Hace dos fines de semana, Joseba, uno de los promotores de nuestro blog hermano, Mareas Vivas, realizó su primera incursión en la pesca fluvial. Fuimos juntos hasta un pequeño pantano de montaña donde esperábamos capturar algún lucio.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Había comenzado a adquirir su librea natural, llevaba tiempo en el pantano.
Nada más llegar a una de las mejores zonas para la pesca del esócido, me percaté de que se nos iba a complicar el día, las carpas estaban demasiado contentas, cebándose sin parar, signo de que no había depredadores activos en las cercanías. A pesar de ello, probamos fortuna tras alejarnos de los juguetones ciprínidos. Indiqué a mi amigo que lanzase paralelo a la orilla, hacia una zona donde, aunque no se percibe a simple vista, sé de buena tinta que el fondo cambia bruscamente proporcionando buenos apostaderos a los lucios. A pesar de no haber utilizado nunca equipos tan livianos (su técnica habitual es el surfcasting), lanzó con sorprendente precisión y, al poco de comenzar a recoger gritó “¡ya tengo uno”, le miré incrédulo, me extrañaba que hubiera algún lucio decente por las cercanías en actitud de caza. Pronto pudimos ver de qué se trataba, una trucha arco iris de más de un kilo era llevada a la orilla tras una breve pero bonita pelea. Estas truchas repobladas ni siquiera recelan del cable de acero.
Esta vez no dieron la cara, otra vez será...
Tras dar un paseo por los alrededores, probando con los señuelos que más capturas me han dado en los últimos catorce años y en las zonas más fructíferas del embalse, la jornada se saldó con dos picadas más en la caña de Joseba, presumiblemente de trucha, que lograron huir. Una de ellas, cercana a los dos kilos, se soltó tras saltar frente a él casi un metro fuera del agua, momento que quedó grabado en nuestras retinas como una preciosa estampa de pesca.
Este luciete sucumbió a los encantos de un Reef pencil
Seguro que todos los que perseguís al lucio regularmente sabéis de la efectividad de los señuelos de superficie con este voraz depredador. Dentro de éstos sobresalen los paseantes, pero son bastantes los ataques fallidos a causa de la escasa puntería del esócido cuando de cazar en superficie se trata. Por ello, si somos fanáticos de los paseantes, no debemos dejar de probar aquellos que evolucionan bajo el agua.
Texto y fotos: Juan Urrutia
A muchos pescadores les producen recelo este tipo de señuelos, al contrario que un pez artificial no vibran sólo con recogerlos, su acción no es tan evidente como la de aquellos. Sin embargo su efectividad queda fuera de toda duda, por supuesto que dicha efectividad depende en un 80 % del conocimiento de la especie que tenga el pescador y, por tanto, de que anime el señuelo de forma que atraiga al pez deseado, en este caso el lucio.
Paseando al perro
En estos señuelos son fantásticos en aguas someras
Así es como se denomina de forma habitual la acción de estos señuelos, un sinuoso zigzag que, según la velocidad a la que traigamos el artificial será más o menos atrayente para el esócido. Este movimiento lo conseguiremos dando cortos tirones laterales, no hace falta que lo hagamos hacia ambos lados, en cada tirón el señuelo cambiará de trayectoria. Es importante aquí el juego de muñeca.
La lucha del lucio, aunque sea joven, siempre es espectacular
Las pausas son fundamentales, una parada de pocos segundos en los que el paseante se hundirá más o menos lentamente para después recobrar la vida durante un par de metros más, atraerá la atención de cualquier lucio. Es la forma en la que se comporta un pez herido, lo cual resulta frecuente en cualquier pantano donde habite el lucio ya que los lapiceros se tiran sobre peces que no pueden engullir dejándolos en ocasiones bastante maltrechos.
Los cortados
Los cortados son excelentes lugares para probar suerte
Si bien un paseante común y corriente nos limita a la superficie, uno hundido amplía mucho nuestro campo de acción: podemos pescar justo bajo la película del agua o dejarlo profundizar a placer. Cuando nos enfrentemos a escenarios profundos, con bastantes metros bajo nuestros pies, lo ideal será dejar profundizar la muestra lo más posible, habrá que armarse de paciencia, estos señuelos no bajan tan rápido como un jig, por poner un ejemplo, y recoger dando los tirones hacia arriba, no lateralmente como si estuviéramos pescando aguas relativamente someras. Tres ó cuatro tirones y pausa, dejamos que el señuelo baje hasta tensar la línea de nuevo y repetimos la acción hasta orillar el señuelo o conseguir provocar a algún lucio que aceche por la zona.
Sonajeros y colores
Rapala sub walk y Reff pencil, dos buenas opciones
Existen paseantes hundidos con y sin sonajeros, aunque la mayoría los llevan, y son muy interesantes ya que provocan sobremanera al lucio, sobre todo si está activo. En cada tirón, el sonajero emitirá un sonido que irrita al esócido y es causa de fulgurantes ataques. Respecto a los colores, los mismos que nos funcionan pescando con minnows (peces artificiales) irán bien para estos señuelos: blanco, lomo oscuro-panza plateada, plata, marrón, rojo, verde y amarillo… la gama es inmensa pero los dichos son clásicos para toda situación y estado de las aguas.
Solamente queda que los probéis y disfrutéis de las picadas de infarto que os esperan ahora que es tiempo de lucios.
Jerbaits, minnows, Medium, Heavy… Términos que son comunes entre pescadores de lucios y causa de que quien empieza piense que esta pesca requiere un buen nivel de inglés para poder practicarla. Nos olvidamos con demasiada frecuencia de aquel que desea con todas sus fuerzas y gran ilusión pescar su primer lucio. El siguiente artículo está dedicado a todo pescador que pretenda dar sus primeros pasos en esta emocionante técnica.
El equipo
Para empezar no es necesario un gran desembolso pero si probada robustez en los materiales
Si acudimos a un comercio del ramo nos volveremos locos con tanta variedad de cañas. Para colmo algunas llevan el peso de lance en onzas y la longitud en pies, una locura. Diremos que, con una vara de dos metros diez de longitud, 15-40 gramos de peso de lance y, sobre todo, que sea bastante rígida, nos bastará para empezar. El carrete no debe suponer un gran gasto, estamos empezando, pero si convendría que fuera de marcas reconocidas (Shimano, Daiwa, Okuma…) para evitar sorpresas. Freno delantero, 4,5 a 1 de ratio (velocidad de recogida, significa que el pick up da 4,5 vueltas por cada una de manivela) y 150 metros de capacidad para monofilamento del 0,30 serán sus características idóneas.
El momento
Un lluvioso día de primavera, bastante oscuro e ideal para esta pesca
No estaba allí por casualidad, era su hora del almuerzo
Una duda muy común del aficionado suele ser cuáles son las horas más propicias para pescar a este magnífico depredador. Es importantísimo estar en el momento adecuado, tanto o más que la correcta elección del señuelo. Si acudimos al pantano en momentos de clara inactividad ya podemos lanzar durante horas con los mejores equipos y señuelos “lucieros” que no sacaremos ni un lapicero, término que en el argot del pescador significa lucio muy pequeño. Por norma general la actividad del lucio depende de la temperatura y oxigenación del agua. No tolera el calor, cuanto más crece menos lo aguanta, y, así como en invierno, principios de primavera y mediados-finales de otoño cualquier hora es buena, en verano tendremos que llegar al pesquil al amanecer y abandonar la pesca en torno a las 9 o 10 de la mañana si queremos disfrutar de alguna captura.
Observando primero para pescar después
Piscardos en la orilla de un pantano de montaña...
...y lucio capturado con una imitación de piscardo, pura lógica
Resulta difícil, casi imposible, reprimir las ganas de echar unos cañazos cuando nos embarga la ilusión por capturar nuestro primer lucio pero, si podemos, bueno será acercarse antes al pantano o río, ver lo que come el lucio y elegir nuestros señuelos imitando lo que hayamos observado. Además siempre es positivo ir sabiendo dónde hay árboles o rocas sumergidas, que son interesantes apostaderos para este pez.
Los primeros señuelos
Buena selección de señuelos para el lucio y, a la derecha, el imprescindible cable de acero
Sencilla de utilizar, económica y muy efectiva con ejemplares medianos
Los peces artificiales requieren cierta práctica para manejarlos bien, no todo es lanzar y recoger, pero las cucharillas giratorias y ondulantes no nos pedirán mucha destreza para conseguir capturas. Las giratorias, de pala ancha, en los números 4, 5 y hasta 6, serán ideales para comenzar y bastante económicas. Las ondulantes, en pesos de 12 a 25 gramos, serán un recurso muy interesante recogidas muy despacio. Los colores de ambas: plata, rojo, plata o blanco con puntos rojos, cobre, rosa y azul o amarillo y negro. Para comenzar no necesitamos más, salvo, por supuesto, unos cuantos bajos de cable de acero para evitar que los afilados colmillos del lucio nos corten el hilo. Su uso es sencillo: se anuda un extremo a la línea madre y se engancha el artificial en el llaverito que, la mayoría, lleva de fábrica. Por el momento nos bastará con los comerciales en colores marrón, negro o verde, ya tendremos tiempo de fabricarlos nosotros mismos más adelante.
La primera captura
Será en la primera huida cuando nos tiemblen las piernas y el pez nos ponga las cosas realmente difíciles
En el final de la pelea el lucio se mostrará relativamente pacifico
Cuando consigamos nuestro primer lucio, cuidado, al menor roce con sus dientes sangraremos un buen rato, el desanzuelado siempre con alicates de punta larga
Recogemos tranquilamente nuestra cucharilla cuando de repente ¡ZAS! Sentimos que algo detiene con mucha brusquedad el señuelo. Un lucio de dos kilos ha mordido el anzuelo y se dirige como un rayo hacia el fondo. Tranquilidad, el freno, que habremos regulado previamente al primer lance para que suelte hilo antes de que este se rompa, hará su trabajo. Si la pieza no supera los dos kilos en un par de carreras se cansará, es un pez muy rápido pero con relativamente poca resistencia, si controlamos la primera carrera, que será vertiginosa, tendremos casi todo el trabajo hecho. Si nos encontramos con animales más grandes la emoción crecerá pero la complicación también. La primera embestida de estos “tiburones de río” entrados en kilos puede dejarnos de piedra, romper el hilo e incluso el puntal de la caña si el freno está demasiado apretado. Nunca intentéis frenarlo a la fuerza en la primera huida, dejad que se canse. Esto es válido sea grande o mediano. Una vez cansado será sencillo acercarlo, pero siempre sin prisas, un buen ejemplar puede sacar fuerzas de flaqueza y dar al traste con la captura en el último momento.
La picada en la orilla de un lucio primaveral es un espectáculo sin parangón para el aficionado a la pesca con señuelos.
Hace poco que se ha abierto la temporada truchera, las aguas están frías, algo turbias quizás, y los lucios recobran su actividad tras la freza, momento en que conseguir una picada se hacía complicado pues el esócido pensaba más en el amor que en la buena mesa.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Si la turbidez es excesiva…
A principios de temporada la turbidez del agua nos obligará al uso de peces sonoros...
Veremos pocos lucios, no son las condiciones más idóneas para su pesca. Así como el frío no preocupa a este voraz depredador, el agua con demasiadas partículas en suspensión debido a las lluvias primaverales sí representa un obstáculo para el pescador. Pero no todo está perdido, nos queda la posibilidad de excitar otros sentidos del lucio, no sólo caza guiándose por la vista, su línea lateral detecta las vibraciones que producen otros peces. Usaremos para tal fin señuelos con sonajero, que naden nerviosamente aún en recogidas no demasiado rápidas y de colores llamativos. Señuelos tipo Rattlin Rapala manejados realizando los siempre efectivos dientes de sierra (zonas profundas) o en recogidas lineales con la puntera alta (en aguas someras) pueden darnos alguna alegría, quizás la única de la jornada.
Benditas ondulantes
Tan popular en el resto de Europa como ignorada en España, la cuchara ondulante es imprescindible para el pescador de lucios.
Debido a la lentitud con que pueden recogerse y a las vibraciones que producen, nos encontramos con un señuelo espectacular para la pesca del lucio. Una de las características que la hace adecuada para el principiante es que, al contrario que el pez artificial, no requiere un gran dominio por parte del aficionado para lograr buenas capturas. Cierto es que un pescador experimentado les sacará mucho más partido y que se pueden hacer virguerías con ellas pero una simple recogida lenta y continua ya provocará la ira de más de un lucio. Hay veces que el lucio está allí, no lo vemos pero está, y pasamos multitud de señuelos por delante de sus temibles narices sin resultado. En ocasiones basta con cambiar nuestros novedosos (y caros) artificiales por una ondulante para que ¡BINGO! Obtengamos la deseada picada.
Cuando saben latín…
Una imitación de piscardo fue la responsable de la captura de este bonito lucio.
En zonas muy presionadas el lucio ha visto tantos artificiales que, salvo en el caso de los ejemplares más jóvenes, recela de la mayoría de ellos. Estos lugares pueden ser desesperantes o convertirse en un reto emocionante para el pescador inquieto que se proponga la meta de engañar a estos lucios sabios. Los catálogos de pesca nos hablan de señuelos que imitan a peces heridos y similares. No, no es un pez herido, ni asustado, ni huyendo de un depredador lo que debemos imitar. Eso lo hace todo el mundo y nuestro lucio ya sabe de que van esos peces traicioneros que pasean sus colores tentadoramente por ríos y pantanos. Para mí en estos casos existen dos reglas: observar e imitar. Iremos al pesquil elegido sin caña, eso nos distraería de nuestro objetivo principal. Observaremos a las presas del lucio, pequeñas carpas, piscardos, bogas, truchas… casi cualquier pez que le quepa en la boca y esté presente en el lugar. Hecho esto buscaremos un señuelo que sea lo más parecido a los peces-presa de nuestro embalse (a poder ser en madera de balsa) y lo usaremos imitando sus movimientos habituales en busca de alimento. Practicaremos primero en la orilla y cuando tengamos dominado por completo el manejo de nuestro señuelo escudriñaremos con él todo punto susceptible de albergar lucios.
La de siempre…
Esta boquita de piñón atrapó una cucharilla Vibrax muy cerca de la orilla.
Seguro que habréis adivinado de qué señuelo se trata, cómo iba a escribir un artículo sobre la pesca del lucio sin hablar de las tradicionales cucharillas giratorias. Grandes, han de ser grandes, del cuatro al seis son las numeraciones más adecuadas. La pala será la de tipo colorado, ancha, para que emita muchas vibraciones y no requiera demasiada velocidad durante la recogida. Con lana roja en la potera (un clásico) u otros ornamentos a base de pelo de ciervo o fibras sintéticas resulta un señuelo ideal para iniciarse por su economía, sencillez de manejo y eficacia. En zonas muy castigadas por la pesca deportiva es posible que los peces la tengan un poco vista y que no logremos grandes ejemplares pero, nunca se sabe, la pesca no es una ciencia exacta.
Ya sabemos cómo pero… ¿dónde?
El esócido se encuentra a menudo en aguas someras.
Todavía no tendremos que madrugar por fuerza, el agua no se calienta durante la mañana (lo cual desagrada mucho al esócido) y el lucio permanece activo a lo largo de todo el día. Lo encontraremos apostado en aguas relativamente someras, hasta en pocos palmos de agua. Los mayores ejemplares suelen preferir cierto calado, pero no siempre es así. Por eso ésta es una de las mejores épocas para la pesca del lucio junto con el otoño, lo tenemos a tiro de caña y se encuentra muy activo. Como buen cazador al acecho que es, aunque también se mueve en busca de peces o cangrejos, el lucio aprovechará la ventaja que le den rocas, troncos sumergidos y otras estructuras. A veces un brusco desnivel en el fondo es suficiente para ocultar un pez que espera pacientemente a su presa.
Espero que estas líneas os sean de utilidad para atrapar unos buenos lucios primaverales. Este año, como habéis visto en las fotos, no está empezando mal.
Cuando preparamos una salida dedicada al lucio podemos elegir entre un amplio abanico de técnicas y equipos. El jigging es una de ellas y, además, tremendamente efectiva.
TÉCNICA Y SEÑUELOS
En la era de los vinilos hiperrealistas, los clási-
cos twister o mogambos siguen triunfando gra-
cias a su sinuosa acción.
Polivalentes como ningún otro señuelo, las
ondulantes con antihierbas tienen buenas
cualidades para el jigging.
Aunque principalmente se utilizan vinilos, dotados de un anzuelo plomado o jig, también podemos obtener resultados muy interesantes con cucharas ondulantes siempre que estas sean de un sólo anzuelo y lleven antihierbas. Esto se debe a que haremos trabajar los señuelos muy cerca del fondo y de lo contrario los trabazones serian constantes. Usaremos vinilos de tallas considerables —más de diez cms— para que a un gran lucio le parezca razonable gastar energía en su captura. El jigging, aplicado a este pez, está pensado para la búsqueda de grandes ejemplares. La razón es simple: el exócido se piensa las cosas dos veces antes de actuar. Si recogemos linealmente el señuelo capturaremos infinidad de impulsivos “lapiceros” pero raramente un buen ejemplar. Por eso, esta técnica, consistente en dejar llegar hasta el fondo nuestro artificial y, tras tensar el hilo, levantar lentamente la puntera para volverla a bajar, tensar y repetir así la operación hasta tener el señuelo a nuestros pies; permite que el exócido observe con detenimiento a su presa, decida si merece la pena y, al comprobar que no va rápidamente hacia la orilla para desaparecer, lo cual alarma a los lucios más resabiados, tomará el engaño con más confianza. El efecto que conseguiremos con el proceder antes descrito será el de hacer “saltar” el señuelo dándole un movimiento muy atrayente para el depredador.
Este sencillo esquema muestra la técnica a
seguir. Es fundamental ser constante y recorrer
todo el pantano si se tercia.
EL EQUIPO
Esta lucia fue pescada con la técnica descrita
en la primera salida a jigging de su captora.
La potencia del equipo dependerá del tamaño habitual de los lucios que pesquemos y del peso de los señuelos. Como orientación podríamos decir que una caña de 15-40 gramos de peso de lance o 15-60, si hay monstruos por la zona, cumplirá con cualquier lucio. Deberá ser muy dura, de las denominadas heavy, pues, tanto para trabajar bien el señuelo como para clavar correctamente o sentir la picada a cierta profundidad, se impone el uso de“garrotes”. Tal dureza nos restará sensaciones a la hora de la pelea pero es imprescindible. ¿La longitud de la vara? Los consabidos y polivalentes dos metros diez centímetros. El carrete, será rápido, 5-1 de ratio como mínimo y mejor más, para recuperar enseguida el sedal al bajar la puntera de la caña y no perder contacto con el señuelo durante mucho tiempo ya que eso equivale adesaprovechar picadas. Respecto a su capacidad, con cien o ciento cincuenta metros del hilo que usemos tendremos de sobra, los lances no serán muy largos por lo general.
Respecto al hilo, lo más recomendable es el trenzado, pero si como yo, sois un poco chapados a la antigua, en el mercado encontraréis monofilamentos (sobre un 0,30 será lo adecuado) de muy escasa elasticidad. Fundamental esto último pescando a varios metros de profundidad.
Para finalizar, aunque casi sobra decirlo, no olvidéis un buen y discreto cable de acero, Huid de los plateados y buscad los de color negro, verde o marrón.
Todo el norte de España está salpicado de pequeños embalses de montaña que abastecen de agua a pueblos cercanos. Lo normal es que sus poblaciones ictícolas sean las mismas de los ríos que los proveen del líquido elemento. Es decir, piscardos, bermejuelas, barbos, trucha común –muy poca- y, finalmente, arco iris de repoblación. La dificultad de la pesca en estos lugares no radica, por tanto, en engañar a peces recelosos sino en localizarlos. Una vez hecho esto tenemos el 80% del trabajo hecho. Los alicientes de esta pesca son, básicamente, el disfrutar de un entorno privilegiado rodeados de robledales, hayedos y peñas desde las que nos vigilarán un buen número de rapaces —ojo, en cierta ocasión un águila real se lanzó contrauna ondulante plateada que surcaba el aire arrepintiéndose en el último instante y a tal velocidad que no me dio tiempo a reaccionar— y la posibilidad de medirnos con truchas de buena talla que, si llevan mucho en libertad, pueden sorprendernos con una pelea propia de peces de mucho mayor porte. Vamos, esta es una pesca sin excesivas complicaciones pero divertida y dinámica.
¿DÓNDE ESTÁN?
Teniendo en cuenta que en la mayoría de nuestras aguas no se reproduce, el captura y suelta es una buena medida si queremos que, con el tiempo, podamos enfrentarnos a ejemplares crecidos que pongan a prueba nuestros nervios y experiencia.
En primavera recorrerán las orillas, a no más de veinte metros de distancia, en busca de comida y podremos pescarlas a cualquier hora. Si ya ha llegado el verano la cosa se complica, sólo se comportarán así al amanecer y, en menor medida, al anochecer. Tendremos entonces que buscarlas con señuelos que profundicen rápido -los peces estarán cerca del fondo-y se manejen despacio, inmejorables para esto las ondulantes o, en su defecto, giratorias de pala ancha -tipo colorado-de al menos ocho gramos de peso. Esto es muy general y, sabiendo que estamos a la hora adecuada y con el señuelo correcto, las buscaremos de forma activa a base de patearnos todo el pantano si hace falta.
SEÑUELOS
Peces nadadores para truchas recelosas y con
antigüedad en el embalse. Ideales para aguas
someras al amanecer.
Cucharillas aptas para cualquier situación
y con capacidad para profundizar bastante.
Cucharillas con “ornamentos” que atraerán
a las recién repobladas.
No es necesario complicarse la vida. Si sabemos que fueron repobladas hace tiempo unas imitaciones de los pequeños ciprínidos del lugar nos irán bien. De no ser así peces artificiales que les llamen la atención color naranja o fire tiger entamaños de cinco a ocho centímetros darán con alguna trucha en tierra. Lo más cómodo y económico, sin embargo, son las clásicas y siempre efectivas cucharillas. Serán del número tres, plateadas, plata con puntos rojos, librea trucha arco iris y algún color tipo amarillo o con pequeños faldones de pelo rojo. Siempre, eso sí, de pala ancha pues, al tiempo que emite más vibraciones que otros modelos, podremos recogerla con la suficiente lentitud para que las vagas y panzonas iris no fallen ni un ataque.
LA PELEA Y EL EQUIPO
Un ejemplar como este, que pasa holgadamente el kilo, nos hará disfrutar de lo lindo. Todo un lujo si el entorno acompaña.
En cierta ocasión, hace ya bastantes años, enganché una ondulante de treinta gramos color caballa, destinada al lucio, en un tronco. Cuando tiré del hilo para partir el nudo el “tronco” se empezó a mover lentamente y, tras un buen rato de incertidumbre durante el cual no sabía si ganaría el pez o yo, asomó una arco iris de poco más de un kilo. Quedé asombrado, un pez de kilo a punto de doblegar mi caña luciera de 15-40 gramos de peso de lance y sacando hilo de tal forma que me costó lo suyo ganarle terreno. Era preciosa. El lomo verde oscuro punteado, los flancos irisados como si fuera un ejemplar salvaje del río Yukón y qué bravura... Obviamente llevaba mucho en el pantano. Si tenemos la suerte de atrapar una de esas feroces truchas no olvidaremos fácilmente la lucha con tan noble y brioso animal. Lo habitual, todo hay que decirlo, es que las capturas no den tanta guerra, salvo que sean grandes y hagan “cantar” al carrete sacando unos cuantos metros de hilo, sin embargo, se les cansa con relativa sencillez pues les falta la inteligencia instintiva y el conocimiento de su entorno necesarios para ponernos las cosas difíciles escapando hacia aquellas raíces sumergidas o rozando el hilo con esa roca que no vemos. A pesar de ello es una pesca entretenida.
Elequipo apropiado nos ayudará a cansarnos menos y a disfrutar más de cada captura. Un detalle, la costera, aunque practiquemos el captura y suelta al 100%, nos será muy útil. Yo la he reconvertido en medio de transporte para cámara de fotos, bocadillo, un pequeño termo o botellín de agua y el imprescindible botiquín.
Respecto al equipo, nada más sencillo, caña de lance ligero de 5 a 20 gramos de peso de lance o de 10 a 30, si sabemos de la presencia de truchones, que tenga una longitud de dos metros diez. Más larga nos cansará durante una jornada en la que realizaremos cientos de lances y más corta nos restará capacidad de maniobra y metros en el lance pero tampoco pasa nada por usar una de metro ochenta, según gustos.
El carrete, ligero, con un ratio de entre 4,5-1 y 5-1, mejor no demasiado rápido pues nos haría incómodo el manejo relativamente lento del señuelo necesario en esta pesca. Por lo demás un buen freno, delantero o trasero pero progresivo, que no usaremos sedales muy gruesos, completa los requerimientos del carrete apropiado. Cargaremos la bobina, que tendrá capacidad de unos cien, ciento cincuenta metros de hilo, con monofilamento de entre el 0,18, si necesitamos hacer largos lances y las truchas son recelosas, y un buen 0,22 en caso contrario.
No es frecuente que en las pequeñas poblaciones cercanas, a veces deshabitadas, encontremos bares y restaurantes, en ocasiones ni siquiera una fuente, así que llevad de todo: agua, comida, móvil y cámara de fotos para recordar la jornada y presumir con los amigos si hay capturas. No está demás ir acompañado pues debido a la
altitud y presencia montañosa en ocasiones no tendremos cobertura y si ocurriera algún percance...
Hasta aquí unas ideas generales sobre una pesca entretenida y que nos hará bajar esos kilos de más recorriendo el perímetro de estos pequeños embalses rodeados, normalmente, de una naturaleza exuberante y autóctona que procuraremos siga así evitando dejar huella de nuestro paso en forma de basura, sedal usado —muy peligroso para las aves— y otras sorpresas desagradables que a veces nos encontramos hasta en los lugares más paradisíacos.
¿BASS CON PECES ARTIFICIALES? SÍ, PERO, ¿DE QUÉ COLOR?
Existen millones de señuelos que son perfectamente válidos para la pesca del bass. Dentro de estos los hay en colores de fantasía y naturales. La polémica entre los partidarios de unos y otros es y será eterna, no pretendo ni puedo solucionarla, pero basándome en mis vivencias en la pesca de este brioso animal intentaré exponer los, a mi modo de ver, pros y contras de cada tipo de librea.
NATURALES
Trucha común, bermejuela, bass y tenca. Son peces que habitan muchas de nuestras aguas continentales. Sin embargo estos colores, por si solos, no garantizan el éxito.
Comencemos por las libreas naturales. Un pez artificial que imite a la perfección al pez pasto más frecuente de un determinado embalse o río nos ayudará mucho pero si pescamos con él a horas inadecuadas, de baja actividad, o no lo manejamos correctamente, el bass lo ignorará, en el primer caso, o recelará, huyendo muchas veces, en el segundo, sobre todo si la zona sufre mucha presión de pesca. Esto es muy fácil de decir pero, ¿cuales son las horas correctas y la manera adecuada de trabajar un señuelo?
El horario del bass es caprichoso y varía según la latitud y el clima ya que se ve influido en gran medida por la temperatura. No le gusta el frío, pero tampoco el calor excesivo. Es decir, en primavera y principios de otoño puede mostrar actividad a horas muy dispares, en algunas zonas casi todo el día, en verano amaneceres y anocheceres serán los mejores momentos y en invierno... lo ideal es ver las fotos de los que hemos pescado durante el resto del año acompañados de un buen tazón de chocolate caliente.
Dicho esto queda lo fundamental, cómo se deben manejar nuestras fieles imitaciones de la morralla del lugar. Sería digno de un papanatas intentar generalizar sobre algo tan diverso y dar clases magistrales para que pesquéis con tal o cual movimiento o sistema. Sólo tengo un consejo:
Una trucha, una bermejuela, alevines de barbos, tencas, carpas, basses etcétera, tienen comportamientos muy distintos entre si. Obsérvalos y que tu pez artificial se comporte como ellos, a la misma hora y en el mismo lugar en que estén presentes de forma habitual.
Es importante que cambiéis el tamaño de los señuelos a medida que crecen los peces pasto, pues el centráquido se acostumbra a presas de un determinado tamaño en cada época. Una carpa al nacer en primavera mide pocos milímetros y pasados seis meses medirá cinco centímetros, los alevines del año anterior tendrán un tamaño de unos diez... Buscad en que tamaño abunda más el alimento de nuestro protagonista. Os sorprenderán los resultados.
Los resultados.
PROS DE LOS COLORES REALISTAS
Confían al pez por asemejarse
a su alimento habitual.
Nos dan opción a utilizar una imitación
determinada según lo que esté cazando el bass.
En aguas claras un bass puede desplazarse
varios metros, más de diez, si lo que ve le
parece comestible.
Contras
No provocará el ataque por irritación
o enfado. El bass puede resultar muy
irascible pero no le molesta ver pasar
un pez al está acostumbrado a vez por
todo su territorio.
No será detectado con facilidad en aguas turbias.
En determinados escenarios, demasiado presionados, el bass puede tenerlos muy “vistos”. No serán pocos los que piensen en utilizar aquello que imita a su alimento natural para capturarlo.
FANTASÍA
Sí, incluyo la trucha arco iris porque, realmente,
no existen truchas,de esta especie,que midiendosiete centímetrosluzcan
librea adulta. Sin embargo, la proliferación de
carpines dorados en muchas masas de agua
a causa de la suelta ilegal -a veces bienintencionada liberación de mascotas- ha convertido el naranja en un color casi “natural” a los ojos del bass.
Existen ocasiones en que colores que no imiten nada en concreto pueden provocar el ataque del bass. Si nuestro objetivo no tiene hambre, no se encuentra en una clara actitud de caza, o dispone de tanto alimento que nuestros señuelos son constantemente ignorados, cosa frecuente en charcas y pequeños pantanos, tendremos que buscar otra motivación en el pez para provocar su picada. Recuerdo el caso de un muy bien alimentado bass al que intenté pescar una y otra vez sin éxito. Estaba muy cerca de la orilla y yo me ocultaba tras unos juncos para no asustarlo, finalmente, anudé al extremo de la línea un pequeño artificial, tres centímetros, lo lancé con precisión a un par de metros del pez y lo llevé muy lentamente hasta él tocando muy levemente la aleta caudal del bass con el babero de la imitación y, ¡bingo! Se giró con verdadera fiereza engullendo el falso pececillo. A todo el mundo le molesta que le despierten mientras sestea ¿o no? Esta es una situación extraña pero ilustra muy bien como el black bass puede atacar por irritación y aquí es donde los colores vistosos juegan un papel importante.
Por otro lado, cuando nos encontramos en aguas turbias donde las libreas naturales se disimulan y tan sólo atraerán al centráquido las vibraciones de nuestro pez artificial, ganaremos muchos puntos a nuestro favor si además puede detectar nuestro artificial desde cierta distancia gracias a sus llamativos colores.
Este jovencito atacó un a Rapala articulado
de once centímetros en color azul y blanco.
Es obvio que el ataque fue motivado por la ira y la territorialidad.
PROS DE LOS COLORES DE FANTASÍA
Provocan picadas por irritación o enfado.
Son detectados en aguas turbias.
Posibilitan la pesca de peces que no tienen hambre.
CONTRAS
En aguas claras pueden llegar a asustar al pez –peces muy resabiados- o provocar su recelo.
Poco útiles ante peces apáticos.
Falsas picadas –el bass comprueba si “eso” es de verdad-
En esta fotografía, de no muy buena calidad, puede apreciarse A otra víctima de los colores naturales. En este caso de un artificial de siete centímetros color trucha común.
No sé si habré arrojado algo de luz, o quizás más confusión, sobre este asunto de los colores. En todo caso mi conclusión es que los colores más adecuados para pescar el bass varían tanto según la masa de agua y sus condiciones que no nos queda más remedio que observar, aprender y después pescar. Y esto se repetirá cada vez que pesquemos en un lugar nuevo.
Cuando hablamos de pescar lucios, normalmente pensamos en peces artificiales, vinilos holográficos, o cucharillas giratorias, tal vez en algún popper o paseante, pero tendemos a olvidar la siempre efectiva, y muy popular en el resto de Europa, cuchara ondulante.
Pensado para la lubina, este modelo puede ser útil pescando lucios aunque sería recomendable cambiar la ancoreta de acero inoxidable por una de carbono. De esta forma penetrará mejor en la durísima boca del exócido.
Casi todos los señuelos pescan lucios, por no decir todos. He visto a estos voraces peces engullir jóvenes patos, atacar al brillante envoltorio de un helado que flotaba inerte en el pantano y podría seguir con mil historias más incluyendo una en la que un yorkshire terrier es engullido por uno de estos feroces depredadores mientras nadaba o la de un burro que pescó un enorme lucio al ser mordido en el hocico mientras bebía y quedar el pez con las mandíbulas trabadas en el morro del pobre equino. Es cierto que algunas de las leyendas que circulan en torno a nuestro protagonista son producto de la fantasía de pescadores muy imaginativos pero qué bonito es creérselas. Vuelvo de los cerros de Úbeda y, una vez ilustrada la voracidad del lucio, paso a hacer una aclaración: casi todos los señuelos pescan lucios, pero sólo unos cuantos atraen a los grandes.
Luciete kilero pescado con un sencillo twister de vinilo. Claro ejemplo de señuelo que da muchos lucios pero normalmente de modesto tamaño.
Las cucharas ondulantes, unos modelos más que otros, tienen la facultad de llamar la atención de peces de cierta talla. Proporcionalmente a, por ejemplo, las giratorias, se clavan con ellas muchos menos ejemplares de corta edad.
Tres colores de un mismo modelo: la minnow spoon de treinta y dos gramos. Letal con lucios de gran tamaño. Por desgracia cada vez esta menos presente en nuestro país así que si la encontráis en algún comercio no desaprovechéis la ocasión.
CÓMO, CON QUÉ, DÓNDE Y CUÁNDO...
Varias preguntas cuya respuesta será diferente dependiendo del pescador que las responda. Intentaré explicar la forma en que me gusta pescar con ellas.
La forma ideal de manejarlas, con esta especie, es lentamente. Cuanto más mejor, en recorridos lineales o a cortos tirones nunca excesivamente rápidos. La profundidad a la que pesquemos dependerá de la época del año y la actividad del lucio que puede verse alterada por varios factores, principalmente la temperatura y el nivel del agua así como la abundancia de alimento. Pero esto no representa un gran problema, ya que si en alguna capa de agua el lucio está por picar podremos llegar a ella con nuestra ondulante. Con este señuelo tenemos la posibilidad de prospectar las profundidades o levantando el puntal de nuestra caña “surfear” en superficie. Esto último sólo lo haremos en momentos de frenética actividad.
UN EQUIPO PARA LA ONDULANTE
Respecto al equipo, es conveniente, tanto para poder hacer lances largos y precisos como para clavar correctamente, que conste de una caña algo dura pero sin llegar a ser un garrote. Una medium heavy cumplirá perfectamente.
El carrete puede ser cualquiera que tenga un freno progresivo, el primer arranque de un buen lucio puede ser tremendo, y tenga una capacidad de 150m de hilo de 0,30 milésimas. La alta velocidad de recogida, al contrario que en la pesca con vinilos, será innecesaria e incluso molesta pues trabajaremos los señuelos con lentitud.
Personalmente creo que es importante la comodidad y la ligereza en un equipo de lance ligero-medio que vamos a cargar durante muchas horas y con el cual vamos a dar cientos de varazos a lo largo de la jornada. Por ello busco cañas livianas. Hoy día existen buenas y no muy caras varas de pesos de lance entre 15-40 y 15-60 que no pesan más de ciento cuarenta gramos para una longitud de dos metros diez. También pido lo mismo para el carrete que, por otra parte, no ha de ser muy rápido, pero sí tener cierta capacidad en la bobina. Si conseguimos un equipo compensado y ligero podremos pescar lucios, salvando las diferencias, casi como si fuesen truchas; nos cansaremos menos y además disfrutaremos más de la pelea. No nos ha de preocupar la potencia, pues las buenas piezas se traen “bombeando” es decir, haciendo el trabajo duro con la caña.
Ha llovido mucho desde esta foto, pero aún recuerdo la bonita y enconada pelea de este lucio, a pesar de no ser muy grande, pescado con un equipo ligero. También recuerdo el frío que hacía.
Tengo que reconocer que el pez salió más favorecido que yo.
Respecto al sedal, mejor no correr riesgos, el lucio no es receloso con este aspecto, que sí con los artificiales si existe mucha presión de pesca en el lugar, y un mínimo de 0,25 milésimas si no hay peces muy grandes en la zona será lo adecuado. Subiremos a un 0,30 si los hay o si están presentes obstáculos, cosa frecuente pues son apostaderos preferentes del lucio, que pudieran cortar nuestra línea. Es frecuente ver aficionados que se quejan de lo poco luchador que es el exócido pero resulta que lo pescan con cañas de 50-100 gramos de peso de lance e hilo del 0,35. A esto se une el que jamás habrán sacado uno de más de dos kilos...porque incluso con esos equipos un buen lucio te puede hacer sudar para sacarlo. Por desgracia dichos ejemplares escasean por culpa del captura y merienda así que se impone cierta finura en las artes de pesca si queremos disfrutar de esta apasionante modalidad.
Por supuesto, a pesar de la longitud de algunos de estos señuelos, no olvidaremos el correspondiente cable de acero, a poder ser negro o marrón, o un tramo de fluorocarbono del 0,40 de treinta centímetros de longitud al que ataremos un quitavueltas con llaverito en un extremo y sin él en el lado que irá a la línea madre. Aunque no lo creáis es bastante efectivo.
En primer lugar tenemos una Evy de doce gramos, buena copia de la clásica Toby de Abu Garcia la cual vemos debajo y finalmente una antigua ondulante de marca desconocida. Todas son aptas para conseguir nuestro objetivo: pescar un buen lucio.
Los finlandeses siempre han sido geniales creando señuelos y estas Inkoo de veintiséis gramos no podían ser otra cosa que maquinas de capturar grandes lucios. Los colores de las cucharas de la fotografía son muy pescadores y aunque reconozco que en momentos puntuales las libreas de fantasía pueden dar resultado prefiero utilizar colores naturales y, cómo no, los plateados, cobrizos y dorados de toda la vida.
Bonita hembra de lucio en torno a los tres kilos de peso pescada a principios de primavera. Será ésta, junto con el otoño la mejor época para su pesca. Llegado el verano nos veremos obligados a comenzar la jornada al alba y dejar de pescar a las nueve o diez de la mañana por la falta de actividad luciera a causa del calor. Además bajará la talla media de las capturas.
Me gustaría recomendaros realizar esta pesca acompañados, tanto por motivos de seguridad como por la ventaja de disponer de un fotógrafo que inmortalice esas capturas que nuestros amigos se empeñan en dar por falsas a no ser que presentemos pruebas. Mi mala costumbre de pescar solo me ha privado de muchos buenos recuerdos fotográficos. Además, a veces pescaremos en lugares poco frecuentados donde una simple torcedura o indisposición, por leve que sea, nos puede hacer pasar un mal rato.
Sólo me queda deciros que ya pesquéis en río o pantano las posibilidades de triunfar con estos señuelosestupendos, y económicos si los comparamos con los peces artificiales, es muy grande. No voy a ocultar que es uno de mis favoritos para la pesca del pez más voraz, rápido y colosal que puebla nuestras aguas continentales. Eso sí, devolvedlo al agua previa foto si queréis seguir pescándolo en el futuro.