Con la llegada de los primeros fríos la mayoría de los pescadores de ciprínidos opta por guardar los aparejos. Craso error, pues durante el mes de octubre hasta principios de noviembre e incluso este mes entero en las zonas más cálidas de la península, podremos hacernos aún con unas cuantas capturas.
Las grandes masas de agua tardan bastante en
enfriarse, manteniendo más tiempo activos a los
peces que en ellas viven.
La carpa se alimenta con frenesí durante el otoño para acumular buenas reservas de grasa que le permitan sobrellevar el duro invierno. Esto nos indica dos cosas fundamentales: la primera es que el ciprínido perderá gran parte de su habitual recelo y la segunda hace referencia al cebo, que debe ser lo más sustancioso posible. Así, cebos tradicionales como el pan y la patata cocida –ricos en hidratos de carbono que, dentro del organismo, se transforman en grasa-serán muy adecuados, pero también masillas que contengan queso, carne picada, comida para gatos y similares.
Pan, comida para gatos, mortadela, queso... No,
no es la lista de la compra, son cebos ideales para el otoño.
Momento exacto de una cebada, la pesca a flote
no es descabellada al mediodía.
Las técnicas a utilizar variarán en función del lugar, la hora y la temperatura del agua. Nos olvidaremos de los madrugones y pescaremos durante las horas centrales del día, pudiendo utilizar tanto la pesca a fondo como el flotador corredizo —para posar el cebo cerca del lecho del río o pantano— e incluso la pesca a flote, ayudados del siempre socorrido buldó, si las carpas están por la labor de alimentarse en superficie.
Hermosa carpa otoñal cercana a los cuatro kilos que sucumbió al maíz dulce anzuelado en un aparejo de flotador.
Aunque todavía podremos hacer buenas pescatas, lo habitual será realizar menos capturas que en verano pero, muchas veces, de mayor tamaño. En definitiva, nos hallamos en una época bastante buena para salir a por carpas, siendo nuestra última oportunidad del año para disfrutar de la emocionante lucha de la reina del pantano, ya que, llegado el invierno, sólo nos quedará de ella el recuerdo de las carreras sin freno, nuestras cañas dobladas al límite y el entusiasmo propio de unas jornadas inolvidables.
El tiburón gris capturado en Tarragona ha muerto. En un primer momento se achaca su fallecimiento a un arponazo, después, se habla de un anzuelo en el esófago que presuntamente le impedía comer. La cuestión es que, como se ve en los siguientes videos, el animal fue sometido a un estrés brutal, golpes y fuerte presión sobre su cuerpo, falta de oxigeno y a un transporte inadecuado desde Tarragona a Barcelona -2 horitas en furgoneta- durante el cual la anoxia, la variación de temperatura y el movimiento del vehículo terminaron con las defensas y capacidad vital del desventurado animal. El mar es un medio inmenso con los valores de temperatura, salinidad y oxigeno muy estables. Por este motivo sus habitantes son muy sensibles a los cambios repentinos en estos valores, exceptuando a los peces que viven en la zona intermareal y quedan durante horas en los charcos tildales o aquellos que habitan en estuarios. Sobra decir que el interior de una furgoneta puede variar de temperatura varios grados en pocos minutos lo cual ya de por si sería extremadamente perjudicial para el escualo en caso de que la cubeta no estuviera adecuadamente climatizada. Respecto a la posibilidad de que un anzuelo le impidiese comer resulta extraño que, de ser así, las fuerzas del animal no flaqueasen durante la semana que anduvo patrullando la playa de Miracle ya que la lesión era antigua. Raro es también que no mostrase signos de desnutrición. En mi modesta opinión su captura fue un escualicidio en primer grado. Cuando se enfrentan los intereses económicos y el afán de protagonismo a la vida salvaje, la segunda suele perder. En este caso el equipo de expertos a cargo de Patricio Bultó –biólogo del Acuarium de Barcelona- se ha lucido.
Algunos de los siguientes videos están en catalán pues no encontré más material videográfico sobre este desafortunado asunto. De todas maneras las imágenes hablan por si solas.
DECLARACIONES DEL ALCALDE DE TARRAGONA E IMÁGENES DEL TRASLADO DEL ESCUALO.
José Luis Lago, creador de la magnífica web NOSTÁLGICOS CARRETES SAGARRA, acaba de publicar un pequeño reportaje en el que podréis ver como viajo en el tiempo para pescar truchas en los años cincuenta. ¿ Cómo lo hice? Ese, es mi secreto.
José Luis Lago, colaborador de Feder Pesca mar, ha publicado hoy en su estupenda web, NOSTÁLGICOS CARRETES SAGARRA, un reportaje sobre el modelo de 1951 por cuenta de un servidor. Podéis verlo en el siguiente enlace: http://sagarracarretes.blogspot.com/index.html
Los aparejos que utilizaba hace veinte años, cuando comencé mis andanzas en esto de la pesca, no se diferencian demasiado de los modernos en su estructura básica. Sin embargo podemos apreciar en ellos mejoras que los hacen más efectivos y funcionales. De eso va el artículo de hoy, vamos a comparar el antes y el después de dos de las artes de pesca más comunes en nuestras costas: el paternóster o chambel y el aparejo de plomo corredizo.
APAREJO DE PLOMO CORREDIZO
(antiguo y actual)
Cuántas doradas habrá llevado a tierra
Su practicidad y eficacia está fuera de toda duda.
Podemos ver que éste aparejo, tan sencillo como efectivo, lleva a modo de tope un pequeño plomo de perdigón. Esto deterioraba la línea pudiendo causar roturas en caso de tensión extrema y además siempre terminaba corriendo por la línea hasta rozar contra el nudo peligrosamente. Hoy ha sido sustituido por una simple perlita de plástico con ventajas evidentes:
La perlita seguida de un tope de silicona no deteriora ni la línea ni el nudo y si el sedal rozase con alguna roca, por encima del plomo, sin llegar a romperse pero obligando a su sustitución, bastaría con cortar el nudo del quitavueltas, hacer pasar el hilo a través del aparejo hasta llegar a la zona en buen estado, cortar, anudar otra vez el emerillón y a pescar sin necesidad de deshacer todo el aparejo.
Por otra parte están las ventajas derivadas de la mejora de los modernos materiales. Esos anzuelos nikelados de alambre grueso y los de acero inoxidable han sido sustituidos por los de carbono, ligeros, más finos a igual resistencia, afilados hasta dar miedo, y económicos porque tras la jornada pueden, previa ducha de agua dulce y sustitución del hilo al que van empatados, volver a sacar buenas piezas en futuros y gloriosos días penetrando sin problemas en la dura boca del sargo, por ejemplo.
Por último queda hablar de la utilidad de éste aparejo. Es el ideal para peces recelosos como la dorada o la lubina que ante la más leve tensión pueden desconfiar y huir despavoridas.
PATERNOSTER (antiguo y actual)
Ofrecía más resistencia al aire durante el lance y era menos versatil. A pesar de ello mucho pescadores lo siguen usando con buenos resultados.
Sin los problemas del anterior y con muchas ventajas merece la pena dedicar unos minutos a su manufactura durante esos días en que el mal tiempo nos impide ir a pescar.
Es el paternóster o chambel uno de los aparejos más versátiles y a la vez uno de los que mayor número de mejoras e innovaciones ha experimentado.
Los viejos emerillones triples han dejado paso a perlitas perforadas, nudos tope y otros inventos algo más complejos de montar pero que se enredan infinitamente menos y presentan el cebo de manera muy natural gracias precisamente a lo bien que giran y dirigen el cebo a donde quiera llevarlo la corriente sin los líos propios de los viejos quitavueltas. Se terminó también amarrar directamente el plomo a la línea, las grapas posibilitan que podamos cambiar de lastre rápidamente en función de las condiciones y fuerza de la marea. Otro beneficio es el de poder cambiar el aparejo entero con gran rapidez por otro ya cebado y seguir pescando mientras enfilamos un par de raciones de “coco” (arenícola) o navaja en el otro. Cuanto más tiempo pasen las cañas en acción de pesca mayores serán nuestras posibilidades de éxito.
Con chambel podemos pescar en rías de fondo arenoso, en playas de todo tipo o en zonas rocosas. Por su puesto en cada sitio variaremos el grosor y la largura de las gametas así como el tipo de anzuelo pero de eso hablaré otro día.
Dos amigos de mi padre me enseñaron a pescar hace ya unos cuantos años. Uno de ellos, marino de profesión, fue mi instructor en lo que a ética del pescador se refiere. Me dijo que debía guardar una distancia prudencial respecto a otros compañeros de afición, respetar el pesquil de los demás aunque ellos estuvieran sacando peces y yo zapatos viejos —cosa que muchos deberían aprender— y también devolver al agua a los peces pequeños. Entonces eso del captura y suelta no era muy popular. Hoy día sigo haciendo caso de los consejos de mi maestro con una salvedad: casi siempre libero, además de a los peces pequeños, a los grandes.
Es cierto que practico la pesca sin muerte con mayor seriedad en el río —me he llevado a casa cuatro truchas contadas en diez años— que en el mar, aquí tengo establecida mi propia talla mínima que es de medio kilo y todo lo que sea inferior vuelve a nadar. Sin embargo cuando pesco en mi querido Cantábrico vuelvo a hacer uso de las sabias enseñanzas de quien fue mi mentor y utilizo ciertos trucos para evitar dañar a los pezqueñines.
Lo primero que hago es usar anzuelos que por su tamaño no puedan ser ingeridos por peces de menos de cierta talla —aunque algunas lubinetas pueden sorprendernos con lo que son capaces de tragar— y lo segundo, siempre que pesco con gusanos, sean del tipo que sean, es ensartarlos en anzuelos de tipo aberdeen. Estos, por la largura de su tija, son mucho más sencillos y rápidos de desanzuelar, aumentando las posibilidades de supervivencia del animal si vamos a devolverlo al agua.
Anzuelos de tija larga, faciles de desanzuelar y muy cómodos para enfilar gusanos. El de en medio y el de la derecha son aberdeen.
Otra posibilidad, muy adecuada para cebos varios como el jibión, la sardina y demás carnadas no gusaniles, es la de pescar con anzuelos de relativamente gran anchura. Me refiero a que la separación entre la tija y el arponcillo sea considerable. Con este procedimiento evitamos que el pez trague el engaño hasta el estómago —fundamental con la lubina y con sargos de talla— lo cual causaría con total seguridad la muerte a nuestra captura al cabo de horas o días de ser devuelta a su medio.
Además de evitar que nos entren alevines asegurarán las capturas más grandes. El de la derecha, llamado anzuelo circular, tiende a clavarse en la zona más cercana al labio. Como desventaja podríamos decir que con determinadas especies (dorada y otros espáridos...) se fallan bastantes picadas.
Aunque los pescadores de mar estamos cada vez más mentalizados de que no hay que llevarse todo a casa, especialmente si ese todo son juveniles de sargo, lubina o erla de quince centímetros, muchos desaprensivos salen exclusivamente a por ellos. Es evidente que son más sencillos de capturar:
Se encuentran en aguas someras, no recelan del aparejo por tosco que este sea y se alimentan frenéticamente, necesitan crecer rápido para no ser devorados y además están desarrollándose. Quien se aproveche de las circunstancias descritas para llenar la cesta de alevines usando artes destinadas sólo a capturar peces pequeños, personalmente, no creo que pueda llamarse a si mismo pescador.
Es fundamental, si queremos seguir pescando en el futuro, que devolvamos al mar todo lo que no vayamos a consumir y, por supuesto, lo que no de la talla. Para qué queremos quince sargos de medio kilo. A no ser que tengamos otros tantos hijos, dos o tres nos sobrarán y los vecinos, amigos, el primo Paco etc… si quieren pescado fresco que aprendan a pescarlo.
Concebida para puertos y estuarios, con la lubina o el chicharro como objetivo, su montaje no puede ser más sencillo ni su resultado más satisfactorio. No descartéis probarla con el bass allí donde haya cangrejos.
Materiales:
Anzuelo para estreamer del número diez.
Hilo de montaje verde o pardo.
Sedal del 0,60
Epoxi de secado rápido.(5 minutos)
MONTAJE
1º-Se cubre la tija con hilo verde o pardo engrosándolo un poco antes de llegar al ojo del anzuelo. Esto imitará al tubo digestivo del crustáceo.
2º-Quemamos un pedazo de sedal del 0,60 por sus extremos para hacer los ojos y lo fijamos con hilo de montaje.
3º-Con otro trozo de hilo del mismo diámetro damos forma al cuerpo de la quisquilla atando un extremo a la curva del anzuelo y otro detrás de los ojos.
4º-En un pequeño recipiente de plástico mezclamos un poco de epoxi. Esperamos un minuto para que tome la consistencia adecuada y podamos trabajarlo con comodidad. Luego lo aplicamos sobre el lomo de nylon de la quisquilla y vamos moviendo la imitación hasta conseguir que tome la forma del animal que pretendemos imitar. Tendremos que dar vueltas durante algunos minutos a la "mosca" para evitar que se deforme y el epoxi se desparrame.
Arriba, abajo y así hasta que tome la forma deseada.
5º- A pescar. Al día siguiente ya podremos hacerla recorrer todas las grietas y oquedades de puertos, escolleras o cualquier sitio donde haya lubinas y quisquillas. Mucha suerte y si os da resultado enviad la foto a: acab1979@mixmail.com
Los pescadores somos caprichosos, nos atraen las formas extrañas y los colores brillantes. Los fabricantes de señuelos artificiales lo saben y se aprovechan de ello para llenarse los bolsillos a nuestra costa.
El súper realismo de algunos reclamos solamente es útil en contadas ocasiones. La forma de “nadar”, la semejanza del color con la librea de los peces presa, la habilidad del pescador para dar vida al señuelo e incluso utilizarlo a la hora o en la época apropiada es mil veces más importante. De hecho hay señuelos que siguen siendo efectivos aún cuando por el uso se les han borrado los ojos, agallas e incluso parecen simples pedazos de madera con trazas de pintura. A continuación una pequeña enumeración de artificiales a los que la moda ha dejado injustamente en nuestros trasteros.
MINNOW SPIN (Rapala)
Muy sencillo, un pez de madera de balsa unido a una cucharilla. Pesca truchas, basses, lucios y quien sabe que más. Sólo hay que variar el tamaño según la especie que deseemos capturar.
Hace más de diez años que pesqué mi primer lucio con un minnow spin. Por aquel entonces era lo último, llenaba las estanterías de todo comercio del ramo y una revista promocionaba cierto concurso —el premio era un viaje para pescar en Finlandia— que ganaba el que enviase la foto del bass o la trucha más grande pescada con el señuelo en cuestión. Aún conservo unos cuantos que cuido con mimo porque son difíciles de encontrar y tienen buenas cualidades. Se lanzan bien, su manejo es simple, cómodo y lo más importante: pesca. No hace falta ser un experto, recogiéndolo a la velocidad adecuada de forma lineal saca buenas truchas y dando tirones junto con brevísimas paradas los basses se vuelven locos.
En los EEUU se sigue vendiendo, aquí se “pasó de moda”.
MINNOW SPOON (Rapala)
Las cucharas ondulantes nunca han sido muy populares en nuestro país, salvo para la pesca de la lubina. La minnow spoon, ya casi no se encuentra en los comercios del ramo y francamente su escasa popularidad debe tener origen en el desconocimiento, porque aquel que la pruebe no podrá vivir sin ella.
Manejada como un vinilo, concretamente haciéndole dar saltos sobre el fondo (jigging), es verdaderamente mortífera. Lentamente, tan lentamente que otros señuelos perderían su efectividad, la spoon produce un bamboleo, similar al de un pez moribundo, que desencadenará el ataque del lucio más remiso. Desde luego cuando voy a por lucios no falta en mi caja. A gran velocidad se comporta como un pez artificial con una natación muy acusada y recogiendo un poco más despacio girará sobre si misma. Tiene un comportamiento diferente para cada situación, por tanto da igual si los peces están activos o no, siempre acertaremos con este artificial.
A pesar de mi entusiasta descripción de esta cuchara ondulante, para mí la ondulante perfecta, os aseguro que no trabajo para Rapala ni recibo pago alguno por hacerles publicidad.
HI-LO (Abu Garcia)
Otro as para pescar basses y lucios. Con su babero metálico se podía manejar a cualquier profundidad.
Es feo, de aspecto poco natural, brilla escasamente o nada… y sin embargo pesca, saca basses como ninguno de los modernos señuelos norteamericanos o japoneses. La marca finlandesa le dio una natación particular e irresistible para los depredadores.
Tenía un fallo, todo hay que decirlo. A pesar de su elevado gramaje se lanzaba fatal. El peso, localizado en la parte delantera, le hacía girar en el aire y muchas veces se enredaba en el hilo con nefastos resultados. Sin embargo ese fallo, terriblemente molesto, lo compensaba siendo mortal de necesidad las veces que nadaba bien.
TWISTER
Cuando comenzaron a llegar a España los primeros vinilos, recuerdo bien que en las pocas tiendas donde se vendían los presentaban como la octava maravilla del mundo. “Los americanos” los llamaban. Yo era un crío y me quedé maravillado con aquellos twister verdes que sacaban basses como por arte de magia.
Los vinilos de hoy, tienen ojos holográficos, sabor a sopa de champiñones, compartimentos para introducir pastillitas que echan burbujas… pero los viejos twister, sencillos, baratos, y desterrados de las cajas de casi todos los pescadores, siguen pescando. Para mi suponían la salvación, mi maltrecha economía juvenil no podía permitirse otros señuelos más caros. Además eran mágicos, los peces entraban sin pensárselo dos veces a aquellos vibrantes trozos de goma que nunca antes habían visto