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La Coctelera

¡ POR ALLÍ RESOPLA!

Categoría: MAR

30 Junio 2009

IX Maratón de pesca de Vizcaya

Mi compañero de pesca, Josu, viejo conocido de quienes frecuentáis esta página, y yo, nos propusimos afrontar nuestra primera competición. En los cuatro años que llevamos pescando juntos lo habíamos hablado en múltiples ocasiones, este año, por fin, llevamos a cabo nuestro proyecto. A título personal, aunque llevo dos décadas con la caña en la mano, me considero el más novato de los novatos en lo que a competir se refiere. Por ese motivo, la experiencia ha sido especialmente enriquecedora.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Josu Goicoechea y autor

 

Llegamos tarde, muy tarde, a causa de un contratiempo provocado por una carrera ciclista que retrasó a Josu mucho más de lo que sería deseable. Como era de esperar, nos tocó el último puesto. Lo que a priori parecía una desventaja, lo fue en cuanto al pesquil, se convirtió en todo lo contrario debido a que, el haber recibido el puesto 89, nos hizo vecinos de Joseba y Juan, a quienes me resultó imposible considerar competidores, sí compañeros, pues en todo momento se comportaron como tales. Prácticamente parecíamos miembros de un mismo equipo, pues la actitud de esta pareja fue siempre de sana camaradería, llegando incluso a echarnos una mano ante alguna dificultad que se nos presentó durante el concurso. Fue un auténtico placer pescar a su lado.

 

La primera captura: una chopa que picó a los diez minutos del primer lance y que fue devuelta a su medio pues era de talla inferior a la legal.

A las ocho en punto del día 27 de junio sonó la bocina y poco después calamos nuestros aparejos a poca distancia, recibiendo los cebos el irremediable ataque de la morralla. El escenario elegido para la competición fue la margen izquierda de la ría del Nervión a la altura del pueblo de Portugalete, no es un paraíso pero tampoco un desierto. Empleamos aparejos tipo chambel con tres gametas, dos flotantes, pero cambiamos de estrategia pues se revelaron extremadamente eficaces en la captura de pequeños espáridos que, en ocasiones por pocos centímetros, no puntuaban en la prueba por ser su talla inferior a la legal. Decidimos pasar al clásico aparejo de plomo corredizo y gameta única, además aumentamos la talla del anzuelo. Entre los diversos gusanos que empleamos como cebo, echamos en falta algún molusco, en particular la navaja, tan eficaz en esta zona con los sargos crecidos. Fue un error, de los muchos que cometimos a causa de nuestra inexperiencia en este tipo de pesca, del que tomamos nota y aprendemos, lo cual nos convierte en mejores pescadores y ya de por sí hace que merezca la pena participar en una competición.

 

Una de las simpáticas mojarritas que animaban la jornada, a pesar de no dar la talla, y que eran liberadas de inmediato.

 

 

Bien entrada la noche sólo las anguilas dieron la cara en nuestra zona, como ésta capturada por nuestros vecinos, aunque perdimos algunas piezas por culpa de las rocas sin llegar a saber lo que eran. Mientras, otros ya estaban sacando salmonetes y lubinas.

 

De madrugada, llegaron miembros de la Federación con cantidades ingentes de chocolate caliente y galletas, un detalle muy de agradecer durante tan prolongada jornada. Las horas pasaban entre charlas, lances, reponer aparejos y no pocos enroques. Nuestro vecino, Joseba, cogió una anguila preciosa que, ya que no puntuaba, fue devuelta al agua con total garantía de supervivencia pues vino clavada de la boca, algo poco frecuente en un pez que engulle el cebo con rapidez. A ello contribuyó, sin duda, el generoso tamaño de un anzuelo destinado a la lubina.

 

Inmunes al desaliento, lo seguimos intentando al amanecer.

 

Nuestro vecino, Juan, pendiente de los puntales al paso del tremendo navío.

Joseba preparando exquisitos bocados para las lobas.

 

En el momento de tomar esta foto apenas quedaba ya una hora para el fin de la competición.

 

Hermosa, y por desgracia no puntuable, anguila capturada por Josu casi al fin de la prueba.

Amaneció, la noche había pasado en un suspiro, aún nos quedaban unas pocas horas y, a pesar de haber casi doscientas cañas, era tan poco el pescado conseguido y tan escasas las piezas dignas de mención, que cualquier captura podía inclinar la balanza. Faltando poco para acabar la prueba veo mi línea apuntando en contra de donde había lanzado, clavo y, sí, algo de cierto peso se debatía al otro lado del hilo. Por desgracia no tuve suficientes reflejos y la pieza se enrocó sin remedio. Ignoro lo que pudiera ser, sólo puedo decir que no tiraba como un sargo. Nuestro vecino, Juan, logro un doblete de anguila y lubina, escapando  ésta última ya en superficie y, para finalizar, Josu sacó una anguila que sería la última pieza que veríamos antes de que una sonora bocina anunciase el fin del evento, lo cual sucedió a las 11 en punto del domingo tras quince magníficas horas de pesca.

¡Desastre! La caña de mi compañero sufrió un desafortunado percance.

Las dos piezas de mayor talla: una lubina y una dorada de algo menos de dos kilos cada una.

Todas las capturas, la mayor parte hechas en el sector uno, más cercano a la desembocadura.

 

Entrega de premios y sorteo: alguno perdió la caña que le había tocado por marcharse antes de tiempo.

 

El último lance que hiciéramos lo marcó la fatalidad, mi compañero trabó su anzuelo en un banco del paseo y, en el momento de realizar un enérgico lanzamiento, el carbono de su puntera se quebró sonoramente. Luego acudimos al reparto de galardones, donde otros viejos conocidos de esta página, el equipo de Top Pesca, obtuvieron un notable segundo puesto en un torneo marcado por la escasez de pescado. La primera pareja clasificada se llevó la nada desdeñable cifra de 2000 euros, además de sendos trofeos. Por último se sorteó numeroso material de pesca: estupendas cañas y carretes. Como conclusión, diré que premios y sorteos son secundarios, al menos desde mi punto de vista, pues la experiencia fue extraordinariamente grata a nivel personal y de disfrute de la pesca. Si nada lo impide, el año que viene volveremos.

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5 Febrero 2008

RAYAS DEL CANTÁBRICO

Queda patente en nuestros rostros la satisfacciónpor llevar a tierra esta bonita raya, máxime cuando la altura del espigón y las condiciones de la mar nos pusieron las cosas difíciles.


Texto: Juan Urrutia

Fotos: Luis de la Rica y autor


Son numerosas las especies deraya, pez cartilaginoso y pariente cercano de los tiburones, que habitan el Atlántico Norte, incluyendo el mar Cantábrico. Sin embargo su captura suele ser accidental, caen en engaños destinados a otros peces y son responsables de muchas picadas de infarto, pues algunas alcanzan grandes tallas, que no llegan a buen término, saldándose con un aparejo roto y un pescador que se preguntará siempre qué fue lo que partió el sedal.



Cómo pescarlas de forma habitual



No es sencillo encontrarlas con frecuencia, más bien todo lo contrario.

Sencillamente, no se puede, no resultaría productivo, por muy apetecible que sea su carne, dedicar nuestras jornadas a la pesca de la raya. Sin embargo hay lugares donde su captura esporádica puede darnos emoción a raudales y, si conocemos uno de esos sitios, podremos adecuar nuestros aparejos y equipos para que, en caso de engañar algún ejemplar, podamos llevarlo a tierra.



Dónde encontrarlas


La curiosa ubicación de este escenario permite lances hacia la playa, descansarán los aparejos en zonas poco profundas.

En el fondo del mar, matarile, matarile… Nunca mejor dicho pues se trata de un animal claramente ligado al lecho marino donde, lógicamente, encuentra alimento. Prefiere zonas arenosas y es durante la noche cuando se acerca a la costa hasta lugares de muy escaso calado. Es posible que pensemos que en un metro y medio de agua y a escasos diez o veinte de la orilla resulte imposible hacerse con un pez de cinco o diez kilos de peso, pero ahí está la raya para demostrarnos lo contrario. Será en estos lugares, durante las primeras horas de la pleamar, cuando nuestra protagonista se acercará

a la orilla en busca de gusanos, moluscos bivalvos, pequeños peces e incluso carroña.



Los cebos


Qué decir de la sardina, lo mismo vale para una mojarra mediokilera que para una raya de seis kilos, como es el

caso.

Así como la raya no destaca por su gran vista si lo hace por un extraordinario sentido del olfato y se sentirá atraída por cualquier cebo de origen cárnico. Entre estos destacan las grandes gusanas como el cordel y el americano. También moluscos sin valvas como la navaja y los mejillones nos darán resultado así como la universal sardina. Utilizando estos cebos, mientras esperamos a la raya, nos entretendrán sargos, congrios, lubinas y otros peces.



Equipo y aparejos



Los nervios templados de Luis, consumado pescador de congrios, jugaron a su favor, peleó la pieza

con calma, sin precipitarse, hasta que vencida enseñó lapanza.

Resulta habitual el uso de equipos muy potentes cuando pescamos desde playa o espigón, más por la necesidad de lanzar grandes pesos que por las posibles capturas de talla. A consecuencia de esto nuestra caña habitual de surfcasting y su correspondiente carrete nos servirán a la perfección, el cambio más importante estará en las gametas y en la línea madre. Respecto a las primeras, debido a los dientes de la raya, planos y altamente abrasivos, aumentaremos su grosor llegando al 0,35 o 0,40 para evitar roturas. Si compaginamos esta pesca con la del congrio –posible en playas mixtas o con roquedos cercanos- el terminal de acero nos vendrá de perlas y podrá caer cualquiera de las dos especies indistintamente. En cuanto a la línea madre, al no vernos obligados a realizar grandes lances para alcanzar nuestro objetivo, prescindiremos del puente de línea y usaremos los mismos grosores que los aconsejados para las gametas. Los aparejos casi no hace falta ni describirlos, os he hablado de ellos cientos de veces: el clásico plomo corredizo o, si lo preferimos, el paternóster con gameta larga para que el cebo repose cerca del fondo, cosa imprescindible en esta pesca.



Precauciones

A la hora de cobrar una pieza deberemos tener varias cosas en cuenta:

Si tritura, almejas, berberechos y navajas da miedo imaginar lo que haría con un dedo, no os fiéis de su apariencia, es extremadamente dura.

-Las diferentes especies de raya se alimentan, entre otras cosas, de almejas que trituran con su potente dentición. Mantened las manos lejos de su boca si no queréis perder un dedo.

Mucho ojo con estas espinas, inoculan una neurotoxina paralizante, tened en cuenta que, una vez fuera del agua, sacudirá la cola con idea de heriros.

-Además de la pastinaca (raya aguijón), que puede incluso causarnos la muerte (si pescáis una raya con un único y largo aguijón en la cola cortad el hilo), casi todas las demás especies poseen aguijones venenosos desde el final del cuerpo hasta la punta de la cola. NUNCA las cojáis por la zona caudal. Su veneno es neurotóxico –ataca al sistema nervioso- y paralizante. En caso de picadura aplicad todo el calor que podáis soportar en la zona afectada el máximo tiempo posible. Esto inactiva la toxina, luego acudid al hospital más cercano sin demora. Los efectos son similares a los de un anestésico local, durmiendo y privando de capacidad sensorial a la zona afectada. Durante la realización de este reportaje yo mismo pude experimentar lo antes descrito pues en el momento de sacarla del agua –lo cual las olas hicieron complicado al tiempo que me ahorraron la necesidad de ducharme- una de sus espinas me rozó el dedo de forma casi imperceptible y, a pesar de notar mucha mejoría tras aplicar calor, tuve el dedo corazón de la mano derecha dormido durante dos días.

Esta es la forma correcta de sujetar una raya, como de costumbre, el pez ha salido más favorecido que yo…

Visto que no se la puede coger por ningún lado y que sus aletas, única zona libre de peligro y comestible del animal, están cubiertas de un moco extraordinariamente resbaladizo… ¿cómo cobramos la pieza? Tras los ojos, frente a las hendiduras branquiales, tiene dos orificios, introduciremos por ellos los dedos y la izaremos de esta manera manteniéndola lejos de nuestro cuerpo. Esta tarea es mejor realizarla con guantes pues algunas especies también disponen de aguijones cercanos a esta zona. Sin embargo una sacadera de generosas proporciones –similar a las usadas por los carpistas- o un bichero serán las opciones más seguras.

Para terminar os diré que, a pesar de ser un manjar, no merece la pena llevarla a casa salvo que dispongamos de un lugar adecuado para limpiar el pez sin poner la cocina perdida de moco y arena, además de un afiladísimo arsenal de cuchillos para cortar la, más que dura, piel de la raya y despellejar los filetes. Si decidimos quedárnosla, sazonada, pasada por harina y bien fritita disfrutaremos del inconfundible sabor de sus carnes suaves y ligeramente dulzonas. Existen varias recetas muy populares según regiones, como la raya al ajoarriero en Asturias, pero eso ya es otra historia.

Por otra parte, la escasez de determinadas especies hace muy recomendable el captura y suelta.

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5 Enero 2008

NOCHE DE CONGRIOS


Un pez que siempre ha estado y estará rodeado de un halo de misterio, de historias marineras tan ciertas como uno desee que lo sean, es el congrio. Esa poderosa serpiente marina capaz de cercenar dedos, cortar gruesos sedales y doblar nuestros puntales peligrosamente.

Nuestro protagonista



EL CEBO

El congrio se guía en gran medida por el olfato y puede recorrer distancias considerables, siempre dentro de su territorio, para conseguir alimento. Esto significa que podemos atraer a este carnívoro irredento con cebos olorosos como la sardina, la anchoa, el chipirón o la caballa. Los anzuelaremos, según su tamaño, enteros o troceados. Las colas de hermosas sardinas o caballas parecen ser especialmente efectivas. Resulta interesante, al contrario que con la lubina, que el cebo no sea muy fresco. Unas sardinitas que lleven un par de días en la nevera pueden resultar un auténtico manjar para el congrio.


EL LUGAR



El congrio (Conger conger) es un animal ligado sinremedio a la roca y, por tanto, allí es dónde debemos buscarlo. No importa que esta sea natural o artificial si da refugio a nuestro protagonista y es pródiga en alimento.No todos los pedreros son igual de buenos para pescar congrios. Hay zonas, muy frecuentadas por los aficionados a esta emocionante pesca, que dan ejemplares con más frecuencia y de mayor tamaño. Por norma diremos que aquellas calas rocosas donde la vida bulle durante la bajamar y abundan pequeños peces, cangrejos, moluscos u otras presas potenciales del congrio serán excepcionales pesquiles. Los puertos, en especial los de gran actividad pesquera, esconden peces que harían temblar las piernas al más pintado y no es de extrañar encontrar alguna pieza en espigones e incluso en grandes rías, siempre que estas dispongan de lugares que le den cobijo durante las horas diurnas.



EL MOMENTO


Se pueden pescar sargos al amanecer, en plena noche o por la tarde, pero congrios no. Lucífugo como pocos, son los primeros momentos del crepúsculo hasta la medianoche, las mejores horas para la captura de este voraz depredador. Las mareas son infinitamente menos determinantes en este caso que, por ejemplo, en la pesca del sargo o la lubina. Podemos pescar congrios durante la bajamar, con poco calado, o en el punto álgido de la pleamar. Lo importante en el caso particular del congrio es que no esté la mar movida, pues no se defiende muy bien en este medio. Otro factor importante es la turbidez de las aguas, muy negativa para la captura de esta especie. Es además la del congrio una pesca de invierno, el resto del año las capturas descenderán de tamaño.



EL APAREJO

Muy simple y robusto. Podemos usar el clásico chambel o el de plomo corredizo, siempre con cable de acero y mostrando el cebo a poca distancia del fondo. No es problema el hecho de que el congrio recele, no desconfía en absoluto por el grosor del hilo, así que no será preciso pescar fino. Dado que además no tendremos que lanzar lejos para encontrarlo, una línea madre del 0,40 nos dará la seguridad necesaria para arrancar al animal del fondo sin ceder ni un metro de hilo. Esto es imprescindible, si no lo logramos en los primeros instantes de lucha buscará la roca y, una vez encuevado, no habrá forma de moverlo.



EL EQUIPO

Sobran aquí los carbonos de alto módulo y los trescientos rodamientos de los carretes de última generación. Necesitamos materiales que no se rompan, que resistan los rigores del medio rocoso y la tracción, a veces brutal, a la que someteremos a caña y carrete. Por ello cañas de fibra de vidrio —mejor maciza en la puntera— y carretes del tipo de los antiguos Daiwa GS o similares nos serán de gran ayuda. Un buen freno frontal de al menos diez kilos de potencia y un ratio bajo, cercano a 3,8-1, serán, unidos a una construcción robusta, con materiales de calidad, y gran capacidad para líneas gruesas, los requisitos que le pediremos a nuestro carrete. La caña, cuya longitud oscilará entre los tres metros y medio y los cuatro veinte, tendrá una potencia considerable, por lo menos 100-200 gramos de peso de lance.



PRECAUCIONES

Las mandíbulas del congrio son extraordinariamente potentes y, aún en pequeños ejemplares, pueden causar graves heridas. Un pez del tamaño de una anguila ya nos hará sangrar y soltar unos cuantos exabruptos. Si supera el kilo podemos perder un dedo o parte de él así que, si el pez no es grande y podemos desanzuelarlo, lo haremos con largos alicates para después devolverlo al mar. Si es de los que ya pueden aprovecharse para la cocina le daremos muerte seccionando su espina dorsal con un afilado cuchillo a la altura de las agallas, después lo echaremos a la cesta y cerraremos bien pues aún así puede, antes de morir, herirnos con su afilado pico córneo. En especial si no hemos sacrificado al pez correctamente. JAMÁS lo guardéis vivo, así seguirá al llegar a casa con el consiguiente peligro para vosotros y quien os acompañe en el momento de sacarlo de la bolsa.



CURIOSIDADES

Si pescamos un gran congrio con seguridad será una hembra. Los machos alcanzan tamaños muy inferiores a estas.

Se han pescado congrios de más cuarenta kilos desde embarcación. Estos inmensos ejemplares no suelen estar a tiro de caña sino a bastante profundidad pero aunque lográsemos clavar uno desde costa lo más probable es que no fuéramos capaces de llevar a buen fin la captura. Sin embargo si es posible hacerse con piezas de cinco a diez kilos en aquellas zonas especialmente querenciosas.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Luis de la Rica y autor

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28 Noviembre 2007

LUBINAS CON CHIVO

Ha pasado mucho tiempo desde que aquellos recios hombres de mar inventaran el “chivo” en tierras gallegas, sin embargo hoy día sigue estando de actualidad, tanto el original, que es poco más que un plomo con una cola de pelo de cabra –de ahí su nombre-, como sus “parientes”, los modernos peces plomeados de increíbles acabados holográficos.

El señuelo


Estos son comerciales, hechos con pelo sintético, pero muy similares a los de toda la vida.


La variedad dentro de los modelos modernos es casi infinita.

La lubina o el róbalo, como se la llama en Galicia, tan desconfiada y astuta, cae ante el engaño de un sencillo artificial compuesto de un cuerpo de plomo, un cordel de cuyos cabos penden dos anzuelos y pelo de chivo, hoy día también sintético, a modo de sinuosa cola. Su manejo no es complicado: hay quien lo trae rebotandosobre el lecho marino y quien lo recoge dando pequeños tirones pero casi todo el mundo coincide en que la recogida más efectiva es lenta y constante. Algunos chivos tienen forma ondulada lo que añade una acción más viva al señuelo durante la recogida. Los modernos peces plomeados, de similar uso, poseen colores y acabados asombrosamente realistas pero carecen de la “cola” tan característica de sus predecesores. Personalmente creo que resulta positivo añadir algún material tipo cristal flash o similar en la potera y, es más, cambiar esta por un anzuelo simple de numeración algo más alta. Con esto no sólo no bajará su efectividad sino que podremos arriesgar más el señuelo sin temor al enroque que, dicho sea de paso, tantas maldiciones nos hace soltar a los pescadores.

Cuándo y dónde


La mar picada en el roquedo, la lubina nos espera.

A pesar de parecer un contrasentido el hecho de lanzar y recoger constantemente una plomada en el roquedo, ése es el lugar idóneo para usarlo siempre que las atrevidas olas otoñales no nos permitan el uso de otro señuelo. Playas mixtas e incluso de arena pueden ser otras candidatas para usar a nuestro pesado aliado, siempre que la mar se rebele, claro, y la ola rompa con fiereza escupiendo cualquier pez artificial cual comensal agraviado por una mala comida.

El equipo



Captura algo superior al kilo, engañada por un chivo clásico.

Aquí juega un papel importante el peso de este fenomenal ingenio, que suele oscilar entre los cincuenta y los cien gramos siendo estos los pesos más comunes junto con el de setenta y cinco. Variaremos el peso en función del estado de la mar pero en todo caso nuestro equipo deberá poder lanzar estos gramajes por lo que una caña de entre cincuenta y ciento veinte o ciento cincuenta gramos de peso de lance será lo apropiado. Respecto a la longitud, puede oscilar entre los tres metros sesenta y los cuatro veinte. Todo depende de los riscos que debamos salvar en nuestros pesqueros habituales. Es importante pensar que en esta pesca itinerante portaremos el equipo siempre en la mano y lanzaremos varias decenas de veces cada hora. El cansancio hará mella en nosotros si nuestro equipo es excesivamente pesado. Respecto al carrete, no es importante que sea muy rápido, un ratio de cuatro con cinco a uno nos dará potencia para izar una buena pieza desde el acantilado y velocidad suficiente para no trabar nuestro chivo en el roquedo. Buena capacidad en la bobina se hará necesaria, los lances son largos y el sedal irremediablemente grueso, entre las treinta y cinco y las cuarenta centésimas, pues no lanzaremos peces nadadores de quince gramos precisamente.

La experiencia es un grado

Aquí se aprecia la bocaza del morónido capaz de engullir grandes presas.

Recuerdo como, hace ya bastantes años, un anciano pescador y compañero de pesquero lanzaba su chivo hacia la inmensidad del mar con el fervor de un joven. Cuántas lubinas habría echado a tierra, sólo él lo sabía. Sin embargo, gracias a la polivalencia de un equipo destinado a lanzar pesos cercanos a los cien gramos, cuando los peces no estaban por la labor de morder el engaño o la bajamar hacía difícil seguir con la técnica que nos ocupa, armaba un aparejo de fondo, cogía unos cangrejos, gusanas y hasta lapas para después lanzar su aparejo allá donde sabía de buena tinta que estaban las pozas y, por tanto, los peces. Maragotas, cabrillas, sargos, lubinas, algún pulpo y quién sabe cuantos peces más alegraban los ojos de aquel anciano de lánguida mirada y pesaroso caminar que sólo daba muestras de ilusión y alegría cuando se le hablaba de pesca, especialmente de la lubina.

Para terminar


Ojo con la mar que es traicionera.

No puedo dejar así las cosas, me veo en la obligación de advertir, en especial a quienes empezáis, de que está bonita técnica, tan productiva en días de mar fuerte y tan propia del traicionero Cantábrico, es, por las necesarias condiciones de mar fuerte para su práctica, bastante peligrosa. Nunca deis la espalda al mar y antes de acceder al puesto de pesca observad las olas durante diez minutos. Será tiempo suficiente para ver hasta donde llega la mala, nombre con que conocen los gallegos expertos en este arte a esa ola grande y fuerte que aparece de repente tras varios minutos de aparente calma. Mucho cuidado, que la mar se ha cobrado la vida de más de un incauto o codicioso pescador que ha arriesgado la vida por un par de peces. Ni la mayor captura merece tal sacrificio. Fijaros también en las mareas, aquí en el Norte la diferencia entre la bajamar y la pleamar es de muchos metros, y más en otoño-invierno que es cuando se pesca así la lubina. No sería la primera ni la última vez que presuroso y empapado un pescador sale del agua con un buen susto encima, en el mejor de los casos.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Julen Urrutia y autor

Tags: chivo, lubina

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6 Agosto 2007

MOJARRAS AL ANOCHECER (Lance pesado)

Confundida habitualmente con otras especies similares, la auténtica mojarra (Diplodus vulgaris), se caracteriza por dos manchas negras. Una tras el opérculo y otra en la cola.

Es muy difícil, por no decir imposible, seleccionar la picada exclusiva de la mojarra por la sencilla razón de que aparejos y cebos son idénticos a los utilizados para la pesca de otros espáridos y los hábitos alimenticios del pez en cuestión coinciden con los de otras especies similares como el sargo, por ejemplo. Por tanto lo que pretendemos cuando vamos a “mojarrear” es la pesca de variados espáridos.Como de costumbre intentamosque sólo nos entrasen los de mayor talla para evitar herir a los pequeños. En esta ocasión tuvimos la suerte de atrapar unas preciosas mojarras cuya picada no es tan habitual, y menos si son de buen porte, como la de otros de sus parientes cercanos.

EL MOMENTO y EL LUGAR

Buena marea, de las que mueven pescado, y un prometedor anochecer en el espigón.

Buscamos peces grandes así que el momento ideal no puede ser otro que la noche. Si además tenemos buena marea la cosa puede ponerse interesante. Respecto al sitio más querencioso podemos elegir entre espigones y roquedos. Aunque hay espáridos en casi todas partes estas son dos zonas donde el capturar un buen ejemplar es más sencillo.

CEBOS Y APAREJOS


Una presentación correcta de los cebos y la adecuada elección de estos acaba por dar sus resultados.

Esta es nuestra talla mínima. La espera puede ser larga, las capturas escasas y muchas jornadas volveremos sin nada pero cuando algo muerda nuestros anzuelos, merecerá la pena.

Hay cosas que por su sencillez y practicidad resultan siempre útiles y no pasan jamás de moda. Un claro ejemplo son el aparejo de plomo corredizo y el paternóster. Si pescamos en fondos sin excesivos obstáculos elegiremos el primero por lo bien que confía a los peces de buen tamañopues no encuentran resistencia al probar el cebo. Costumbre adquirida por sargos, doradas y lubinas que ya escaparon de algún anzuelo y están entrados en kilos. Si por contra acudimos al roquedo no nos quedará más remedio que recurrir al siempre socorrido paternóster. Las gametas serán largas, más de un metro, salvo que las rocas aconsejen lo contrario, y no demasiado gruesas,sin pasar del 0,30, a excepción, una vez más, de la amenaza rocosa. Por último, el elemento que de verdad va a seleccionar las mejores capturas y a evitar daños en alevines y sarguetes palmeros, el anzuelo. Será de numeraciones entre el tres y el uno, según fabricantes. Con estas medidas no entrará al engaño pez menor de medio kilo. Que no os parezca excesivo pues con este peso cualquier sargo o mojarra puede meterse entre pecho y espalda un anzuelo del uno. Nos facilitará, por otra parte, la tarea del desanzuelado haciendo más difícil que el animal trague hasta el estómago.

Es cierto que los moluscos del lugar son lo mejor que podemos poner en nuestro anzuelo pero ojo con las vedas y los cupos así como con las tallas mínimas.

Sin embargo todo lo dicho no sirve de nada sin el cebo adecuado. Utilizaremos moluscos frescos y a poder ser del lugar. Mejillones, navajas, ostras Pedrín, almejas o en su defecto los mismos cebos comprados en la pescadería, atraerán eficazmente a los peces hasta nuestros aparejos. Salvo que persigamos doradas, les quitaremos las valvas, los ensartaremos en la aguja de enfilar gusanos y, tras asegurarlos con bien de hilo elástico, los pasaremos al anzuelo como si de un políqueto cualquiera se tratase.

EL EQUIPO

El equipo ha de ser a toda prueba si ha de izar piezas como esta.

He hablado en más de una ocasión del equipo adecuado para pescar espáridos desde espigón, escollera o roca. Así que no me extenderé demasiado. Caña y carrete han de ser robustos, especialmente si tenemos que izar las piezas desde cierta altura. Cien doscientos gramos de peso de lance unidos a una acción media y cuatro metros veinte de longitud conformarán una caña todo terreno ideal para esta pesca y otras muchas. Un carrete que posea un ratio de entre tres con ocho y cuatro con cinco vueltas del pick up por giro completo de manivela y que además de un buen freno delantero albergue en torno a los doscientos metros de monofilamento de treinta y cinco centésimas en su bobina, será el complemento ideal. Un poco escueto, sí, pero poco más se puede decir.

EL FINAL

Se va la noche y nosotros con ella.

Merece la pena plantearse la pesca desde esta perspectiva. Pocas capturas pero buenas. Que no pican, al bocata y la charla distendida con los compañeros... sin embargo, si lo hacen, no traeremos peces que ni se sienten, disfrutaremos la pelea.

Buena pesca.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Josu Goikoetxea y autor.

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17 Julio 2007

BOGAS AL CORCHEO

Joven boguita a la que siguieron unas cuantas más durante una divertida y animada noche veraniega.

Hasta ahora no he hablado del corcheo marítimo y para corregir este injustificado abandono a los aficionadosatan bonita arte, comienzo con un pequeño reportaje sobre una de las especies más sencillas de capturar con esta técnica: la boga. El verano es una época ideal para tentar a este espárido de no mucho porte pero entretenido como pocos por la franqueza de su picada y la relativa sencillez de su pesca.



EL LUGAR

Llegamos con la noche a este sugerente escenario que bonitas capturas nos habría de deparar.

Encontraremos bogas (boops boops) en puertos y espigones, fundamentalmente, haciendo la tarea de encontrarlas sencilla y su pesca divertida. Si las atraemos con un macizo de sardina o similar tendremos que dejar la caña a un lado para comer tranquilamente el imprescindible bocadillo pues las constantes picadas no nos dejarán descansar ni un momento.



EL EQUIPO

Esta boga mediana se defendió aparentando mayor porte del que tenía.


No es necesaria la elección de un equipo específico para la boga pero si recomendable que no sea excesivamente potente. Esto hará que la pesca sea lo más entretenida y deportiva posible. Se trata de un pez luchador pero debido a que es raro ver ejemplares que pasen del medio kilo —aunque puede crecer algo más— si utilizamos un equipo sarguero las sacaremos como si fueran sardinillas. Por tanto, con una caña de cuatro a seis metros, dependiendo del pesquil, de 10 a 30 gramos o de 15 a 40 de peso de lance, como mucho, disfrutaremos más de la pelea. Respecto al carrete vale cualquiera ligero y rapidito, 5 vueltas del pick up por una de manivela al menos.



EL APAREJO

Sencillo aparejo que puede confeccionar

cualquiera.

Pescaremos a medias aguas así que el clásico aparejo de flotador fijo será nuestra principal elección. Teniendo en cuenta que no precisaremos de largos lances, que la línea madre será del 0,25 aproximadamente y el bajo sobre el 0,22 —aunque no es pez desconfiado—, un flotador lastrado de diez o quince gramos, variable según la mar que haga, cumplirá de sobra. El bajo medirá entre 1,5 y 2 metros llevando a unos 30 centímetros del anzuelo un pequeño perdigón o “chivato” que, al mantener cierta tensión en el bajo, haga más fácil la detección de las picadas. Un truquillo: si pescamos de día los flotadores cuya parte superior sea naranja en lugar de roja se verán considerablemente mejor. Si lo hacemos de noche, el luminoso nos señalizará la picada sin problemas.

Finalmente queda un punto importante: el anzuelo. Tanto si vamos a devolver los peces como si queremos pescar sin excesivas interrupciones es conveniente no abusar del pequeño tamaño. Tampoco podemos utilizar numeraciones muy altas ya que la boga es un pez de boca menuda así que anzuelos entre el ocho y el seis de tipo aberdeen nos facilitarán, aunque no siempre, el desanzuelado al evitar que el pez trague hasta el fondo.



EL CEBO

¿Para qué complicarse más? Barato, efectivo y

fácil de encontrar e incluso recolectar por nosotros mismos.

En este punto no hay que complicarse la vida. Aunque son múltiples los cebos, tanto animales como vegetales, aptos para esta pesca una cajita de gusana roja o de fango —miñoca en Galicia— nos dará grandes satisfacciones ya que su pequeño tamaño y blanda textura harán que las boguitas piquen como locas al tiempo que, por su economía y efectividad, nos resultará idóneo para esta pesca que bien pudiera ser adecuada para iniciar en este deporte a niños o amigos que se acercan por primera vez a una caña.

Bonita captura de Josu que, en su primera jornada al corcheo, consiguió unas cuantas piezas. En cuanto le cogió el truco al momento adecuado para clavar empezó a sacar peces uno tras otro.

Finalmente nos quedamos con unas pocas piezas para consumo propio, no de los vecinos, conocidos, jefes... Como dice el refrán: “el que quiera peces...”

Se fue la noche y con ella nosotros, la bulliciosa algarabía de las fiestas del pueblo y las bogas, hasta otro día.

El corcheo es una bonita modalidad y esta especie una de las más indicadas para iniciarse en ella o para pasar agradable noche de verano. Recordad que, aunque la talla mínima para su captura sean quince centímetros, esos ejemplares no son más que un manojo de espinas y es mejor que sigan nadando.

Buena pesca.

Texto e ilustración: Juan Urrutia

Fotos: Josu Goikoetxa y autor

Tags: corcheo, bogas

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24 Junio 2007

SARGOS CON EQUIPOS LIGEROS

El equipo ideal para disfrutar de una tarde-noche tras los sargos.

La tónica general a la hora de enfrentarnos al sargo suele ser utilizar cañas muy potentes, carretes aptos para sacar congrios crecidos y líneas con las que podríamos izar un piano de cola. Si creéis que exagero daros un paseo por nuestras costas y podréis comprobar como cañas de 100-200 gramos de peso de lance, armadas con auténticos “tractores” e hilo del 0,40 para arriba no son raras de ver. El uso de equipos más livianos nos proporcionará mayor emoción a la hora de cobrar la pieza y, por tanto, disfrutaremos más de la pesca en si. Además practicaremos nuestra afición de forma más deportiva.

LA CAÑA

Segundo de la tarde, cercano al kilo, pura adrenalina con este tipo de cañas.

De entre tres metros noventa centímetros y cuatro veinte, lo fundamental será que disponga de un puntal algo nervioso, acción media-rápida o de punta tanto para ayudarnos a evitar que el pez se enroque durante la pelea como para izarlo con garantías si es preciso. Rebajaremos la potencia hasta los cincuenta-cien gramos aproximadamente. Con una caña de estas características no sólo nos cansaremos menos por su ligereza, pudiendo mantener una distancia de lance constante durante toda la jornada, sino que la pelea con un picudo, breado o común, aunque cuente tan sólo con medio kilo de peso, supondrá una diversión muy superior que si utilizásemos uno de los habituales “garrotes” debido a las sensaciones que transmite una vara de estas características.

EL CARRETE Y LA LÍNEA

Bonito sargo pescado porJosu, que más tarde capturaría la pieza mayor de la jornada.

La robustez de una marca reconocida, no por fuerza cara, nos dará confianza en la eficiencia del carrete, sobre todo a la hora de subir un pez de talla hasta lo alto de un espigón. Hoy día prestigiosas casas fabrican carretes que por cuarenta o cincuenta euros cumplen con sobresaliente y durante largo tiempo con sus deberes. El gastarse más ya es decisión de cada cual y menos es arriesgarse a que falle en el momento más inoportuno, salvo que conozcamos bien el producto. Okuma y Shimano son dos ejemplos de marcas de cuya gama baja nos podemos fiar perfectamente reduciendo los precios anteriores en diez o más euros.

Sarguete palmero pero divertido con estos equipos. Por su escasa talla se ganó la vuelta al agua.

Vamos al grano, 4,5-1 de ratio y ciento cincuenta, doscientos metros del 0,35 han de entrarle en la bobina. ¿Rodamientos? No hacen falta cien, sino tres o cuatro de buena calidad. Y, por supuesto, un buen freno delantero, progresivo y robusto.

Respecto a la línea, cuidaremos que resista bien la abrasión o, lo que es lo mismo, el roce con el fondo y los obstáculos que en él se encuentran. Tendrá un diámetro variable entre el 0,35 y el 0,22. El primero si pescamos desde espigones o puertos y el segundo, unido al inevitable puente de línea, si lo hacemos desde playa.

EL APAREJO


La pieza mayor. El afortunado fue Josu que, tras un bravo combate, se hizo con un espárido kilero. Fue engañado por la finura del aparejo utilizado. 0,24 en la gameta, anzuelo de carbono del tres y, como cebo, el infalible mejillón.

En este punto tendremos en cuenta, sobre todo, las condiciones del medio. El peso de la plomada rondará los ochenta gramos lo cual puede ponernos en apuros en lugares donde la corriente sea excesiva o durante las mareas vivas. Aquí recurriremos a los tradicionales y más pesados equipos de toda la vida. Por lo demás, los aparejos serán los mismos pero afinando un poco el diámetro de las gametas. Es decir el paternóster y plomo corredizo seguirán sirviéndonos como principales aparejos a usar pero con un 0,22 o un 0,25, si la corriente lo permite, en las gametas. Recomiendo que estas sean de fluorocarbono por su resistencia al roce en bajos grosores. Desde hace poco podemos encontrar carteritas de anzuelos empatados con hilo de este material. Eso sí, son algo caras y si pescamos mucho es mejor hacernos con una bobina de cincuenta o cien metros que nos dará para media temporada.

Otra variación la encontramos en los anzuelos. De nada servirá una gameta fina si al final de la misma hay un grueso y pesado anzuelo pico de loro del número uno. Buscaremos los de carbono, ligeros, afilados y de alambre fino pero robusto, en numeraciones del cuatro al tres, dependiendo del cebo.

EL FIN DE LA JORNADA


Era la noche de San Juan. Chocolate, fuegos artificiales que parecían celebrar tan memorable jornada y un entorno que, incluso en ausencia de capturas, es suficiente para que el pescador, el de pura cepa, disfrute con su caña junto al agua.

Aparejos livianos y discretos dan, en condiciones adecuadas, una pesca más abundante y entretenida. Dependerá de muchos factores pero si acertamos con el lugar, el momento, el cebo y además pescamos fino llevaremos a tierra con más facilidad peces recelosos como la lubina o el sargo crecido, el menudo, aunque fácil de pescar, debe seguir nadando.

Buena pesca.

Texto: Juan Urrutia

Fotos: Josu Goikoetxea y autor

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11 Abril 2007

MÁS SOBRE LA ANGUILA Y SU PESCA

LANCE PESADO

(La anguila)

Es cierto que no es la primera vez que hablo de la pesca de la anguila, pero la verdad es que puede ser muy gratificante por sus buenos resultados a poco que hagamos bien las cosas.

Tras el primer artículo que trataba el tema de forma general y un reportaje sobre cierta técnica muy curiosa y efectiva para la pesca de nuestro escurridizo objetivo, hoy veremos la forma más habitual de pescarlas, la pesca a fondo, y algunos truquillos para que el hecho de capturar una anguila no sea una mera casualidad sino lo común de la jornada.

EL LUGAR

Anochece y comienza una prometedora jornada

Aunque se pueden encontrar anguilas en muchos lugares, puertos, desembocaduras, tramos medios de los ríos y rías en toda su extensión, existen zonas especialmente querenciosas para este pez.Si queremosasegurarnos el éxito las buscaremos en rías de tradición angulera, fondo fangoso y abundancia de alimento en forma de pequeños peces, —blenios y gobios—gusanos de todo tipo y crustáceos como la quisquilla. Son estos junto con la carroña los alimentos predilectos del anguílido.

Realizaremos lances no demasiado largos y acercaremos el aparejo hasta donde dejemos de sentir en exceso la fuerza de la corriente. De esta forma llegaremos a donde se alimenta habitualmente la anguila, que no es la mejor nadadora del mundo y prefiere zonas calmas donde le es más fácil capturar a sus presas.

Respecto al mejor momento, aunque pueden entrar con cualquier marea, me decanto por la baja. Al menos es cuando mayor número de capturas he conseguido. La diferencia es sustancial respecto a la pleamar, por ejemplo. Eso sí, siempre de noche.

Aquí la tenemos, la primera de la noche.


EL CEBO

Enfilando una coreana blanducha y “aromática.”

Aquí está el quid de la cuestión. La carnada será determinante para seleccionar la picada de la anguila y evitar que nos entren otras especies. Habrá quien se pregunte porque desechar otras posibilidades y centrarnos en un pez viscoso que parece más una culebra que un rico pescadito. La respuesta es sencilla: está riquísima y si sabemos atraerla podemos pasar una jornada muy divertida con abundantes capturas.

Yendo al grano, podemos decir que este pez se traga todo producto cárnico y oloroso que le quepa en la boca. Los cebos tradicionales como el hígado de pollo resultan inapropiados para está técnica por la facilidad con la que se sueltan del anzuelo durante el lance y si utilizamos gusanos varios nos entrará de todo... la solución está en acudir a la clásica gusana, fango —norte— coreana o la que más rabia nos de, siendo la última muy apropiada por su consistencia y buen precio, con la diferencia respecto a otras pescas de que en esta ocasión dejaremos que huela un poco. Un par de días o tres en la nevera, tampoco queremos que se pudran del todo, y cuando estén poco vivaces, blanduchas, malolientes e incluso algunas muertas, serán perfectas para atraer con sus efluvios a nuestra protagonista. Las ventajas son muchas: facilidad de obtención y conservación, resistencia en el lance y efectividad. Además la mayoría de los peces, no todos, las prefieren fresquitas y vivarachas por lo que nos libraremos de ellos, incluyendo a la morralla.

Josu, también conocido como el rey de la anguila, con el primer ejemplar de la jornada. Buena pieza, sin duda.

EL EQUIPO

Como de costumbre el pez, el quinto de este

fructífero día, ha salido más favorecido

que yo. Y, por otra parte, con un equipo ligero

la diversión se multiplica. La caña de la foto

tiene un peso de lance de 60-120 gr.

La caña

El “nervioso” puntero de una caña no excesivamente potente y de acción de punta nos hará notar el más mínimo toque del pez.

Usaremos la más liviana que nos permita la corriente. Es decir, si con ochenta gramos de plomada el aparejo no se mueve de su sitio, fenomenal, podremos usar una caña de 50-100 o 60-120 gramos de peso de lance. Si no es así, la que sea apropiada al pesquero, no al pez, que puede ser pescado con casi cualquier caña, salvo ejemplares muy crecidos. El motivo de recomendar cañas de menos potencia, de los habituales 100-200 gramos que se usan en estos escenarios, es que con ellas disfrutaremos más cada captura y, sobre todo, que los sensibles punteros de carbono de estas varas detectarán mejor la picada de la anguila que muchas veces consiste en un pequeño tirón y una leve tensión del hilo que podemos pasar por alto si no estamos atentos. Aunque es raro que se suelte, traga hasta el fondo incluso anzuelos grandes y de pata larga, estaremos perdiendo la posibilidad de pescar otra anguila mientras la caña no se encuentre en acción de pesca.

Una ventaja añadida de los equipos ligeros es el

Menor cansancio que sufrimos y la comodidad de su manejo.

El carrete

Sencillo y robusto. Cualquiera con capacidad para 150-200 m de hilo del 0,35 y un ratio de 4,5-1 será suficiente para izar, a veces muchos metros, a cualquier anguila.

El hilo

El que carguemos en el carrete, a gusto de cada cual, que resista los lances. Si la plomada oscila entre los 70 y 100 gramos de peso un 0,35 se hará necesario. Respecto al que usemos para las gametas, me voy a permitir recomendar fluorocarbono, no por su invisibilidad sino por su resistencia a la abrasión y, por tanto, a los dientes de la anguila, que si es de buen porte puede llegar a cortar el sedal al ser izada. Ojo con los dedos, que las grandes muerden.

El aparejo

Una de las características de la anguila es su capacidad para enredar bajos y dejarlos inservibles. Aunque existen sistemas que minimizan los líos pienso que, teniendo en cuenta la necesidad de cambiar de gameta con cada captura, bien porque la desgaste con sus dientes, bien porque se trague el anzuelo hasta el estómago, creo que sale más a cuenta utilizar el sencillo y efectivo sistema de plomo corredizo con un quitavueltas que tenga llaverito y nos permita cambiar rápidamente, sin complicaciones, la deteriorada gameta. No os preocupéis por el grosor de esta última un 0,30 —es orientativo— irá bien pero este pez se tragaría el cebo aunque lo ataseis a una maroma.

Claro ejemplo de lo que decía...


¿CAPTURA Y SUELTA?

Cuidado, pueden desplazarse por tierra igual que una serpiente y escapar de nuestra cesta.

Temo que, salvo pescando a tiento donde se clava nada más notar la picada, la mayoría de las anguilas traga rápidamente el anzuelo hasta el estómago. Hay quien sostiene que son capaces de sobrevivir a eso, y no dudo que alguna lo hará, pero estoy cansado de ver anguilas muertas que pescadores han soltado horas antes cortando el hilo nada más verlas por asco o injustificado desprecio a este manjar. Por ello recomiendo tomar medidas para evitar capturar pequeños ejemplares y no ser avariciosos, llevaremos las que vayamos a consumir, no más. En el primer caso es sencillo, anzuelos del cuatro al dos de pata larga evitarán que nos entren anguilillas adolescentes, aunque un anzuelo del cuatro puede ser ya engullido por peces que en apariencia no tienen tragaderas para ello. Sorprende su voracidad.

Respecto a aquellas que vamos a consumir, dado que pueden tardar mucho en morir —incluso, si la noche es fresca, podemos llegar con ellas vivas a casa— debemos darles muerte de forma rápida para evitarles sufrimientos innecesarios. La forma más sencilla es sujetar al pez con un trapo, de otra forma sería imposible, y dar un corte profundo en la nuca del animal con una navaja extremadamente afilada, pues de no estarlo el moco que recubre su cuerpo hará, aunque no lo creáis, resbalar la hoja sin producir corte. Debemos sentir que seccionamos la espina dorsal del pez, de lo contrario lo único que haremos será torturar al animal que seguirá vivo mucho tiempo tras ser herido.

No os llevéis ninguna inferior a la talla legal.

Esto varia según el lugar donde pesquemos, desde nada hasta veinticinco cms. Seguid la última cifra si queréis seguir pescándolas en el futuro.

Bonita captura de Josu.

OTRAS CUESTIONES

Qué bien sienta un bocadillo calentito a medianoche.

Si no tienes costumbre de pescar en horas nocturnas hay un par de cosas que es mejor no olvidar. Como que de noche refresca —a veces incluso en verano— y se hace necesaria la ropa de abrigo, -un buen impermeable forrado con tela polar nos protegerá del frío y de la humedad aunque no llueva- que la linterna frontal nos vendrá de perlas aún con alumbrado eléctrico y que a ciertas horas no encontraremos ni un bar abierto y mejor será llevar comida y bebida,a poder sersin alcohol, que ni el volante ni el mar se llevan bien con él, de sobra para los que seáis más el gorrón, que no falta nunca, capaz de soltar su caña con una lubina de dos kilos al otro lado en cuanto huele a tortilla de patata con pimientos.

Para terminar, unas toallitas desinfectantes, comer con las manos llenas de moco de anguila no es muy agradable, y un pequeño botiquín, nunca está de más, completarán nuestro equipo.

BALANCE

Comenzamos a las siete de la tarde, buscando sargos, que hicieron acto de presencia en forma de breado de dos kilos que se escapó estando fuera del agua y a punto de izarlo y de un joven común que fue devuelto a la ría. Realmente estuvimos muy poco tiempo en esta pesca pues enseguida anocheció y cambiamos el mejillón por la gusana dedicándonos de lleno a la anguila. La jornada que ilustra este reportaje se saldó con seis hermosas capturas y medio kilo de caracoles que cogió Josu entre picada y picada.

Suerte, y si gracias a este reportaje pescáis algún buen ejemplar, no olvidéis enviar la foto para la galería de capturas a:

acab1979@mixmail.com

Fotos: Josu Goikoetxea y Juan Urrutia

Texto: Juan urrutia

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