Os muestro aquí un video grabado por el equipo de MAREAS VIVAS, nuestro blog hermano, donde José Antonio, patrón del Patricia, realiza la captura de una maragota de esas que ya casi no quedan. La técnica: "jigging vinilero", es decir, vinilos montados en jigs hábilmente manejados por nuestro protagonista. Si queréis saber más sobre esta apasionante técnica y las estupendas capturas que puede reportar, leed atentamente los contenidos de su web. En los siguientes enlaces veréis unos muy interesantes artículos al respecto.
En breve saldrá el emblemático barco Chasula cargado de sagarristas, os dejo un enlace a la información del evento, por si queréis disfrutar de una jornada marinera y pescadora inolvidable en tierras gallegas.
Hace dos fines de semana, Joseba, uno de los promotores de nuestro blog hermano, Mareas Vivas, realizó su primera incursión en la pesca fluvial. Fuimos juntos hasta un pequeño pantano de montaña donde esperábamos capturar algún lucio.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Había comenzado a adquirir su librea natural, llevaba tiempo en el pantano.
Nada más llegar a una de las mejores zonas para la pesca del esócido, me percaté de que se nos iba a complicar el día, las carpas estaban demasiado contentas, cebándose sin parar, signo de que no había depredadores activos en las cercanías. A pesar de ello, probamos fortuna tras alejarnos de los juguetones ciprínidos. Indiqué a mi amigo que lanzase paralelo a la orilla, hacia una zona donde, aunque no se percibe a simple vista, sé de buena tinta que el fondo cambia bruscamente proporcionando buenos apostaderos a los lucios. A pesar de no haber utilizado nunca equipos tan livianos (su técnica habitual es el surfcasting), lanzó con sorprendente precisión y, al poco de comenzar a recoger gritó “¡ya tengo uno”, le miré incrédulo, me extrañaba que hubiera algún lucio decente por las cercanías en actitud de caza. Pronto pudimos ver de qué se trataba, una trucha arco iris de más de un kilo era llevada a la orilla tras una breve pero bonita pelea. Estas truchas repobladas ni siquiera recelan del cable de acero.
Esta vez no dieron la cara, otra vez será...
Tras dar un paseo por los alrededores, probando con los señuelos que más capturas me han dado en los últimos catorce años y en las zonas más fructíferas del embalse, la jornada se saldó con dos picadas más en la caña de Joseba, presumiblemente de trucha, que lograron huir. Una de ellas, cercana a los dos kilos, se soltó tras saltar frente a él casi un metro fuera del agua, momento que quedó grabado en nuestras retinas como una preciosa estampa de pesca.
Prueba de la gran efectividad de los Dream Lures, creados por grandes pescadores...
Texto: Juan Urrutia
Foto: Andrés Herrador
En esta época en que las marcas de artificiales fabrican miles de señuelos en pocos minutos y la competencia es feroz, dos hombres, Andrés Herrador y José Antonio Jiménez, han creado su propia firma fabricando sus muestras de forma artesanal. Este acto, valiente y arriesgado, sin duda, merece todo el apoyo que se le pueda brindar. Los artesanos son una especie en extinción, los últimos profesionales que buscan satisfacer a sus clientes y sentirse orgullosos de su trabajo, no vender cualquier cosa sin importarles la calidad. Por ese motivo, desde Por Allí Resopla les deseamos a Andrés y José Ramón un rotundo éxito.
Este es el video de presentación de los Dream lures, atención al final...
Habiendo visto de cerca las creaciones de Andrés y José Antonio, poseo algunas, puedo decir que están hechas para pescar peces, no pescadores. Aunque desde luego son preciosas. Un perfecto equilibrado, unas libreas efectivas y muy cuidadas (son magos del aerógrafo) y una acción espectacular, además de la resistencia de la que carecen muchos modelos de las grandes marcas, evidencian que los artífices de tales obras son grandes aficionados a la pesca, no expertos en marketing. Francamente, si pescamos grandes depredadores de forma habitual, merece la pena hacerse con una de estas joyas.
No lo sabíamos, pero la noche nos tenía reservadas estupendas sorpresas.
En esta ocasión el equipo Mareas Vivas-Por Allí Resopla se desplazó hasta un pesquero que ninguno de sus integrantes había pisado jamás, lo cual siempre aumenta las posibilidades de regresar a casa sin haber tocado escama.
Texto y fotos: Juan Urrutia
Cada captura, como este bonito sargo que muestra Manolo, es fruto de mucho esfuerzo, en el pesquil y fuera de él...
La idea romántica del pescador playero que permanece inmóvil durante horas frente a su caña no es en absoluto acertada cuando hablamos del Cantábrico, que obliga al pescador a retirarse o avanzar con relativa rapidez en función de las mareas. En esta época de veloces subidas y bajadas del mar, lo dicho resulta aún más evidente. Además, cuando la morralla fuerza la pronta sustitución de los cebos, las idas y venidas del aficionado son constantes, cebando, lanzando y volviendo a cebar. Me gustaría ver en esta tesitura a todos aquellos que se atreven a decir que la pesca no es un deporte.
Cebos y aparejos
La presentación del cebo es la responsable de capturas como ésta...
Con arenícola y tubo, en especial con éste último, fueron realizadas todas las capturas de la jornada. Los aparejos, sencillos, que se enredan menos, con una única y larga gameta. El grosor de ésta es importante, pero no por el recelo que puedan mostrar los peces, y menos de noche, sino porque si utilizamos ramalillos excesivamente finos la corriente nos los devolverá convertidos en un lío inextricable. Pesca más una gameta del 0,35 que presente bien el cebo que una del 0,24 que a cada lance se transforme en un ovillo.
La pesca
Esta preciosa herrera dio a Joseba una magnífica pelea...
Un salmonete de ochocientos gramos es una estupenda captura.
Las herreras hicieron acto de presencia en poco tiempo, entrando la primera al tubo con que Joseba había cebado una de sus cañas. Era un animal precioso, de buen porte y majestuosa librea que, según palabras de su hábil captor, dio una pelea que le hizo pensar en un pez más grande. Una estupenda captura. La primera pieza de Manolo fue un sargo picudo, si no recuerdo mal. Después, ambos pescadores capturaron sargos y herreras que fueron devueltos al mar por ser de escasa talla. Yo clave un presunto sargo, presunto, pues antes de poder verlo escapó dejándome con dos palmos de narices, aunque hay quien sostiene que mi nariz ya medía dos palmos antes. Para que aquella pesca fuera típica de invierno, digna del frío que hacía, faltaba la aparición de unos rojos y bigotudos invitados: los salmonetes. No faltaron a la cita, salieron tres, capturados por Joseba. Dos eran de buena talla, el tercero, sobre los ochocientos gramos, una captura superior dentro de esta especie.
Caliente, caliente…
Finalizada la jornada y habiendo disfrutado de una pesca tan entretenida como tranquila, pues sólo las olas y una preciosa luna llena, nos acompañaban en el pesquil, emprendimos el viaje de regreso a casa, no sin antes recuperar la temperatura corporal perdida llevándonos al gaznate abundante caldo de gallina.
Mareas Vivas y Por Allí Resopla en contubernio, de izquierda a derecha, Manolo, Joseba y yo...
El equipo de Mareas Vivas y el de Por Allí Resopla se hermanan, en las siguientes líneas veréis el resultado. Tuve la fortuna de conocer a Joseba hace ya tiempo en un maratón de pesca, recientemente me presentó a su amigo Manolo, gran aficionado al surfcasting y una persona a cuyo lado da gusto echar unos cañazos.
Texto y fotos: Juan Urrutia
A menudo hablo de técnicas, señuelos y aparejos, en esta ocasión quiero resaltar la importancia de pescar en buena compañía. La pesca se disfruta mucho más cuando, entre cañazo y cañazo, se puede conversar, compartir experiencias y, por supuesto, la alegría de las capturas. Y es que la captura de uno satisface al otro, al menos ese es mi caso, tanto o más que si fuera propia.
La jornada
Joseba con la primera captura
Precioso y bravo animal
Llovía, y el frío vivificador estuvo siempre presente. Lejos de molestarme, me encanta este tiempo para pescar, en parte porque son menos los pescadores presentes en cualquier pesquil, en parte porque la mar muestra en estas fechas toda su fuerza y belleza, hasta el viento helador trae los aromas marinos con más intensidad. Se trata de motivos ajenos a la pesca, al menos en apariencia, pues creo que gran parte del disfrute de ésta se encuentra en el entorno, muchas veces salvaje, que nos rodea. Este talante es muy positivo, pues nos hace observadores, nos empuja a fijarnos en pequeñas cosas que son indicativas de otras que influyen en el comportamiento de los peces, y eso sí que nos interesa a todos. De éstas y otras muchas cosas charlamos antes, durante y después de la pesca. Tras montar las cañas, cebados los aparejos con tubo y americano, esperamos la ansiada picada, que llegó pronto a una de las cañas de Joseba, dando como resultado una bonita dorada cercana al kilo. El valiente espárido se enrocó y liberó el aparejo en varias ocasiones antes de ser orillada. Transmitimos nuestra alegría a través de las olas, el viento y la arena, pues no tardaron mucho en aparecer dos compañeros de afición para ver qué la motivaba. Con las fuerzas renovadas por unos bocadillos bajos en colesterol, craso error, el colesterol es necesario para combatir el frío, volvimos a lanzar nuestros aparejos. No tardó mucho en caer, de nuevo en la caña de Joseba, un pescador sobresaliente, la segunda y última dorada de la jornada. Era algo más grande que la primera y preciosa, como todas las doradas. Mientras nuestro afortunado compañero reponía el cebo, Manolo, pescador habitual y gran conocedor del lugar, siempre presto a la hora de echar una mano, me explicaba las características del fondo, que a no excesiva distancia ganaba profundidad bruscamente. Pescábamos, pues, en una zona de considerable calado. Al poco tiempo, recogimos nuestros pertrechos y nos dirigimos hacia el coche. Habíamos pasado unas horas verdaderamente entretenidas. La responsabilidad del éxito de la jornada no fue sólo de la mar, que nos regaló un par de bonitas doradas, con una de las cuales fui obsequiado (gracias Joseba), sino de una compañía de lujo en todos los sentidos.
Pescando sin caña
Una captura accidental...
Ya casi habíamos abandonado la playa cuando, en la misma orilla, Joseba vio algo que chapoteaba, una platija luchaba por escapar del aparejo que, presumiblemente no mucho antes, alguien perdió. Fue la tercera y última pieza de la noche. Tras realizar tan particular captura, emprendimos rumbo a nuestros respectivos hogares, dando por finalizada la jornada pero pensando ya en la próxima.
Una de las virtudes de la pesca de la anguila a tiento es que, al sentir la picada en el instante de producirse, la clavada es instantánea, pudiendo desanzuelar al pez sin dificultad en la mayoría de las ocasiones. Cosa poco frecuente en el caso de la anguila. La técnica no puede ser más sencilla, podéis verla en el siguiente enlace.
Mi compañero de pesca, Josu, viejo conocido de quienes frecuentáis esta página, y yo, nos propusimos afrontar nuestra primera competición. En los cuatro años que llevamos pescando juntos lo habíamos hablado en múltiples ocasiones, este año, por fin, llevamos a cabo nuestro proyecto. A título personal, aunque llevo dos décadas con la caña en la mano, me considero el más novato de los novatos en lo que a competir se refiere. Por ese motivo, la experiencia ha sido especialmente enriquecedora.
Texto: Juan Urrutia
Fotos: Josu Goicoechea y autor
Llegamos tarde, muy tarde, a causa de un contratiempo provocado por una carrera ciclista que retrasó a Josu mucho más de lo que sería deseable. Como era de esperar, nos tocó el último puesto. Lo que a priori parecía una desventaja, lo fue en cuanto al pesquil, se convirtió en todo lo contrario debido a que, el haber recibido el puesto 89, nos hizo vecinos de Joseba y Juan, a quienes me resultó imposible considerar competidores, sí compañeros, pues en todo momento se comportaron como tales. Prácticamente parecíamos miembros de un mismo equipo, pues la actitud de esta pareja fue siempre de sana camaradería, llegando incluso a echarnos una mano ante alguna dificultad que se nos presentó durante el concurso. Fue un auténtico placer pescar a su lado.
La primera captura: una chopa que picó a los diez minutos del primer lance y que fue devuelta a su medio pues era de talla inferior a la legal.
A las ocho en punto del día 27 de junio sonó la bocina y poco después calamos nuestros aparejos a poca distancia, recibiendo los cebos el irremediable ataque de la morralla. El escenario elegido para la competición fue la margen izquierda de la ría del Nervión a la altura del pueblo de Portugalete, no es un paraíso pero tampoco un desierto. Empleamos aparejos tipo chambel con tres gametas, dos flotantes, pero cambiamos de estrategia pues se revelaron extremadamente eficaces en la captura de pequeños espáridos que, en ocasiones por pocos centímetros, no puntuaban en la prueba por ser su talla inferior a la legal. Decidimos pasar al clásico aparejo de plomo corredizo y gameta única, además aumentamos la talla del anzuelo. Entre los diversos gusanos que empleamos como cebo, echamos en falta algún molusco, en particular la navaja, tan eficaz en esta zona con los sargos crecidos. Fue un error, de los muchos que cometimos a causa de nuestra inexperiencia en este tipo de pesca, del que tomamos nota y aprendemos, lo cual nos convierte en mejores pescadores y ya de por sí hace que merezca la pena participar en una competición.
Una de las simpáticas mojarritas que animaban la jornada, a pesar de no dar la talla, y que eran liberadas de inmediato.
Bien entrada la noche sólo las anguilas dieron la cara en nuestra zona, como ésta capturada por nuestros vecinos, aunque perdimos algunas piezas por culpa de las rocas sin llegar a saber lo que eran. Mientras, otros ya estaban sacando salmonetes y lubinas.
De madrugada, llegaron miembros de la Federación con cantidades ingentes de chocolate caliente y galletas, un detalle muy de agradecer durante tan prolongada jornada. Las horas pasaban entre charlas, lances, reponer aparejos y no pocos enroques. Nuestro vecino, Joseba, cogió una anguila preciosa que, ya que no puntuaba, fue devuelta al agua con total garantía de supervivencia pues vino clavada de la boca, algo poco frecuente en un pez que engulle el cebo con rapidez. A ello contribuyó, sin duda, el generoso tamaño de un anzuelo destinado a la lubina.
Inmunes al desaliento, lo seguimos intentando al amanecer.
Nuestro vecino, Juan, pendiente de los puntales al paso del tremendo navío.
Joseba preparando exquisitos bocados para las lobas.
En el momento de tomar esta foto apenas quedaba ya una hora para el fin de la competición.
Hermosa, y por desgracia no puntuable, anguila capturada por Josu casi al fin de la prueba.
Amaneció, la noche había pasado en un suspiro, aún nos quedaban unas pocas horas y, a pesar de haber casi doscientas cañas, era tan poco el pescado conseguido y tan escasas las piezas dignas de mención, que cualquier captura podía inclinar la balanza. Faltando poco para acabar la prueba veo mi línea apuntando en contra de donde había lanzado, clavo y, sí, algo de cierto peso se debatía al otro lado del hilo. Por desgracia no tuve suficientes reflejos y la pieza se enrocó sin remedio. Ignoro lo que pudiera ser, sólo puedo decir que no tiraba como un sargo. Nuestro vecino, Juan, logro un doblete de anguila y lubina, escapando ésta última ya en superficie y, para finalizar, Josu sacó una anguila que sería la última pieza que veríamos antes de que una sonora bocina anunciase el fin del evento, lo cual sucedió a las 11 en punto del domingo tras quince magníficas horas de pesca.
¡Desastre! La caña de mi compañero sufrió un desafortunado percance.
Las dos piezas de mayor talla: una lubina y una dorada de algo menos de dos kilos cada una.
Todas las capturas, la mayor parte hechas en el sector uno, más cercano a la desembocadura.
Entrega de premios y sorteo: alguno perdió la caña que le había tocado por marcharse antes de tiempo.
El último lance que hiciéramos lo marcó la fatalidad, mi compañero trabó su anzuelo en un banco del paseo y, en el momento de realizar un enérgico lanzamiento, el carbono de su puntera se quebró sonoramente. Luego acudimos al reparto de galardones, donde otros viejos conocidos de esta página, el equipo de Top Pesca, obtuvieron un notable segundo puesto en un torneo marcado por la escasez de pescado. La primera pareja clasificada se llevó la nada desdeñable cifra de 2000 euros, además de sendos trofeos. Por último se sorteó numeroso material de pesca: estupendas cañas y carretes. Como conclusión, diré que premios y sorteos son secundarios, al menos desde mi punto de vista, pues la experiencia fue extraordinariamente grata a nivel personal y de disfrute de la pesca. Si nada lo impide, el año que viene volveremos.