Este luciete sucumbió a los encantos de un Reef pencil
Seguro que todos los que perseguís al lucio regularmente sabéis de la efectividad de los señuelos de superficie con este voraz depredador. Dentro de éstos sobresalen los paseantes, pero son bastantes los ataques fallidos a causa de la escasa puntería del esócido cuando de cazar en superficie se trata. Por ello, si somos fanáticos de los paseantes, no debemos dejar de probar aquellos que evolucionan bajo el agua.
Texto y fotos: Juan Urrutia
A muchos pescadores les producen recelo este tipo de señuelos, al contrario que un pez artificial no vibran sólo con recogerlos, su acción no es tan evidente como la de aquellos. Sin embargo su efectividad queda fuera de toda duda, por supuesto que dicha efectividad depende en un 80 % del conocimiento de la especie que tenga el pescador y, por tanto, de que anime el señuelo de forma que atraiga al pez deseado, en este caso el lucio.
Paseando al perro
En estos señuelos son fantásticos en aguas someras
Así es como se denomina de forma habitual la acción de estos señuelos, un sinuoso zigzag que, según la velocidad a la que traigamos el artificial será más o menos atrayente para el esócido. Este movimiento lo conseguiremos dando cortos tirones laterales, no hace falta que lo hagamos hacia ambos lados, en cada tirón el señuelo cambiará de trayectoria. Es importante aquí el juego de muñeca.
La lucha del lucio, aunque sea joven, siempre es espectacular
Las pausas son fundamentales, una parada de pocos segundos en los que el paseante se hundirá más o menos lentamente para después recobrar la vida durante un par de metros más, atraerá la atención de cualquier lucio. Es la forma en la que se comporta un pez herido, lo cual resulta frecuente en cualquier pantano donde habite el lucio ya que los lapiceros se tiran sobre peces que no pueden engullir dejándolos en ocasiones bastante maltrechos.
Los cortados
Los cortados son excelentes lugares para probar suerte
Si bien un paseante común y corriente nos limita a la superficie, uno hundido amplía mucho nuestro campo de acción: podemos pescar justo bajo la película del agua o dejarlo profundizar a placer. Cuando nos enfrentemos a escenarios profundos, con bastantes metros bajo nuestros pies, lo ideal será dejar profundizar la muestra lo más posible, habrá que armarse de paciencia, estos señuelos no bajan tan rápido como un jig, por poner un ejemplo, y recoger dando los tirones hacia arriba, no lateralmente como si estuviéramos pescando aguas relativamente someras. Tres ó cuatro tirones y pausa, dejamos que el señuelo baje hasta tensar la línea de nuevo y repetimos la acción hasta orillar el señuelo o conseguir provocar a algún lucio que aceche por la zona.
Sonajeros y colores
Rapala sub walk y Reff pencil, dos buenas opciones
Existen paseantes hundidos con y sin sonajeros, aunque la mayoría los llevan, y son muy interesantes ya que provocan sobremanera al lucio, sobre todo si está activo. En cada tirón, el sonajero emitirá un sonido que irrita al esócido y es causa de fulgurantes ataques. Respecto a los colores, los mismos que nos funcionan pescando con minnows (peces artificiales) irán bien para estos señuelos: blanco, lomo oscuro-panza plateada, plata, marrón, rojo, verde y amarillo… la gama es inmensa pero los dichos son clásicos para toda situación y estado de las aguas.
Solamente queda que los probéis y disfrutéis de las picadas de infarto que os esperan ahora que es tiempo de lucios.
Jerbaits, minnows, Medium, Heavy… Términos que son comunes entre pescadores de lucios y causa de que quien empieza piense que esta pesca requiere un buen nivel de inglés para poder practicarla. Nos olvidamos con demasiada frecuencia de aquel que desea con todas sus fuerzas y gran ilusión pescar su primer lucio. El siguiente artículo está dedicado a todo pescador que pretenda dar sus primeros pasos en esta emocionante técnica.
El equipo
Para empezar no es necesario un gran desembolso pero si probada robustez en los materiales
Si acudimos a un comercio del ramo nos volveremos locos con tanta variedad de cañas. Para colmo algunas llevan el peso de lance en onzas y la longitud en pies, una locura. Diremos que, con una vara de dos metros diez de longitud, 15-40 gramos de peso de lance y, sobre todo, que sea bastante rígida, nos bastará para empezar. El carrete no debe suponer un gran gasto, estamos empezando, pero si convendría que fuera de marcas reconocidas (Shimano, Daiwa, Okuma…) para evitar sorpresas. Freno delantero, 4,5 a 1 de ratio (velocidad de recogida, significa que el pick up da 4,5 vueltas por cada una de manivela) y 150 metros de capacidad para monofilamento del 0,30 serán sus características idóneas.
El momento
Un lluvioso día de primavera, bastante oscuro e ideal para esta pesca
No estaba allí por casualidad, era su hora del almuerzo
Una duda muy común del aficionado suele ser cuáles son las horas más propicias para pescar a este magnífico depredador. Es importantísimo estar en el momento adecuado, tanto o más que la correcta elección del señuelo. Si acudimos al pantano en momentos de clara inactividad ya podemos lanzar durante horas con los mejores equipos y señuelos “lucieros” que no sacaremos ni un lapicero, término que en el argot del pescador significa lucio muy pequeño. Por norma general la actividad del lucio depende de la temperatura y oxigenación del agua. No tolera el calor, cuanto más crece menos lo aguanta, y, así como en invierno, principios de primavera y mediados-finales de otoño cualquier hora es buena, en verano tendremos que llegar al pesquil al amanecer y abandonar la pesca en torno a las 9 o 10 de la mañana si queremos disfrutar de alguna captura.
Observando primero para pescar después
Piscardos en la orilla de un pantano de montaña...
...y lucio capturado con una imitación de piscardo, pura lógica
Resulta difícil, casi imposible, reprimir las ganas de echar unos cañazos cuando nos embarga la ilusión por capturar nuestro primer lucio pero, si podemos, bueno será acercarse antes al pantano o río, ver lo que come el lucio y elegir nuestros señuelos imitando lo que hayamos observado. Además siempre es positivo ir sabiendo dónde hay árboles o rocas sumergidas, que son interesantes apostaderos para este pez.
Los primeros señuelos
Buena selección de señuelos para el lucio y, a la derecha, el imprescindible cable de acero
Sencilla de utilizar, económica y muy efectiva con ejemplares medianos
Los peces artificiales requieren cierta práctica para manejarlos bien, no todo es lanzar y recoger, pero las cucharillas giratorias y ondulantes no nos pedirán mucha destreza para conseguir capturas. Las giratorias, de pala ancha, en los números 4, 5 y hasta 6, serán ideales para comenzar y bastante económicas. Las ondulantes, en pesos de 12 a 25 gramos, serán un recurso muy interesante recogidas muy despacio. Los colores de ambas: plata, rojo, plata o blanco con puntos rojos, cobre, rosa y azul o amarillo y negro. Para comenzar no necesitamos más, salvo, por supuesto, unos cuantos bajos de cable de acero para evitar que los afilados colmillos del lucio nos corten el hilo. Su uso es sencillo: se anuda un extremo a la línea madre y se engancha el artificial en el llaverito que, la mayoría, lleva de fábrica. Por el momento nos bastará con los comerciales en colores marrón, negro o verde, ya tendremos tiempo de fabricarlos nosotros mismos más adelante.
La primera captura
Será en la primera huida cuando nos tiemblen las piernas y el pez nos ponga las cosas realmente difíciles
En el final de la pelea el lucio se mostrará relativamente pacifico
Cuando consigamos nuestro primer lucio, cuidado, al menor roce con sus dientes sangraremos un buen rato, el desanzuelado siempre con alicates de punta larga
Recogemos tranquilamente nuestra cucharilla cuando de repente ¡ZAS! Sentimos que algo detiene con mucha brusquedad el señuelo. Un lucio de dos kilos ha mordido el anzuelo y se dirige como un rayo hacia el fondo. Tranquilidad, el freno, que habremos regulado previamente al primer lance para que suelte hilo antes de que este se rompa, hará su trabajo. Si la pieza no supera los dos kilos en un par de carreras se cansará, es un pez muy rápido pero con relativamente poca resistencia, si controlamos la primera carrera, que será vertiginosa, tendremos casi todo el trabajo hecho. Si nos encontramos con animales más grandes la emoción crecerá pero la complicación también. La primera embestida de estos “tiburones de río” entrados en kilos puede dejarnos de piedra, romper el hilo e incluso el puntal de la caña si el freno está demasiado apretado. Nunca intentéis frenarlo a la fuerza en la primera huida, dejad que se canse. Esto es válido sea grande o mediano. Una vez cansado será sencillo acercarlo, pero siempre sin prisas, un buen ejemplar puede sacar fuerzas de flaqueza y dar al traste con la captura en el último momento.
La picada en la orilla de un lucio primaveral es un espectáculo sin parangón para el aficionado a la pesca con señuelos.
Hace poco que se ha abierto la temporada truchera, las aguas están frías, algo turbias quizás, y los lucios recobran su actividad tras la freza, momento en que conseguir una picada se hacía complicado pues el esócido pensaba más en el amor que en la buena mesa.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Si la turbidez es excesiva…
A principios de temporada la turbidez del agua nos obligará al uso de peces sonoros...
Veremos pocos lucios, no son las condiciones más idóneas para su pesca. Así como el frío no preocupa a este voraz depredador, el agua con demasiadas partículas en suspensión debido a las lluvias primaverales sí representa un obstáculo para el pescador. Pero no todo está perdido, nos queda la posibilidad de excitar otros sentidos del lucio, no sólo caza guiándose por la vista, su línea lateral detecta las vibraciones que producen otros peces. Usaremos para tal fin señuelos con sonajero, que naden nerviosamente aún en recogidas no demasiado rápidas y de colores llamativos. Señuelos tipo Rattlin Rapala manejados realizando los siempre efectivos dientes de sierra (zonas profundas) o en recogidas lineales con la puntera alta (en aguas someras) pueden darnos alguna alegría, quizás la única de la jornada.
Benditas ondulantes
Tan popular en el resto de Europa como ignorada en España, la cuchara ondulante es imprescindible para el pescador de lucios.
Debido a la lentitud con que pueden recogerse y a las vibraciones que producen, nos encontramos con un señuelo espectacular para la pesca del lucio. Una de las características que la hace adecuada para el principiante es que, al contrario que el pez artificial, no requiere un gran dominio por parte del aficionado para lograr buenas capturas. Cierto es que un pescador experimentado les sacará mucho más partido y que se pueden hacer virguerías con ellas pero una simple recogida lenta y continua ya provocará la ira de más de un lucio. Hay veces que el lucio está allí, no lo vemos pero está, y pasamos multitud de señuelos por delante de sus temibles narices sin resultado. En ocasiones basta con cambiar nuestros novedosos (y caros) artificiales por una ondulante para que ¡BINGO! Obtengamos la deseada picada.
Cuando saben latín…
Una imitación de piscardo fue la responsable de la captura de este bonito lucio.
En zonas muy presionadas el lucio ha visto tantos artificiales que, salvo en el caso de los ejemplares más jóvenes, recela de la mayoría de ellos. Estos lugares pueden ser desesperantes o convertirse en un reto emocionante para el pescador inquieto que se proponga la meta de engañar a estos lucios sabios. Los catálogos de pesca nos hablan de señuelos que imitan a peces heridos y similares. No, no es un pez herido, ni asustado, ni huyendo de un depredador lo que debemos imitar. Eso lo hace todo el mundo y nuestro lucio ya sabe de que van esos peces traicioneros que pasean sus colores tentadoramente por ríos y pantanos. Para mí en estos casos existen dos reglas: observar e imitar. Iremos al pesquil elegido sin caña, eso nos distraería de nuestro objetivo principal. Observaremos a las presas del lucio, pequeñas carpas, piscardos, bogas, truchas… casi cualquier pez que le quepa en la boca y esté presente en el lugar. Hecho esto buscaremos un señuelo que sea lo más parecido a los peces-presa de nuestro embalse (a poder ser en madera de balsa) y lo usaremos imitando sus movimientos habituales en busca de alimento. Practicaremos primero en la orilla y cuando tengamos dominado por completo el manejo de nuestro señuelo escudriñaremos con él todo punto susceptible de albergar lucios.
La de siempre…
Esta boquita de piñón atrapó una cucharilla Vibrax muy cerca de la orilla.
Seguro que habréis adivinado de qué señuelo se trata, cómo iba a escribir un artículo sobre la pesca del lucio sin hablar de las tradicionales cucharillas giratorias. Grandes, han de ser grandes, del cuatro al seis son las numeraciones más adecuadas. La pala será la de tipo colorado, ancha, para que emita muchas vibraciones y no requiera demasiada velocidad durante la recogida. Con lana roja en la potera (un clásico) u otros ornamentos a base de pelo de ciervo o fibras sintéticas resulta un señuelo ideal para iniciarse por su economía, sencillez de manejo y eficacia. En zonas muy castigadas por la pesca deportiva es posible que los peces la tengan un poco vista y que no logremos grandes ejemplares pero, nunca se sabe, la pesca no es una ciencia exacta.
Ya sabemos cómo pero… ¿dónde?
El esócido se encuentra a menudo en aguas someras.
Todavía no tendremos que madrugar por fuerza, el agua no se calienta durante la mañana (lo cual desagrada mucho al esócido) y el lucio permanece activo a lo largo de todo el día. Lo encontraremos apostado en aguas relativamente someras, hasta en pocos palmos de agua. Los mayores ejemplares suelen preferir cierto calado, pero no siempre es así. Por eso ésta es una de las mejores épocas para la pesca del lucio junto con el otoño, lo tenemos a tiro de caña y se encuentra muy activo. Como buen cazador al acecho que es, aunque también se mueve en busca de peces o cangrejos, el lucio aprovechará la ventaja que le den rocas, troncos sumergidos y otras estructuras. A veces un brusco desnivel en el fondo es suficiente para ocultar un pez que espera pacientemente a su presa.
Espero que estas líneas os sean de utilidad para atrapar unos buenos lucios primaverales. Este año, como habéis visto en las fotos, no está empezando mal.
Cuando preparamos una salida dedicada al lucio podemos elegir entre un amplio abanico de técnicas y equipos. El jigging es una de ellas y, además, tremendamente efectiva.
TÉCNICA Y SEÑUELOS
En la era de los vinilos hiperrealistas, los clási-
cos twister o mogambos siguen triunfando gra-
cias a su sinuosa acción.
Polivalentes como ningún otro señuelo, las
ondulantes con antihierbas tienen buenas
cualidades para el jigging.
Aunque principalmente se utilizan vinilos, dotados de un anzuelo plomado o jig, también podemos obtener resultados muy interesantes con cucharas ondulantes siempre que estas sean de un sólo anzuelo y lleven antihierbas. Esto se debe a que haremos trabajar los señuelos muy cerca del fondo y de lo contrario los trabazones serian constantes. Usaremos vinilos de tallas considerables —más de diez cms— para que a un gran lucio le parezca razonable gastar energía en su captura. El jigging, aplicado a este pez, está pensado para la búsqueda de grandes ejemplares. La razón es simple: el exócido se piensa las cosas dos veces antes de actuar. Si recogemos linealmente el señuelo capturaremos infinidad de impulsivos “lapiceros” pero raramente un buen ejemplar. Por eso, esta técnica, consistente en dejar llegar hasta el fondo nuestro artificial y, tras tensar el hilo, levantar lentamente la puntera para volverla a bajar, tensar y repetir así la operación hasta tener el señuelo a nuestros pies; permite que el exócido observe con detenimiento a su presa, decida si merece la pena y, al comprobar que no va rápidamente hacia la orilla para desaparecer, lo cual alarma a los lucios más resabiados, tomará el engaño con más confianza. El efecto que conseguiremos con el proceder antes descrito será el de hacer “saltar” el señuelo dándole un movimiento muy atrayente para el depredador.
Este sencillo esquema muestra la técnica a
seguir. Es fundamental ser constante y recorrer
todo el pantano si se tercia.
EL EQUIPO
Esta lucia fue pescada con la técnica descrita
en la primera salida a jigging de su captora.
La potencia del equipo dependerá del tamaño habitual de los lucios que pesquemos y del peso de los señuelos. Como orientación podríamos decir que una caña de 15-40 gramos de peso de lance o 15-60, si hay monstruos por la zona, cumplirá con cualquier lucio. Deberá ser muy dura, de las denominadas heavy, pues, tanto para trabajar bien el señuelo como para clavar correctamente o sentir la picada a cierta profundidad, se impone el uso de“garrotes”. Tal dureza nos restará sensaciones a la hora de la pelea pero es imprescindible. ¿La longitud de la vara? Los consabidos y polivalentes dos metros diez centímetros. El carrete, será rápido, 5-1 de ratio como mínimo y mejor más, para recuperar enseguida el sedal al bajar la puntera de la caña y no perder contacto con el señuelo durante mucho tiempo ya que eso equivale adesaprovechar picadas. Respecto a su capacidad, con cien o ciento cincuenta metros del hilo que usemos tendremos de sobra, los lances no serán muy largos por lo general.
Respecto al hilo, lo más recomendable es el trenzado, pero si como yo, sois un poco chapados a la antigua, en el mercado encontraréis monofilamentos (sobre un 0,30 será lo adecuado) de muy escasa elasticidad. Fundamental esto último pescando a varios metros de profundidad.
Para finalizar, aunque casi sobra decirlo, no olvidéis un buen y discreto cable de acero, Huid de los plateados y buscad los de color negro, verde o marrón.
Cuando hablamos de pescar lucios, normalmente pensamos en peces artificiales, vinilos holográficos, o cucharillas giratorias, tal vez en algún popper o paseante, pero tendemos a olvidar la siempre efectiva, y muy popular en el resto de Europa, cuchara ondulante.
Pensado para la lubina, este modelo puede ser útil pescando lucios aunque sería recomendable cambiar la ancoreta de acero inoxidable por una de carbono. De esta forma penetrará mejor en la durísima boca del exócido.
Casi todos los señuelos pescan lucios, por no decir todos. He visto a estos voraces peces engullir jóvenes patos, atacar al brillante envoltorio de un helado que flotaba inerte en el pantano y podría seguir con mil historias más incluyendo una en la que un yorkshire terrier es engullido por uno de estos feroces depredadores mientras nadaba o la de un burro que pescó un enorme lucio al ser mordido en el hocico mientras bebía y quedar el pez con las mandíbulas trabadas en el morro del pobre equino. Es cierto que algunas de las leyendas que circulan en torno a nuestro protagonista son producto de la fantasía de pescadores muy imaginativos pero qué bonito es creérselas. Vuelvo de los cerros de Úbeda y, una vez ilustrada la voracidad del lucio, paso a hacer una aclaración: casi todos los señuelos pescan lucios, pero sólo unos cuantos atraen a los grandes.
Luciete kilero pescado con un sencillo twister de vinilo. Claro ejemplo de señuelo que da muchos lucios pero normalmente de modesto tamaño.
Las cucharas ondulantes, unos modelos más que otros, tienen la facultad de llamar la atención de peces de cierta talla. Proporcionalmente a, por ejemplo, las giratorias, se clavan con ellas muchos menos ejemplares de corta edad.
Tres colores de un mismo modelo: la minnow spoon de treinta y dos gramos. Letal con lucios de gran tamaño. Por desgracia cada vez esta menos presente en nuestro país así que si la encontráis en algún comercio no desaprovechéis la ocasión.
CÓMO, CON QUÉ, DÓNDE Y CUÁNDO...
Varias preguntas cuya respuesta será diferente dependiendo del pescador que las responda. Intentaré explicar la forma en que me gusta pescar con ellas.
La forma ideal de manejarlas, con esta especie, es lentamente. Cuanto más mejor, en recorridos lineales o a cortos tirones nunca excesivamente rápidos. La profundidad a la que pesquemos dependerá de la época del año y la actividad del lucio que puede verse alterada por varios factores, principalmente la temperatura y el nivel del agua así como la abundancia de alimento. Pero esto no representa un gran problema, ya que si en alguna capa de agua el lucio está por picar podremos llegar a ella con nuestra ondulante. Con este señuelo tenemos la posibilidad de prospectar las profundidades o levantando el puntal de nuestra caña “surfear” en superficie. Esto último sólo lo haremos en momentos de frenética actividad.
UN EQUIPO PARA LA ONDULANTE
Respecto al equipo, es conveniente, tanto para poder hacer lances largos y precisos como para clavar correctamente, que conste de una caña algo dura pero sin llegar a ser un garrote. Una medium heavy cumplirá perfectamente.
El carrete puede ser cualquiera que tenga un freno progresivo, el primer arranque de un buen lucio puede ser tremendo, y tenga una capacidad de 150m de hilo de 0,30 milésimas. La alta velocidad de recogida, al contrario que en la pesca con vinilos, será innecesaria e incluso molesta pues trabajaremos los señuelos con lentitud.
Personalmente creo que es importante la comodidad y la ligereza en un equipo de lance ligero-medio que vamos a cargar durante muchas horas y con el cual vamos a dar cientos de varazos a lo largo de la jornada. Por ello busco cañas livianas. Hoy día existen buenas y no muy caras varas de pesos de lance entre 15-40 y 15-60 que no pesan más de ciento cuarenta gramos para una longitud de dos metros diez. También pido lo mismo para el carrete que, por otra parte, no ha de ser muy rápido, pero sí tener cierta capacidad en la bobina. Si conseguimos un equipo compensado y ligero podremos pescar lucios, salvando las diferencias, casi como si fuesen truchas; nos cansaremos menos y además disfrutaremos más de la pelea. No nos ha de preocupar la potencia, pues las buenas piezas se traen “bombeando” es decir, haciendo el trabajo duro con la caña.
Ha llovido mucho desde esta foto, pero aún recuerdo la bonita y enconada pelea de este lucio, a pesar de no ser muy grande, pescado con un equipo ligero. También recuerdo el frío que hacía.
Tengo que reconocer que el pez salió más favorecido que yo.
Respecto al sedal, mejor no correr riesgos, el lucio no es receloso con este aspecto, que sí con los artificiales si existe mucha presión de pesca en el lugar, y un mínimo de 0,25 milésimas si no hay peces muy grandes en la zona será lo adecuado. Subiremos a un 0,30 si los hay o si están presentes obstáculos, cosa frecuente pues son apostaderos preferentes del lucio, que pudieran cortar nuestra línea. Es frecuente ver aficionados que se quejan de lo poco luchador que es el exócido pero resulta que lo pescan con cañas de 50-100 gramos de peso de lance e hilo del 0,35. A esto se une el que jamás habrán sacado uno de más de dos kilos...porque incluso con esos equipos un buen lucio te puede hacer sudar para sacarlo. Por desgracia dichos ejemplares escasean por culpa del captura y merienda así que se impone cierta finura en las artes de pesca si queremos disfrutar de esta apasionante modalidad.
Por supuesto, a pesar de la longitud de algunos de estos señuelos, no olvidaremos el correspondiente cable de acero, a poder ser negro o marrón, o un tramo de fluorocarbono del 0,40 de treinta centímetros de longitud al que ataremos un quitavueltas con llaverito en un extremo y sin él en el lado que irá a la línea madre. Aunque no lo creáis es bastante efectivo.
En primer lugar tenemos una Evy de doce gramos, buena copia de la clásica Toby de Abu Garcia la cual vemos debajo y finalmente una antigua ondulante de marca desconocida. Todas son aptas para conseguir nuestro objetivo: pescar un buen lucio.
Los finlandeses siempre han sido geniales creando señuelos y estas Inkoo de veintiséis gramos no podían ser otra cosa que maquinas de capturar grandes lucios. Los colores de las cucharas de la fotografía son muy pescadores y aunque reconozco que en momentos puntuales las libreas de fantasía pueden dar resultado prefiero utilizar colores naturales y, cómo no, los plateados, cobrizos y dorados de toda la vida.
Bonita hembra de lucio en torno a los tres kilos de peso pescada a principios de primavera. Será ésta, junto con el otoño la mejor época para su pesca. Llegado el verano nos veremos obligados a comenzar la jornada al alba y dejar de pescar a las nueve o diez de la mañana por la falta de actividad luciera a causa del calor. Además bajará la talla media de las capturas.
Me gustaría recomendaros realizar esta pesca acompañados, tanto por motivos de seguridad como por la ventaja de disponer de un fotógrafo que inmortalice esas capturas que nuestros amigos se empeñan en dar por falsas a no ser que presentemos pruebas. Mi mala costumbre de pescar solo me ha privado de muchos buenos recuerdos fotográficos. Además, a veces pescaremos en lugares poco frecuentados donde una simple torcedura o indisposición, por leve que sea, nos puede hacer pasar un mal rato.
Sólo me queda deciros que ya pesquéis en río o pantano las posibilidades de triunfar con estos señuelosestupendos, y económicos si los comparamos con los peces artificiales, es muy grande. No voy a ocultar que es uno de mis favoritos para la pesca del pez más voraz, rápido y colosal que puebla nuestras aguas continentales. Eso sí, devolvedlo al agua previa foto si queréis seguir pescándolo en el futuro.
Se acerca el invierno y muchos peces bajan su actividad. Quienes pescamos en el mar tenemos sargos, lubinas y congrios. Los que vivís en el interior disfrutaréis ahora de un buen momento para el lucio -la envidia me corroe- así que pasad un buen rato con estos videos augurio de gloriosas jornadas tras el exócido.
Cuando un incauto aficionado se acerca por primera vez a su tienda de pesca favorita y dice aquello de… “llevo muchos años pescando carpas y ahora me gustaría empezar con el lucio”, no sabe en que atolladero se acaba de meter. En primer lugar, le venderán unos dos mil peces artificiales, que si para aguas profundas, que si para las someras, que si para las turbias, cristalinas, para lucios resabiados, uno “especial” al que entran cuando nada funciona. Si así fuera bastaría con comprar ese, ¿no? Después le surtirán de una caña, normalmente demasiado potente, y de un carrete, normalmente demasiado pesado.
Al final el pobre incauto termina acudiendo al río o pantano de una guisa que provocará el cachondeo de los demás pescadores por lo exagerado de su indumentaria. “Qué, ¿vas a la guerra?” y muchos más comentarios jocosos resonarán en los cabreados oídos del principiante, qué para colmo se ha gastado medio sueldo en el equipo. Para evitar esas incómodas situaciones os muestro a continuación los secretos que he ido guardando celosamente a lo largo de los últimos diez años de pescar lucios.
LA CAJA
Sí, se puede pescar el lucio todo el año –al menos en nuestras aguas- con una sola caja un poco grandecita. Aquí veis la mía. Lo demás son ganas de vaciarnos los bolsillos y de hacernos cargar con más peso del necesario. Esto último es especialmente molesto en escenarios donde podemos llegar a recorrer varios kilómetros inspeccionando todos los escondrijos de nuestro dentado objetivo.
AGUAS SOMERAS
Antes de pescar un lugar lo ideal es observarlo. Ver que peces presa lo habitan, como se comportan y copiar sus hábitos caña en ristre. En mis lugares de pesca habituales abundan ciprínidos como la bermejuela –imitación de la izquierda- que suele pasear por las orillas comiendo insectos. Este comportamiento lo podemos simular lanzando paralelo a la orilla y recogiendo a cortos tironcitos con pausas de uno o dos segundos. Imprescindible señuelos de madera de balsa –acción más natural- flotantes o suspending. Con el sistema explicado las picadas suelen ser de infarto.
En el centro vemos la fiel reproducción de un alevín de lucio. Caníbal hasta la médula entrará hasta el exócido más remiso. Podemos manejarla de la misma forma que la bermejuela o, en momentos de mucha actividad, elevando un poco la velocidad y haciendo zigzaguear al señuelo como si huyera de otro lucio.
Por último nunca está de más un artificial que represente a un pez inespecífico. La librea lomo oscuro y vientre plateado siempre será muy pescadora, siendo en manejo del artificial idéntico al de los anteriores.
No olvidéis que perseguimos un pez que gusta de recogidas más bien lentas, así que buscad aquellos peces capaces de “navegar” despacio sin perder acción.
AGUAS PROFUNDAS
Un rattlin o dos y un par de ondulantes con antihierbas. Con el primero –hablamos de pesca desde orilla- investigaremos en pozas del río o zonas del pantano que tengan varios metros de profundidad casi desde nuestros pies. La técnica es tan simple –si no hay presencia de obstáculos- como dejar profundizar hasta el fondo o casi, y elevar el señuelo lentamente con la punta de la caña. Lo dejaremos llegar al fondo otra vez y así hasta que llegue a nosotros. Es decir, le haremos describir los clásicos dientes de sierra. De esta forma provocaremos a lucios medianos de entre uno y cinco kilos.
Con las ondulantes trabajadas como si fueran vinilos, a tirones acompañados de paradas, de forma lineal, dando saltos por el fondo –aquí se hace imprescindible el antihierbas- o bamboleándose muy lentamente, disfrutaremos de picadas y peleas inolvidables. Eso sí, aunque variemos la velocidad de recogida procuraremos que nunca sea excesiva.
TODAS LAS PROFUNDIDADES
La cucharilla giratoria, con o sin lana roja, es un señuelo económico –depende de la marca, pero siempre más que un pez artificial- sencillo de utilizar y efectivo.
Por ello lo recomiendo, para quien desee iniciarse en la pesca del lucio, como primer y exclusivo señuelo. Con media docena de cucharillas plateadas, color trucha arco iris, y plateadas con puntos rojos, del número cuatro –fáciles de encontrar- podemos enfrentarnos a casi cualquier situación y no nos dolerá tanto perderlas. Por otra parte, hasta que vayamos aprendiendo truquillos, simplemente lanzando y recogiendo podremos obtener buenos resultados.
Más adelante aprenderemos a hacerlas girar justo bajo la película de agua rompiendo la superficie con la pala y provocando a los peces más activos o a manejarla a tirones con breves paradas si va acompañada del siempre interesante pez de goma.
Si recogemos nuestra cucharilla linealmente elegiremos para ello las de pala tipo colorado –como la de la derecha de la foto- pues podremos moverla relativamente despacio sin que pierda efectividad y producirá más vibraciones en el agua, cosa muy atrayente para el lucio. Si somos principiantes lo mejor es que todas las compremos de este tipo.
EL EQUIPO
La caña ha de ser algo dura –medium heavy- para poder clavar en las férreas fauces del lucio. A veces muerde el señuelo con tal fiereza que con una caña blanda no somos capaces de moverlo dentro de su boca y por lo tanto de clavar correctamente. Si no vamos a enfrentarnos a verdaderos monstruos un peso de lance de 15-40 gramos y dos metros diez o dos cuarenta de longitud será lo ideal.
Respecto al carrete, un buen freno delantero y capacidad para albergar ciento cincuenta metros del 0,30 nos vendrán muy bien. No hace falta que sea muy rápido, –salvo que pesquemos con vinilos- pero si ligero.
Una riñonera para los señuelos, si puede ser que lleve redecilla para sujetar la cantimplora o un botellín de agua y unos cables de acero discretos: verdes, negros o marrones, complementaran el equipo.
Toda esta información no seviría de nada sin una pequeña advertencia:
En invierno y principios de primavera podéis pescar lucios todo el día. En verano ni lo intentéis más tarde de las once de la mañana y ya entrado el otoño también todo el día con puntas de actividad en amaneceres y anocheceres.
EL RESULTADO
Vanesa, la alumna que superó al maestro, una gelida mañana -casi madrugada- a principios de temporada en el embalse de Villareal. Reconozco que aquel día sólo saqué lucietes mediokileros y alguno de kilo y pico, pero el premio a la pieza mayor se lo llevó ella.