engancharéis sin remedio a este tipo de pesca.